El valor de un intelectual armenio

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

De Ara Baliozian, he de reconocerlo, no sabía nada hasta ayer. Ahora leo que es uno de los escritores armenios actuales más destacados, y sin embargo la mayor parte de sus congéneres no conocen su obra. Que nació en Grecia, pero vive en Canadá. Y que, pese a su extensa obra y la excelente valoración internacional, no es del agrado de los líderes y dirigentes armenios por su forma de pensar y su visión crítica. Importantes medios de prensa armenios solían publicar sus artículos o reseñas, pero igualmente han decidido marginarle. Tras leer su entrevista ahora entiendo el porqué.

Baliozian no sólo preconiza el acercamiento entre armenios y ciudadanos de Turquía (“considero que podemos conseguir más de ellos como amigos que como enemigos”) sino que critica a los líderes de la diáspora por anteponer sus prioridades a las necesidades de Armenia, en una maniobra que sólo siembra división. Y lanza una propuesta que pondrá los pelos de punta a los nacionalistas de uno y otro bando: “si nos movemos en dirección hacia algún tipo de Unión o libre circulación en el marco de unos Estados Unidos de Oriente Medio o del Cáucaso, las fronteras de la Armenia histórica y Azerbaijan pueden convertirse en algo irrelevante”.

El autor lamenta los insultos de lectores “lavados de cerebro” y de no pocos autores, por no hacer uso de la “propaganda chauvinista” que defiende “cosas como la Batalla de Avarair (la cual muchos de nuestros propios historiadores niegan su existencia), la primera nación en convertirse al cristianismo (cuando la pregunta sería ¿hemos sido acaso buenos cristianos?), la primera nación víctima de un genocidio (¿por qué jactarse de eso?)”.

Recientemente Baliozian había escrito en su blog: “Creo que el genocidio fue resultado de dos equivocaciones colosales cometidas por nacionalistas fanáticos y tontos de ambos bandos. Es evidente que masacrar a civiles inocentes es un crimen más serio que la estupidez o la ignorancia. La ignorancia puede ser la más inocente de todas las infracciones pero en la vida es la más severamente castigada. Si hay leyes inquebrantables, seguramente ésta debe ser una de ellas. Y hablando de leyes inexorables, aquí va otra: si rechazas aprender de tus errores, estás condenado a repetirlos. ¿Qué hemos aprendido de nuestro genocidio? ¿Puedo decir además que estamos a merced de condiciones históricas inevitables o que escapan a nuestro control? El mismo error, la misma propaganda, la misma Gran Mentira fabricada y reutilizada por hombres que son demasiado perezosos o estúpidos para pensar por sí mismos”. En la entrevista matizó algunas de estas afirmaciones, aclarando que “nuestro gran error -o mejor dicho el error de nuestros revolucionarios- fue confiar en los acuerdos verbales con las grandes potencias. La idea de que su apoyo nos hacía invulnerables. En la diplomacia internacional los pactos verbales, incluso los tratados, no tienen valor si se carece de la capacidad para ponerlos en práctica. Nuestro segundo gran error es atribuir nuestras desgracias (éxodo de la patria y asimilación de la diáspora -también conocido como genocidio blanco-) a las condiciones sociales, políticas y culturales que escapan de nuestro control… es decir adoptar una postura pasiva, en lugar de asumir un rol activo para organizar e impulsar nuestra solidaridad, poniendo fin a los conflictos y las divisiones fratricidas”.

¿Por qué es tan difícil que los armenios mantengan un entendimiento al margen de juicios, enfrentamientos o sectarismos? Baliozian lo tiene claro: “Los que tienen lavado el cerebro tienden a ser dogmáticos, es decir, intolerantes. Y el intolerante no puede participar en un diálogo; prefiere los sermones y las peroratas”.

Parece que la “rotunda” oposición de la diáspora armenia a la firma de los protocolos Armenia-Turquía (Ver artículo de Baliozian) no es tan clara ni mucho menos tan razonable.

Anuncios