Antonio Cuesta. Estambul

Hace unos días, el 10º Alto Tribunal Penal de Estambul dictaminó una multa de 50 mil euros contra el periodista Sebati Karakurt del diario Hurriyet (uno de los de mayor tirada de Turquía) y los encargados Hasan Kiliç y Necdet Tatlican por publicar hace cuatro años una entrevista a militantes de ilegal Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

En la sentencia de la condena la justicia interpretó que el artículo titulado “El conocimiento de las mujeres en Kandil sobrepasa el espíritu kurdo” era una “publicación de comentarios de la organización terrorista” y “hacía el trabajo de propaganda para el PKK”.

Después de la entrevista, el 10 de octubre de 2004, la policía asaltó la vivienda de Karakurt, le presionó para que les diera las imágenes y, finalmente, le detuvieron. En aquella ocasión muchas organizaciones de prensa, entre ellas la Asociación Turca de Periodistas (TGC) y el Consejo de la Prensa, reaccionaron contra ese tratamiento.

Demasiado para la Justicia turca

Pero el problema de la entrevista es que mostraba la vida cotidiana de los guerrilleros del PKK refugiados en las montañas de Kandil (en el norte de Iraq o Kurdistán sur), y el cambio de sus valores. Algo que no se ajustaba al modelo de propaganda que tienen acordado el Estado y la mayor parte de los medios de información, sobre todo las televisiones.

En el reportaje, los militantes kurdos veían la televisión, jugaban al fútbol o conversaban, mostrando también las relaciones entre los hombres y las mujeres del PKK. Uno de ellos llegó a decir “que no queremos un estado independiente de Turquía”.

Para la abogada de los periodistas, Nurcan Çaliskan, la entrevista había sacado a la luz facetas desconocidas dentro de la organización del PKK. El texto era un reportaje informativo y por ello le protege la libertad de prensa, aseguró la letrada.

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