EFE

En declaraciones al canal Star, el ex policía Ayhan Çarkin dijo que “podría haber matado a unas 1.000 personas en nombre del Estado” durante los años 90 y añadió que la “banda Ergenekon”, que ahora se enfrenta al dictamen de los tribunales, estaba ligada a esos crímenes.

“La foto de Ergenekon es desagradable pero no está completa. Debe ampliarse. Debería haber más políticos en ella. Les juro que el proceso contra Ergenekon es correcto”, dijo Çarkin, cuyas palabras se convirtieron el miércoles en grandes titulares.

El esperado juicio contra Ergenekon comenzó el lunes en la prisión de Silivri (Estambul) pero no pudo continuar a causa de la caos que en que se transformaron las pequeñas salas de juicios, por lo que hoy el ministro de Justicia, Mehmet Ali Sahin, ofreció el polideportivo de la prisión.

Los imputados en el proceso (generales de alto rango, políticos ultranacionalistas, profesores, periodistas y mafiosos) están acusados de formar una red terrorista que, a través de atentados y asesinatos, intentaba crear el ambiente propicio para justificar la irrupción de una junta militar.

Ese nuevo orden militar tendría como prioridad “proteger la integridad territorial y el carácter laico del Estado” de actores políticos como los kurdos o el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).

Mucha gente en Turquía piensa que con este juicio se ha conseguido dar con un coletazo de la conocida como “Operación Gladio” y que ésta será una gran oportunidad para la democratización del país.

El Gladio turco

La “Operación Gladio” se remonta a los años cincuenta del pasado siglo, cuando se puso en marcha a propuesta de EEUU y la OTAN, y consistía en el mantenimiento de células derechistas que fuesen capaces de actuar en caso de una invasión del Pacto de Varsovia.

El grupo fue disuelto en los años noventa en varios países miembros de la OTAN, pero no en Turquía, y se considera que pudo facilitar o amparar el terrorismo político y las “tramas negras”.

Sin embargo, otros observadores creen que este juicio es sólo un acto de venganza iniciado por el partido gobernante contra aquellos que promovieron su ilegalización y critican que el dossier de la acusación incluye conversaciones telefónicas de personas no procesadas, lo que supone una violación de derechos humanos.

Enis Berberoglu, un periodista del diario ‘Hürriyet’ cuyo nombre aparece en el dossier Ergenekon aunque no como imputado, dijo a la cadena NTV que “cuando este tipo de juicios cae en manos de los políticos se convierten en operaciones de eliminación de los adversarios”.

Berberoglu, conocido por sus investigaciones sobre el escándalo Susurluk y el denominado ‘Estado profundo’, se quejó de que el ex policía Ayhan Çarkin no sea juzgado: “No puedo entender como un hombre que confiesa haber matado a 1.000 personas puede andar suelto”.

Susurluk fue un escándalo político en el que se descubrieron las relaciones entre el gobierno, las fuerzas armadas y el crimen organizado tras el accidente en 1996 de un coche en el que viajaban un parlamentario de origen kurdo, encargado de la guerra sucia contra el grupo armado PKK, un líder ultranacionalista reconvertido en mafioso y un ex jefe de la policía de Estambul.

El ex policía Çarkin fue juzgado en el proceso de Susurluk, pero la pena de muerte que se le impuso fue conmutada por tan sólo tres años y medio de cárcel.

En sus confesiones publicadas hoy en la prensa turca, Çarkin relató que al inicio del proceso “unos jueces justos” demandaron su condena a muerte pero alguien intervino a lo largo del juicio, los jueces fueron sustituidos y las penas reducidas.

El ex policía justificó sus acciones diciendo que recibía órdenes de arriba y que él creía que era parte de la política de Estado.

“Teníamos que luchar contra el terrorismo. Teníamos que eliminar a aquellos que cooperan con el terror. ¿Cómo lo habrías hecho tú? No se pueden conseguir resultados con la ley, hay cosas que las leyes no pueden hacer. ¿Entiendes lo que quiero decir?”, explicó.

Çarkin era especialmente famoso por sus operaciones ‘antiterroristas’ contra kurdos o miembros de la izquierda: asesinatos limpios y rápidos, cometidos en 5 minutos.

“Siempre se encontraban entre 7 y 18 balas en el cuerpo de la víctima y una pistola junto al muerto para dar la impresión de que había mantenido un tiroteo con la policía”, informó el miércoles el diario ‘Sabah’.

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