Andrés Mourenza. El Periódico

Entrevista al director del Museo del Genocidio Armenio en Ereván

Hayk Demoyan
Edad: 33 años
Lugar de nacimiento: Gyumri (Armenia)
Formación: Investigador e historiador

Al inicio de la primera guerra mundial, el ministro del Interior del Imperio otomano, Talat Pasha, decidió deportar a 900.000 armenios a los desiertos de Siria bajo la acusación de colaborar con la enemiga Rusia. Cientos de miles de personas murieron de hambre y asesinadas por soldados turcos en lo que se conoce como el Genocidio Armenio, algo que niega Turquía. Casi un siglo después, los hechos siguen despertando polémica.

–¿Por qué exigen que Turquía reconozca las matanzas de 1915 como un genocidio?
–Porque es parte de nuestra memoria y nuestro sufrimiento común, y todo aquel que olvida la memoria está condenado a repetir su historia. En el siglo XXI, los seres humanos aún nos matamos unos a otros porque un grupo es diferente de nosotros. Lo que perseguimos aquí es la prevención de futuros genocidios.

–¿Qué piden a Turquía?
–Yo no quiero nada de Turquía. Solo que las nuevas generaciones de turcos respeten su propia historia. Que la conozcan al completo y sin distorsiones. Los turcos también son víctimas de algún modo, víctimas de la negación de su historia.

–La versión turca de los hechos de 1915 es que fue una acción contra los armenios que ayudaban al Imperio ruso y que también ellos mataron a cientos de miles de turcos.
–¿Cómo podría una población a la que se le negó el derecho a poseer armas matar a una comunidad dominante? Algunos turcos fueron asesinados, sí, pero por armenios que perdieron a sus familiares y que se alistaron en el Ejército ruso por venganza. No digo que sea defendible, pero sí que se puede entender.

–Ustedes dicen que murieron 1.500.000 armenios, y los turcos, que fueron 300.000. Los historiadores independientes sitúan la cifra entre 600.000 y 800.000 muertos.
–No puede saberse el número exacto de víctimas en las guerras. Pero hay que preguntarse por qué no quedan armenios en el este de Anatolia.

–Al final de la guerra, el Gobierno turco republicano y el del sultán se ofrecieron a juzgar a los responsables de las matanzas. Pero las potencias se opusieron. ¿Qué pasó?
–Hubo un intento de juicio en una corte otomana, pero los grandes poderes, que temían la influencia de la Rusia bolchevique en el nuevo Gobierno republicano de Atatürk, dejaron de interesarse por estos juicios y organizaron la escapada de los detenidos. Aunque las sentencias de muerte que se pedían nunca llegaron a aplicarse, hubo grupos especiales de armenios que capturaron a los responsables y autores del genocidio en diferentes sitios y los mataron.

–¿Cuál fue el papel de Atatürk?
–No estaba directamente implicado en el genocidio porque era dirigía al Ejército de los Balcanes (y Siria), pero era uno de los líderes del partido de los Jóvenes Turcos al que pertenecían los organizadores de las deportaciones. Según documentos que estoy traduciendo, Atatürk salvó a toda una caravana armenia de ser deportada al desierto de Siria y les envió de vuelta a casa. Probablemente, gracias a esta orden cientos de armenios se salvaron de la muerte. Pero este es un hecho de la historia que los turcos desconocen.

–Hace unos años Turquía propuso que una comisión mixta investigase este tema, pero el Gobierno armenio se negó. ¿Por qué?
–No la rechazamos, pero queremos que se enmarque en un esfuerzo superior por mantener un diálogo más amplio con Turquía. Somos vecinos y tenemos que hablar de nuestros problemas. Por eso creo que la visita del presidente turco, Abdulá Gül, a Armenia ha sido un paso positivo. Estoy a favor de sentarme con nuestros colegas historiadores turcos y tomarme un café turco con ellos si hace falta.

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