Daniel Cardona. Diagonal

El Partido de la Sociedad Democrática, único representante de los kurdos en el Parlamento de Turquía, está en peligro de ilegalización acusado de “separatismo” y vínculos con la guerrilla kurda del PKK.

Con las elecciones de julio de 2007 se abrían nuevas esperanzas para el pueblo kurdo: después de 16 años, sus representantes volvían a entrar en el Parlamento de Ankara. El Partido de la Sociedad Democrática (DTP), heredero de los anteriores partidos kurdos clausurados, consiguió superar los obstáculos que impone el sistema electoral turco y obtenía 21 diputados. Pero a más de un año de las elecciones, en nada se ha avanzado: en noviembre de 2007, el Tribunal Supremo de Apelaciones presentó al Tribunal Constitucional una solicitud de cierre del partido alegando que es un peligro para la integridad de Turquía. Además, el Tribunal vincula al DTP con la guerrilla independentista y marxista del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistan) y lo acusa de seguir sus directrices y de no querer etiquetarlo como organización terrorista. Sin saberse aún cuándo se hará pública la resolución del caso, parece claro que el partido será ilegalizado, excluyéndose una vez más la posibilidad de que los kurdos tengan una voz propia en el Parlamento.

Las promesas hechas por el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), en el poder desde 2002, de buscar una solución política para el “problema kurdo” no se concretaron: la fuerza policial y los ataques militares, tanto en territorio turco como iraquí, han sido las únicas herramientas que se han utilizado para “solucionar” el problema. Las “mejoras democráticas” que Europa exige para la adhesión de Turquía a la UE se han limitado a medidas “de mínimos”, tal y como denuncian organizaciones de defensa de los derechos humanos. Además de legalizar la utilización del idioma kurdo, el Gobierno ha reformado el artículo 301 del Código Penal, que condenaba a tres años de cárcel por insultar públicamente la “turquinidad”: ahora la pena por insultar a la nación turca es de dos años. Mientras tanto, continúa la política de persecución y negación del pueblo kurdo: exhibir la bandera kurda es motivo suficiente para terminar en la cárcel; se cierran periódicos en kurdo; las denuncias por torturas y palizas a detenidos y presos son continuas, al tiempo que miles de páginas web son censuradas. A esta situación se le suma el alto nivel de pobreza, trabajo infantil y analfabetismo presente en el sudeste del país, causado sobre todo por la falta de inversiones del Gobierno central en la zona y los millones de desplazados por el Ejército en su lucha contra el PKK en los años ‘90.

Todos estos problemas políticos y sociales han llevado a una situación de violencia y tensión que se han traducido recientemente en movilizaciones en muchas localidades del kurdistán y en Estambul, con el resultado de cientos de heridos, detenidos y un manifestante muerto por los disparos de la Policía el pasado 20 de octubre en Dogubayazit. Además, las guerrillas del PKK, desde sus bases en la Región Autónoma Kurda del norte de Iraq, han intensificado los ataques contra el Ejército y la Policía.

Según denuncian diversas organizaciones kurdas, el Gobierno, el Ejército y el poder judicial alimentan día a día un nacionalismo turco exacerbado, incrementando el odio antikurdo y la mitificación del PKK como causante de todos los males del país (distribución de droga en las puertas de las escuelas, los incendios forestales del verano, ligándolos a la trama golpista ultranacionalista turca de Ergenekon…), lo que lleva al aumento de ataques racistas y enfrentamientos violentos entre miembros de ambas comunidades en poblaciones del oeste de Turquía y provoca que cada vez sean más los kurdos residentes en el oeste que tienen que volver a su tierra.


ENTREVISTA A ALI SIMSEK, ASESOR DEL PRESIDENTE DEL PARTIDO DE LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA (DTP)

“Quieren dejar fuera a la sociedad kurda”

A cuatro meses de las elecciones municipales continúa la incertidumbre sobre si el Partido de la Sociedad Democrática (DTP), acusado de tener relaciones con la guerrilla kurda del PKK, va a poder presentarse.

DIAGONAL: ¿Qué destacarías de la actualidad política?

ALI SIMSEK: Se está dando una situación de enfrentamiento entre turcos y kurdos, sobre todo en el oeste del país, en algunos casos con consecuencias muy graves. También se han dado casos de violencia contra miembros de nuestro partido y contra nuestras sedes. No se trata de hechos aislados, sino que son consecuencia de la estrategia del Gobierno, que provoca a ambas partes porque no quiere encontrar una solución al ‘problema kurdo’. La última provocación son las agresiones sufridas por Abdullah Ocalan en la cárcel de la isla de Imrali, donde cumple cadena perpetua totalmente aislado.

D.: Ahora el DTP está en un proceso de ilegalización…

A.S.: Quieren cerrar el DTP porque puede ser un puente entre el pueblo kurdo y el Gobierno turco para conseguir la paz y encontrar una salida al conflicto, y esto no interesa. Lo que realmente quiere el Gobierno es que la sociedad kurda quede fuera de la política, pero entonces empujan a los kurdos a luchar por otras vías. Ademas, al encontrarnos ante unas elecciones, es una forma de hacen propaganda y buscar que la gente tenga miedo. La ilegalización de partidos kurdos no es una cosa nueva, se ha ido repitiendo continuamente, y se ha ido cambiando el nombre del partido.

D.: Se acusa al DTP de “separatismo”, pero también de estar vinculado con el PKK.

A.S.: Nosotros no tenemos ninguna relación con el PKK. Somos partidos diferentes, aunque sí tenemos puntos en común en cuanto a los objetivos de nuestra lucha.

D.: ¿Cuál es la posición del actual partido en el Gobierno, el AKP, que también vivió un proceso de ilegalización?

A.S.: Cuando el AKP se encontraba dentro del proceso de ilegalización hablaba mucho sobre la libertad de partidos y hacía mucha propaganda sobre la libertad y la democracia, pero ahora que han superado el proceso se han olvidado de toda aquella retórica y están a favor de ilegalizar al DTP. En las últimas elecciones, Erdogan visitó la zona y habló del “problema kurdo” y prometió que si ganaba las elecciones buscaría una solución al conflicto. Era la primera vez en la historia que un primer ministro turco reconocía la existencia de un “problema kurdo”, por lo que mucha gente, esperanzada, le dio su confianza. Una vez en el Gobierno, no ha hecho nada al respecto. Han engañado a la gente, por lo que estamos convencidos de que muchos ya no les votarán.

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