El ministro del Interior de Turquía y el líder del PKK lanzan mensajes paralelos

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

En los últimos días han salido a la luz pública una serie de declaraciones que han abierto la puerta a la esperanza de un final dialogado de la violencia en Turquía.

La pasada semana el líder del ilegal Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Murat Karayilan, se mostró partidario de un proceso de negociación con el Estado para lograr la paz. En una entrevista concedida al diario Milliyet aseguró que se debían silenciar las armas para dar inicio a unas conversaciones que llevaran al abandono definitivo de la violencia.

A cambio, el dirigente rebelde reclamó el reconocimiento de la identidad kurda y sus derechos culturales, para llegar a alcanzar un “Kurdistan autónomo democrático”, dentro de las fronteras del Estado turco pero con un mayor poder de las autoridades locales. También reclamó lo que definió como un “proyecto social de reconciliación”, y que podría ser interpretado como una amnistía.

Para alcanzar tales objetivos Karayilan propuso la realización de una conferencia, en la que de alguna manera estuviera representada sus propuestas, que debía llevarse a cabo en la isla-prisión de İmralı, lugar de cautiverio del fundador y líder del PKK Abdullah Öcalan. Pocos días después, el propio Presidente del país, Abdullah Gül, reconoció que “el mayor problema de Turquía es la cuestión kurda”, asegurando que el conflicto debía ser resuelto. Según el jefe del Estado, en estos momentos “pueden producirse buenos avances en relación al asunto kurdo” ya que los diferentes estamentos del país “hablan ahora entre ellos con más frecuencia y abiertamente”.

Como complemento a estas declaraciones, el Ministro del Interior, Beşir Atalay recordó a la prensa las declaraciones del Primer ministro, Recep Tayyip Erdoğan, realizadas en su primer viaje como jefe del gobierno a Diyarbakir en 2005. en aquella ocasión Erdoğan hizo suyo el problema kurdo y se comprometió en su solución.

Muchos analistas consideran que estas declaraciones gubernamentales suponen un cambio de actitud que conviene tener en cuenta. Esta predisposición podría verse acelerada tras la masacre de 44 personas ocurrida en una aldea del sureste del país. Un incidente que hunde sus raíces en la violencia que vive esa zona de población mayoritariamente kurda.

Según diversos medios de prensa locales Ankara estaría preparando un paquete de medidas sociales y culturales como forma de acercamiento hacia la resolución del conflicto y la desmovilización de los rebeldes. Por tal motivo el gobierno habría enviado un grupo de sociólogos y criminólogos a la zona con el fin de valorar sobre el terreno las medidas previstas, entre las que podrían incluirse cambios menores en la legislación que permitan una amnistía parcial.

Para el académico Mesut Yeğen, sociólogo de la Universidad Técnica de Medio Oriente (METU) de Ankara, la novedad reside en el paralelismo entre los mensajes del líder kurdo, Murat Karayilan, y el ministro Beşir Atalay.

En declaraciones a la agencia Bianet, este sociólogo expresó su convencimiento que este nuevo escenario significa que ya podrían haberse iniciado conversaciones indirectas entre ambas partes, recordando el discreto encuentro mantenido hace pocos días entre el Presidente de la República y el periodista que realizó la entrevista al guerrillero.

Actitud de la oposición

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la actitud de los principales partidos de la oposición, tradicionalmente reacios a cualquier tipo de acuerdo o negociación.

En la nueva coyuntura la principal fuerza política de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), consideró positivo el hecho de que no se cuestionara la integridad territorial del Estado por parte del PKK. Uno de los tabús intocables de la élite republicana con el ejército a la cabeza.

Por su parte, el líder del ultranacionalista MHP, Devlet Bahçeli afirmó el pasado martes en el Parlamento que si hasta el momento su partido aparecía como fuertemente opuesto al proceso se debía únicamente a que nadie les había explicado en qué iba a consistir éste. Una actitud más abierta podría conducir a una postura más conciliadora por su parte, aseguró.

También el líder del DTP, pro-kurdo, Ahmet Türk mostró todo su apoyo ante la “importantísima oportunidad” de solución y enfatizó la necesidad de continuar debatiendo sobre el mismo.

Pese a todo, Mesut Yeğen advirtió que el abandono de las armas por parte del PKK no solucionara por sí solo el problema kurdo. Aunque lo más importante, aseguró, es poder hablar sin la presión de las armas.

Por último, consideró que tanto la opinión pública como el alto mando militar están preparados para la nueva situación y destacó el hecho que el PKK pareciera estar dispuesto a un desarme cuya contrapartida sería una reforma política limitada.

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