Antonio Cuesta. Blog Altaïr

La antigua ciudad de Pérgamo (actual Bergama en Turquía) contaba, durante el periodo helenístico clásico, con una de las construcciones más originales de su tiempo: el Altar dedicado a Zeus. Este tipo de obras solían ser de pequeño tamaño y estaban situadas en el exterior de los templos consagrados a las divinidades. En el caso de Pérgamo, el altar no sólo era de mayores dimensiones de lo habitual, sino que era el edificio más grande e impresionante de toda la ciudad.

Construido en el siglo II a.C, la información más antigua de la que se dispone procede del “Libro de los hechos memorables” de Lucio Ampelli, un ciudadano romano que describió el altar 400 años después de su realización. Su emplazamiento al sur de la acrópolis de la ciudad es actualmente un lugar ocupado por un túmulo de tierra con restos de piedras y flanqueado por tres grandes pinos. La colosal construcción, que se alzaba sobre una escalinata, hace más de un siglo que se halla en Berlín.

Los restos fueron hallados en época moderna por el ingeniero alemán Carl Humann en 1871. Las excavaciones comenzaron en 1878 y duraron hasta 1886. La primera fase sólo ocupó veinticinco días y en la misma trabajaron veinte obreros, destinándose un presupuesto de tres mil marcos. El acuerdo con el estado otomano establecía que una tercera parte de las obras de arte halladas serían para sus descubridores y el resto para la corte del Sultán. Pero debido a la relación de dependencia con el Imperio alemán, el Consejo del gran Visir de Constantinopla asignó al gobierno alemán las dos terceras partes y, finalmente, renunció incluso al tercio restante a cambio del pago de veinte mil marcos y de una cantidad igual para las familias necesitadas de la región.

Al término de las excavaciones más de mil cajas fueron trasladadas hasta Berlín, habiéndose gastado un total de trescientos mil marcos procedentes del Ministerio de Cultura germano. La expedición de Humann sacó a la luz una colección de 132 paneles, 300 fragmentos, estatuas, inscripciones, bustos y otros materiales arquitectónicos. En 1930 se desmontó y se llevó al Museo de Pérgamo de Berlín, en el centro de la ciudad, un lugar que se ha dado en llamar de Isla de los Museos. Allí ha permanecido siempre, a excepción del periodo comprendido entre 1945 y 1959, cuando las tropas soviéticas lo desmantelaron y se lo llevaron como botín de guerra al Museo del Hermitage de Leningrado (hoy San Petersburgo).

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