A LA OPINIÓN PÚBLICA

ermturDesde la presentación pública de los Protocolos preparados por los Gobiernos de Armenia y Turquía para restablecer las relaciones entre ambos países, un profundo y necesario debate es sostenido tanto en la sociedad de la República de Armenia, como así también en cada una de las colectividades armenias diseminadas por el mundo.

Si bien el tema de las relaciones armenio-turcas siempre ha permanecido entre los que más preocuparon a los armenios y sus descendientes, durante los últimos años adquirió otra dimensión, concretamente desde que el año pasado por primera vez un Presidente turco pisara suelo del Estado armenio. La puesta en práctica de ciertas medidas como la participación de oficiales turcos en los ejercicios militares de la OTAN realizados en Armenia, la presencia de autoridades armenias en varios encuentros regionales realizados en Turquía, la confirmación del mantenimiento de reuniones diplomáticas secretas desde hace años, los encuentros deportivos, el intercambio de delegaciones artísticas-culturales-estudiantiles, los informes preparados por periodistas turcos sobre Armenia, la implementación de los viajes aéreos entre ambos países, han sido algunos de los varios indicios que se han sucedido a lo largo de estos años y que, en su momento, no merecieron más que el silencio (en algunos casos, hasta el acompañamiento) de la mayoría de quienes hoy alzan sus voces de protesta.

La Unión Cultural Armenia de la Argentina, creada a principios de 1920 por sobrevivientes del Genocidio de Armenios e integrada -con el paso de las generaciones- por hombres y mujeres con identidad de fuertes rasgos latinoamericanistas-argentinos-armenios, conciente de la trascendencia de la cuestión y de la necesidad de expresar nuestro punto de vista sobre este tema tan importante para los armenios y sus descendientes, declaramos:

-Fuimos, somos y seremos partidarios y militantes de la paz y la amistad entre pueblos y sus organizaciones jurídico-políticas, esto es, los Estados;

-Somos solidarios con todos quienes luchan para terminar con la explotación del hombre por el hombre y para construir sociedades donde la justicia, la igualdad de oportunidades y el bienestar sean patrimonio de todos.

-Combatiremos y enfrentaremos las consignas nacionalistas de corte chauvinistas y discriminatorias –semejantes al fascismo y al sionismo- que azuzan la enemistad entre los pueblos y pregonan la superioridad de ciertas naciones sobre otras. Nos consideramos integrantes de la Humanidad.

-Reafirmamos la veracidad del Genocidio planificado y perpetrado por las autoridades del Imperio Otomano contra nuestros antepasados, siendo nosotros mismos –y nuestros padres y abuelos- testimonio vivo de ese crimen de lesa humanidad, que no necesita de reconocimiento internacional ni de la de ningún mandatario para legitimarse ante la conciencia y los ojos de la opinión pública internacional.

-Nos reconocemos descendientes directos de las víctimas del genocidio (ya sea de quienes fueron masacrados, o de aquellos otros que lo sobrevivieron y sufrieron el destierro, la usurpación de sus territorios y sus bienes, la destrucción de su patrimonio histórico y cultural) y reafirmamos pertenencia recíproca con las tierras de nuestros antepasados;

-Saludamos fervientemente el inicio del juicio por el Derecho a la Verdad y al Duelo que las familias Hairabedian-Margossian llevan adelante en los Tribunales argentinos contra el Estado turco. Y nos hemos sumado al mismo como co-demandantes seguros de estar dando batalla no sólo a los herederos del Estado genocida de nuestros antepasados, sino a todos aquellos quienes no han dudado en repetir dicho crimen de lesa humanidad contra otros pueblos y a quienes aún sigan considerando esa metodología como su práctica política predilecta para la solución de conflictos, amparados en la impunidad que otorga la falta de castigo de hechos similares.

-No apoyamos ninguna relación impuesta, ya sea desde el interior de cada país –por sus gobiernos o clases dominantes- o desde las potencias imperiales, a quienes lo único que les interesa es la superexplotación de los pueblos y el saqueo de las riquezas naturales de los países periféricos, presentando sus intereses como si fueran los de toda la humanidad.

-Denunciamos, una vez más, el bloqueo al que está siendo sometido Armenia, desde hace casi dos décadas, por parte de Turquía y Azerbeidján y exigimos su inmediato levantamiento, sin condicionamientos de ninguna índole.

-El establecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados y de sinceros lazos de amistad entre los pueblos debe ser sobre la base del respeto mutuo, la verdad, la tolerancia a la diversidad y la mancomunión de intereses y objetivos.

-Reivindicamos una vez más los 70 años de la República Socialista Soviética de Armenia y su extraordinario crecimiento en el seno de aquel Estado multinacional, que además de afianzar las estructuras estatales y de posibilitar un avance inédito en todas las facetas que hacen a la identidad nacional, también aseguró su existencia en la arena internacional y garantizó la vida y el normal desarrollo de sus ciudadanos. Resaltamos que a lo largo de esas siete décadas se publicaron allí numerosos documentos y libros sobre investigaciones –traducidos a decenas de idiomas extranjeros- que han servido como pruebas decisivas a la hora de lograr el reconocimiento del genocidio de armenios por parte de varios Estados. También fue durante ese período cuando se construyó el Monumento de Dzidzernagapert, que inmortalizó la memoria de las víctimas del genocidio.

-Denunciamos la continuidad existente a lo largo de estos casi 20 años entre los gobiernos post-soviéticos que se sucedieron en la Madre Patria, que con sus mínimas diferencias, han conducido al país hasta la crítica situación actual. Durante estas dos décadas Armenia y su pueblo han sufrido el saqueo de sus bienes; el desguace de toda la infraestructura estatal y el apropiamiento de la misma por parte de un grupo de elite oligárquico; el fusilamiento en el recinto de sesiones de la Asamblea Nacional de las principales autoridades del país; la emigración de varios centenares de miles de ciudadanos; la destrucción de los sistemas públicos y gratuitos de educación y salud; la privatización de sus principales empresas; el cierre de centenares de centros culturales, bibliotecas, escuelas, jardines de infantes, fábricas y espacios públicos, que han contribuido –en conjunto- a la pauperización del nivel de vida de la mayoría de la población y a la inseguridad nacional.

-Convocamos a nuestra colectividad, a las distintas comunidades diasporeanas y al pueblo de la República de Armenia, a no desaprovechar esta oportunidad, profundizando el intercambio de ideas y el debate franco y honesto entre las distintas corrientes de opinión, que nos permita discutir sobre todas las cuestiones, sin que existan “verdades intocables” ni “cuestiones intratables”.

-Reafirmamos nuestra inquebrantable convicción de que, tal como sucedió hace 89 años, será nuevamente la construcción de la sociedad socialista en Armenia la única garantía real para la existencia física de su pueblo y para el desarrollo libre e independiente del país, en paz y fraternidad con todos los pueblos.

Buenos Aires, 25 de Septiembre de 2009
Comisión Central
Unión Cultural Armenia de la República Argentina

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