Andrés Mourenza. Noticias desde Turquía

Sí, el partido islamista moderado del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, volvió a ganar unos comicios, por cuarta vez consecutiva desde su llegada al poder en el 2002. Pero fue una victoria agridulce, pues el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) no solo no superó la barrera del éxito de las legislativas del 2007 –casi el 47% de los votos–, sino que retrocedió hasta el 39%.

Los turcos estaban llamados ayer a renovar la Administración local y provincial de cabo a rabo. Los votantes se enfrentaban a cinco papeletas para designar a sus alcaldes de barrio, distrito y ciudad, así como las asambleas municipales y provinciales, que se eligen por separado. Y volvieron a otorgar su confianza, mayoritariamente, al AKP. La razón, para el experto en islamismo Rusen Çakir, es clara: “En Turquía no existe una oposición creíble”. El CHP, centroizquierda nacionalista), solo alcanzó el 20%, y el MHP, ultranacionalista), el 16%.

Sin embargo, al AKP le han pasado factura los casos de corrupción que han aireado los medios de comunicación opositores y el CHP, como el desvío de fondos de la organización caritativa Deniz Feneri. También las imágenes de miembros del partido de Erdogan regalando a familias pobres carbón, electrodomésticos e incluso muñecas de juguete a cambio de votos han redundado en el bajón, ya que Turquía es cada vez más un país donde el uso de las nuevas tecnologías está a la orden del día y estos comportamientos clientelares son difíciles de ocultar.

Estambul

Precisamente la lucha contra la corrupción fue el lema del candidato de centroizquierda a la alcaldía metropolitana de Estambul, el mayor ayuntamiento de Turquía, que maneja 5.000 millones de euros al año. Los resultados en la ciudad del Bósforo fueron, finalmente, favorables al AKP por 6 puntos de diferencia, aunque antes de conocerse los datos definitivos  los ordenadores de la comisión electoral sufrieron un inexplicable fallo y la oposición denunció “irregularidades” en el cómputo en varios distritos.

Además, el partido de Erdogan perdió dos importantes ciudades del sur: Antalya y Adana. En la capital, Ankara, mantuvo la alcaldía a pesar de perder casi el 20% de los votos.

Los resultados muestran que la principal sangría de votos del AKP ha sido el nacionalismo: su apoyo ha caído entre los kurdos, que consideran que el Gobierno se ha escorado hacia el nacionalismo turco, y también entre los turcos nacionalistas, que, al contrario, le acusan de haberse acercado demasiado a los kurdos. El llamado voto oculto del AKP, pues, parece no procede tanto de una Turquía religiosa como de esa mayoría social conservadora y nacionalista. De hecho, la pérdida de votos del AKP no benefició tanto a partidos más religiosos, sino a los ultranacionalistas del MHP.

Revés a las listas del primer ministro en la región kurda

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan ha fracasado en su intento de ganarse la simpatía de los kurdos. Los comicios en el sureste de Turquía, de mayoría kurda, se habían planteado como un referendo entre dos formas de ver la política: el AKP como partido capaz de dar buenos servicios a esta zona castigada por el olvido y la pobreza, frente a la visión identitaria de los nacionalistas kurdos del Partido de la Sociedad Democrática (DTP).

Los seguidores de Erdogan se las prometían felices tras los buenos resultados de las legislativas de 2007, en las que superaron en votos al DTP. Sin embargo, en los comicios de ayer no solo fueron incapaces de asaltar la alcaldía de Diyarbakir, bastión nacionalista kurdo, sino que perdieron otras ciudades kurdas que gobernaban desde el 2004. Entre las razones para que los kurdos hayan vuelto la espalda a Erdogan destacan, sin duda, sus coqueteos con el nacionalismo turco y la operación militar contra las bases del PKK en el norte de Irak.

Otra consecuencia de los resultados de ayer es que el DTP se ha convertido en “un partido regional”, como apunta la periodista Nuray Mert, no solo porque ha conseguido barrer toda oposición en el sureste kurdo, sino también porque ha perdido el favor de los kurdos que viven en las grandes ciudades del oeste de Turquía, adonde se vieron forzados a emigrar en los años 90.

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