Andrés Mourenza. EFE

La Unión Europea tiene la posibilidad de afianzar sus intereses estratégicos en el Cáucaso ya que, tras el papel jugado en la guerra entre Rusia y Georgia del pasado agosto, ha demostrado ser un factor de estabilización regional. Esta fue la conclusión del representante especial de la UE para el Cáucaso, Peter Semneby, tras la jornada “Leer el conflicto ruso-georgiano: repensar la política europea regional” organizado esta semana por el Instituto Francés de Estudios Anatolios (IFEA) en Estambul.

“Hay que pensar que el Cáucaso es una región vecina de la UE pues tras la ampliación de 2004 nos hemos convertido en un estado ribereño del Mar Negro, por lo que estamos interesados en su estabilidad”, explicó Semneby en declaraciones a EFE.

“El Cáucaso es un vecindario compartido por la UE y Rusia y su situación es también relevante para nuestras relaciones con Moscú. Además, la importancia del Cáucaso como suministrador de energía a Europa está creciendo. Así que la Unión Europea se concentrará cada vez más en el Cáucaso”, añadió.

Para Semneby, el hecho de que la UE “tomase la iniciativa” en la resolución del conflicto del pasado agosto entre Rusia y Georgia y el reciente despliegue de una misión de observadores, demuestran que el Club de los Veintisiete “tiene un compromiso con la región” y “es capaz de estabilizar el Cáucaso”. A nadie se le escapa que uno de los principales temores de los líderes europeos durante la guerra ruso-georgiana era que afectase a los oleoductos y gasoductos que transportan energía del Mar Caspio hacia Europa a través de Georgia y que son clave para la supervivencia de proyectos paneuropeos como el gasoducto Nabucco, que unirá Turquía y el centro de Europa.

Según señaló Semneby a EFE, las líneas energéticas que discurren por Georgia “no resultaron dañadas” por lo que “se seguirá trabajando con esos proyectos”, aunque no descartó la utilización de nuevas rutas energéticas a través de otros países caucásicos. “Este tipo de crisis demuestran que es necesario trabajar la seguridad energética y conseguir diversificar las rutas y los proveedores”, opinó Semneby.

A medida que transcurre el tiempo, se van aclarando los interrogantes que rodeaban la intervención del ejército georgiano en la región independentista de Osetia del Sur durante la noche del 7 al 8 de agosto y la posterior confrontación entre Rusia y Georgia, que los expertos reunidos en Estambul definen como “una guerra anunciada”. “El conflicto entre Rusia y Georgia no comenzó en agosto, ni ha terminado aún”, afirmó Thornike Gordadze, responsable del Observatorio del Cáucaso del IFEA en Baku (Azerbaiyán).

El analista de seguridad y columnista del diario opositor ruso ‘Novaya Gazeta’ Pavel Felgenhauer explicó que el ejército ruso había comenzado a preparar detalladamente la intervención en Georgia meses antes del verano ya que el “Estado Mayor de Rusia odia las improvisaciones desde el desastre de la Primera Guerra de Chechenia”.

De este modo, se convocaron las maniobras militares del ejército ruso en el Cáucaso Norte para el pasado julio, de manera que los soldados estuviesen en disposición de ser transportados rápidamente a la parte meridional de la región en caso de conflicto. Por su parte, los georgianos también se estaban preparando para la guerra ya que el presidente Mijeil Saakashvili “quería internacionalizar el conflicto para demostrar que Rusia es parte del problema (que afecta a las regiones irredentistas georgianas de Osetia del Sur y Abjasia)”, según Gordadze.

Además, de acuerdo a los datos de Jean Radvanyi, director del Centro Franco-Ruso de Ciencias Sociales y Humanas de Moscú, “Georgia fue intoxicada por las recomendaciones de diversos consejeros de la Secretaría de Estado de EEUU y representantes de grupos de intereses occidentales” y citó como ejemplo la holgada presencia de personajes relacionados con el magnate George Soros o la empresa militar Blackwater.

Según la versión del profesor ruso Boris Sokolov, el gobierno de Tbilisi decidió provocar la guerra con Rusia atacando Osetia del Sur porque temía una invasión a través de Abjasia -mucho mejor comunicada con la capital georgiana- para forzar la dimisión de Saakashvili. “De esta manera, Rusia sólo consiguió alcanzar Gori (ciudad cercana a Tbilisi) en los últimos días de la guerra, cuando la opinión internacional ya estaba en contra. La idea de Rusia era atacar después de los Juegos Olímpicos, pero Georgia se adelantó (intervino el día de la inauguración) para internacionalizar el conflicto”, añadió Sokolov.

El día 1 de octubre, la UE desplegó una misión de 200 observadores en Georgia y sus regiones irredentistas para verificar el cumplimiento del acuerdo entre las partes enfrentadas patrocinado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Así que, según los expertos, ha llegado la hora de que la Unión Europea aproveche para afianzar su papel en el Cáucaso, donde los Estados Unidos “han quedado desacreditados”, según dijo a EFE Jean Radvanyi.

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