El siguiente artículo es un interesante análisis para entender lo que se ha estado cociendo en el Cáucaso, cómo Rusia y Turquía han pactado tácitamente el control de la región y su estabilidad y cómo la política de Georgia ha provocado finalmente la práctica exclusión de EEUU de la zona. Su autor es M K Bhadrakumar, un ex diplomático indio que sirvió en las embajadas de su país en la Unión Soviética y Turquía, entre otros destinos, y su texto, muy detallado, clarifica la situación mucho que más que otras informaciones interesadas publicadas en Europa o Estados Unidos.

M K Bhadrakumar. Asia Times

En medio del aluvión de actividad diplomática en Moscú de la semana pasada en relación al Cáucaso, el ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, sacó tiempo para una misión excepcionalmente importante en Turquía que podría demostrar un momento crucial en la seguridad y estabilidad de la vasta región compartida históricamente por ambos poderes.

Es más, la diplomacia rusa se está moviendo rápidamente incluso cuando las tropas rusas han empezado a volver a sus cuarteles desde Georgia. Moscú está tejiendo una complicada nueva red de alianzas regionales que se involucra profundamente en la memoria histórica colectiva rusa como potencia en el Cáucaso y en el Mar Negro.

El poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht se habría maravillado de la agenda de Lavrov, fuertemente marcada con “Círculos de tiza caucasiana” durante toda la semana pasada, con tramas y sub-tramas entrelazadas: una reunión extraordinaria del Consejo Europeo en Bruselas, una reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO, por sus siglas en inglés) en Moscú, tres homólogos extranjeros a los que recibir en Moscú (Karl de Gucht de Bélgica, Franco Frattini de Italia y Elmar Mamedyarov de Azerbayán), visitas de los presidentes de las recién independientes repúblicas de Osetia del Sur y Abjasia, y consultas con el representante especial de la Secretaría General de Naciones Unidas para Georgia, Johan Verbeke.

Sin embargo, Moscú señaló que las consultas con Turquía eran más importante. Lavrov renunció sumariamente a todas las citas en casa y se apresuró a ir a Estambul el martes [2 de septiembre] en visita de trabajo con el objetivo esencial lograr una conversación confidencial de unas horas con su homólogo, Ali Babacan. La misión de Lavrov puso de relieve el perspicaz sentido ruso de sus prioridades en la actual crisis regional en el Cáucaso y Mar Negro.

Rivales históricos se convierten en aliados

Es casi inevitable que haya una gran mordacidad histórica cuando Rusia y Turquía hablan del Mar Negro. Durante el asedio de un año a la base naval fortificada de Sevastopol en 1854-55 por los británicos y franceses la rusa zarista se dio cuenta de uno o dos verdades internas. Una, de que el papel de Turquía podía ser crítico para la seguridad de su flota del Mar Negro y, dos, que sin su flota del Mar Negro, no sería factible que Rusia penetrara en el Mediterráneo. Más importante, Rusia aprendió que se puede perder el terreno original de una guerra pero los protagonistas pueden continuar con hostilidades.

Cuando llegó finalmente la paz con el Congreso de París en 1856 las cláusulas del Mar Negro resultaron tremendamente desventajosas para Rusia, tanto que ese mismo año el Zar conspiró con el alemán Otto von Bismarck, denunció el acuerdo y siguió adelante con el restablecimiento de una flota en el Mar Negro.

El momento elegido para las consultas de Lavrov en Turquía resulta interesante. Daba la casualidad de que el vice-presidente estadounidense, Dick Cheney, estaba en la zona visitando Ukrania, Azerbayán y Georgia, y fomentando la animadversión hacia Rusia. Turquía no entraba en su itinerario. Moscú valoró hábilmente la necesidad de dinamismo político en relación a Turquía.

Moscú ha tomado nota cuidadosamente de que a diferencia de la OTAN y de la Unión Europea, la reacción de Turquía ante el conflicto en el Cáucaso ha sido manifiestamente tenue. Ankara expresó brevemente su preocupación por los acontecimientos, pero casi en términos meramente formales sin tomar partido. Por otra parte, Turquía es un país miembro de la OTAN y aspira a entrar en la Unión Europea. Fue un estrecho aliado de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Turquía será el claro beneficiario como centro energético si se materializa cualquiera de los grandiosos planes occidentales de circunvalar el territorio ruso y acceder a la energía del Caspio. Es el centro de almacenaje y distribución del oleoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan.

Por otro lado, Rusia está preparada para ser el principal socio comercial de Turquía, con un comercio anual que ya asciende casi a los 40.000 millones de dólares. El comercio invisible también es importante con dos millones y medio de turistas rusos que visitan Turquía cada año y con compañías turcas ampliamente implicadas en el sector de servicios ruso. Y Rusia abastece el 70% de las necesidades de gas natural de Turquía.

Así pues, ingeniosamente a Turquía se le ha ocurrido la idea de un “Pacto de Cooperación y Estabilidad en el Cáucaso” cuya principal virtud sería, por citar al comentarista turco Semih Idiz, “proporcionar a Turquía la opción de permanecer relativamente neutral en esta disputa, aun cuando esto no satisfaga a todo el mundo en Washington”. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, visitó Moscú el 12 de agosto para hablar con el Kremlin de la propuesta. Idiz añade: “Dicho de otra manera, Ankara no está en una posición de tomar postura en esta disputa en un momento en que está en perspectiva una nueva “línea divisoria entre oriente y occidente”, aun cuando sea miembro de la OTAN”.

Es sabido que Moscú odia las intrusiones en su “esfera de influencia” en el Cáucaso por parte de potencias exteriores. Sin embargo, en el caso actual el Kremlin dio rápidamente la bienvenida a la propuesta turca y accedió a mantener consultas para construir un diálogo bilateral y multilateral sobre todos los aspectos del problema del Cáucaso. El enfoque ruso es pragmático.

En primer lugar, era imprescindible comprometer a Turquía, una importante potencia regional, que ayudaba a mitigar el aislamiento regional de Rusia en la crisis. En segundo lugar, convenía involucrar a Turquía del lado ruso ya que no forma parte de la iniciativa de paz de la UE.

La influencia turca en el sur del Cáucaso es innegable. El volumen de negocios anual de Turquía con Georgia asciende a mil millones de dólares, un volumen considerable según el criterio de Georgia. Las inversiones turcas en Georgia superan los 500 millones de dólares. Turquía también suministró armas y proporcionó adiestramiento militar al ejército georgiano. Tradicionalmente las relaciones de Turquía con Azerbayán también ha sido estrechas.

Así pues, Moscú adoptó la perspectiva de que la propuesta turca podría proporcionar las bases para trabajar mecanismos para limitar el conflicto potencial de la región, y aumentar la estabilidad de la zona y actuar como contrapeso de los molestos pasos de occidente dirigidos contra los intereses rusos.

Lavrov dijo a Babacan que aunque “ en este punto es necesario crear las condiciones apropiadas” para la iniciativa de paz de Ankara, “incluyendo la eliminación de las consecuencias de la agresión contra Osetia del Sur, estamos absolutamente de acuerdo con nuestro socios turcos en que ahora se pueden y se deben sentar las bases para esta interacción”.

En el centro de las ideas rusas está la preferencia por un enfoque regional que excluya a las potencias exteriores. Lavrov era claro a este respecto. Señaló: “Para nosotros el principal valor de la iniciativa turca es que es de sentido común y asume que los países de cualquier región y, en primer lugar, los países que pertenecen a esta región deberían decidir por sí mismos como llevar sus asuntos en ella. Y los demás deberían ayudar, pero no dictar sus recetas”.

Lavrov estaba insinuando su desagrado en relación al papel estadounidense. Continuó: “Por supuesto, esto será un esquema abierto, pero la iniciativa corresponderá a los países de la zona. Esto es aproximadamente lo mismo que la ASEAN [Association of Southeast Asian Nations, Asociación de Naciones del Sudeste Asiático] que tiene muchos socios[10], pero sus miembros definen la agenda de trabajo para la región y la vida de la región”.

El enfoque ruso es dar la bienvenida a una “entente cordial” con Turquía en la región del Mar Negro, que frustra los intentos estadounidenses de aislar a Rusia en su patio trasero tradicional. Durante la visita de Lavrov a Estambul ambas partes estuvieron de acuerdo en la “necesidad de hacer más uso de los mecanismos de los que ya disponemos (la Black Sea Economic Cooperation Organization [Organización de Cooperación Económica del Mar Negro, con base en Estambul] y la Blackseafor [fuerza regional naval]) y desarrollar la idea turca de una armonía en el Mar Negro, que tiene un carácter cada vez más multilateral y practico”.

Curiosamente, en la conferencia de prensa en Estambul al lado de Babacan, Lavrov hizo una elipsis descomunal en su hilo de pensamiento al relacionar los intereses compartidos rusos y turcos en emprender iniciativas conjuntas con otras dos cuestiones regionales, Iraq e Irán. Afirmó: “Esencialmente desde las mismas posturas, abogamos también por que se emprendan los pasos necesarios para resolver definitivamente la situación en Iraq sobre la base de la integridad territorial y soberanía de este Estado. También son similares nuestros enfoques en relación a la necesidad de un acuerdo político pacífico respecto a la situación en torno al programa nuclear iraquí”.

Hay que analizar detenidamente el verdadero alcance de las declaraciones de Lavrov. Tiene profundas ramificaciones. Se puede entender en el telón de fondo de las ideas estadounidenses en el pasado de utilizar la costa este del Mar Negro como escala para sus operaciones militares en

Iraq y un potencial ataque a Irán, que Ankara rechazó con firmeza para gran alivio de Moscú. Basta con decir que estuvo brillante al lanzar la idea de relacionar Iraq e Irán con el marco regional ruso-turco en relación a la cooperación y seguridad.

La cuestión de los estrechos

Pero en términos inmediatos Moscú tiene los ojos puestos en la presión militar estadounidense en el Mar Negro. En la raíz de la situación actual está la denominada “cuestión de los estrechos”. Brevemente, a Moscú le gustaría que Ankara siguiera resistiendo a los intentos estadounidenses de revisar la Convención de Montreux de1936, que confiere a manos turcas el control de los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos. Estados Unidos no participó en la Convención de 1936 que restringe severamente el paso de barcos de guerra por los dos estrechos turcos al Mar Negro y prácticamente garantiza el Mar Negro como un parque infantil turco-ruso.

La Convención de Montreux es crítica para la seguridad rusa (durante la Segunda Guerra Mundial, Turquía negó a las potencias de Eje el permiso para enviar barcos de guerra al Mar Negro para atacar a la tropa naval soviética basada en Sebastopol).

En el escenario posterior a la Guerra Fría, Washington ha estado aumentando la presión sobre Turquía de manera que renegocie la Convención de Montreux para convertir progresivamente el Mar Negro en un dominio exclusivo de la OTAN. Turquía, Rumanía y Bulgaria son países de la OTAN; Estados Unidos tiene bases en Rumanía; Estados Unidos espera reclutar a Ukraina y Georgia para la OTAN. Por consiguiente, la resistencia Turca a los ruegos estadounidenses en relación a renegociar la Convención de Montreux cobra una importancia enorme para Moscú (durante el actual conflicto del Cáucaso Estados Unidos pretendía enviar al Mar Negro dos enormes barcos de guerra de 140.000 toneladas cada uno de ellos, con el claro objetivo de proporcionar “ayuda” a Georgia, pero Ankara negó el permiso alegando que este paso por el Bósforo violaba las provisiones de la Convención de Montreux).

Moscú agradece el matiz en la política turca. En realidad, Moscú y Ankara comparten el interés de mantener el Mar Negro como su dominio exclusivo conjunto. En segundo lugar, con toda razón Ankara es consciente de que cualquier paso hacia reabrir la Convención de Montreux (que Kemal Ataturk negoció por Turquía con gran habilidad, sabiduría política y previsión en unas condiciones muy adversas) abriría la caja de Pandora. Muy bien podría convertirse en un paso hacia la reapertura del Tratado de Lausanne de1923, la piedra angular sobre la que se erigió el Estado turco moderno sobre los restos del Imperio Otomano.

El destacado analista político turco Tahya Akyol describía muy bien el paradigma en un artículo del periódico liberal Milliyet: “La geografía de Anatolia requería dar prioridad a mirar hacia el oeste durante las eras bizantina y otomana, sin ignorar nunca el Cáucaso y Oriente Próximo. Por supuesto, los matices cambian dependiendo de los acontecimientos y de los problemas. Una Turquía dirigida hacia el oeste no debería ignorar nunca Rusia, el Mar Negro, el Cáucaso, Oriente Próximo o el Mediterráneo. La sinfonía de matices cambiantes y complicados depende de la habilidad de nuestra política exterior y de las dimensiones de nuestro poder. No existe una política infalible, pero Turquía ha evitado cometer graves errores de política exterior. Sus principios básicos son sólidos”.

Moscú tiene un profundo conocimiento del pragmatismo por excelencia de la política exterior “Kemalista” turca (Ataturk tendió la mano a los bolcheviques a principios de los años veinte). Lavrov deslizó con delicadeza las páginas de la historia contemporánea. En Estambul afirmó que la Rusia post-soviética no sentiría ningún “factor constriñente” en el hecho de que Turquía fuera miembro de la OTAN mientras ambas potencias permanecieran “verdaderamente sinceras, verdaderamente se tuvieran confianza y verdaderamente se tuvieran respeto mutuo”. ¿Qué quería decir?

Desde la perspectiva rusa lo que importa es que Turquía no utilice el hecho de ser miembro de la OTAN en detrimento de los intereses de Rusia, aun cuando cumpla legítimamente con sus obligaciones y compromisos con la alianza. En otras palabras, Lavrov recordó que Turquía no debía olvidar sus “otros compromisos y obligaciones internacionales” como “el marco de los tratados internacionales que gobiernan en régimen existente en el Mar Negro, por ejemplo”.

A Lavrov le tranquilizó que “Turquía nunca sitúa sus compromisos con la OTAN por encima de sus otras obligaciones internacionales, sino que siempre sigue estrictamente el conjunto de todas aquellas obligaciones que tiene. Este es un rasgo muy importante que no es característico de muchos países. Nosotros lo apreciamos y nos esforzamos por mejorar nuestras relaciones de la misma manera”. Para asegurase, dejó tras de sí mucho sobre lo que reflexionar para sus huéspedes turcos.

El tablero de ajedrez del Cáucaso

Mientras tanto, por usar la metáfora de Akyol, efectivamente ha empezado una nueva “sinfonía” en el Mar Negro y en el sur del Cáucaso. A los observadores internacionales, que reducen la discordia actual a la del apoyo de Rusia al principio de autodeterminación, los árboles no les dejan ver el bosque.

Después de evaluar la capacidad real de la OTAN de emprender una guerra contra Rusia en el Mar Negro (un experto militar ruso valoró que Moscú necesitaría veinte minutos para hundir la flota de la OTAN) Rusia ha anunciado su intención de desplegar tropas regulares en los recién independientes Estados de Osetia del Sur y Abjazia según los tratados de “amistad, cooperación y ayuda mutua” que Rusia firmó con ellos en Moscú el martes pasado [2 de septiembre]. El ministro de Defensa, Anatoly Serdyukov, afirmó que en Osetia del Sur y Abjazia se desplegaría, en cada una de ellas, un contingente superior a una brigada.

En términos prácticos Rusia ha reforzado su presencia en la zona del Mar Negro. El pasado martes Lavrov explicó en Moscú que “Rusia, Osetia del Sur y Abjazia tomarán todas las medidas conjuntas posibles para eliminar y evitar amenazas a la paz o intentos de destruirla, y para contrarrestar actos de agresión contra ellos por parte de cualquier país o de cualquier grupo de países”. Afirmó que Moscú esperaba que en lo sucesivo cualquier discusión en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre cuestiones de seguridad regional carecieran de “sentido” sin representantes de Osetia del Sur y Abjazia, una condición previa que con toda seguridad Washington rechazará.

Del mismo modo, por todo el Cáucaso se oye otra sinfonía ruso-turca. El pasado sábado [6 de septiembre] el presidente turco, Abdullah Gul, voló a Yerevan, rompiendo así hielo existente desde hace un siglo en las relaciones entre Turquía y de Armenia. Moscú fomenta este deshielo. Yerevan espera beneficiarse de la concordia regional entre Rusia y Turquía para normalizar las relaciones con Ankara y volver a abrir la frontera armenio-turca tras un periodo de casi un siglo. Se espera que el presidente armenio, Serge Sarkisian, visite Turquía el 14 de octubre. Los discretos canales que durante meses han estado trabajando discretamente en Suiza han sido elevados al nivel formal. Sigue habiendo un escollo, especialmente en relación al complicado problema de Nagorno-Karabakh. Una vez más, Washington se podría alarmar y empezar a tirar de las cuerdas entre la diáspora armenia en Estados Unidos, y viceversa.

En todo caso, Gul visitó Baku, Azerbayán, el miércoles [10 de septiembre] para dar instrucciones a los dirigentes azeríes. En el mismo contexto, el ministro de Asuntos Exteriores azerí, Elmar Mamedyarov, visitó Moscú el fin de semana pasado tras una conversación telefónica entre el presidente ruso, Dmitry Medvedev, y su homólogo azerí, Ilkham Aliyev. Medvedev invitó a Aliyev a visitar Moscú. El presidente armenio Sarkisian visitó recientemente Moscú.

El periódico ruso Kommersant citó una fuente del Kremlin para informar de que Moscú podría organizar una cumbre armenia-azerí. En ese caso, al trabajar conjuntamente Rusia y Turquía efectivamente están pasando por encima de Europa y de Estados Unidos. Hasta la fecha, el denominado grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa ha estado dirigiendo proceso de paz de Nagorno-Karabakh (curiosamente, Rusia es miembro del grupo de Minsk, mientras que Turquía sigue estando excluida).

Baku desaira a Cheney

Citando Kommersant, “Moscú y Ankara están consolidando sus posturas en el Cáucaso, con lo que debilitan así la influencia de Washington aquí”. Las señales ya están ahí. Cuando el miércoles pasado Cheney visitó Baku en una misión cuyo claro objetivo era aislar a Rusia en la zona se encontró con unas cuantas sorpresas desagradables.

Los azeríes cambiaron su tradicional hospitalidad hacia los dirigentes estadounidenses que les visitan ofreciendo a Cheney una recepción de bajo nivel en el aeropuerto. Además, lo tuvieron plantado todo un día hasta que finalmente lo recibió Aliyev. Y ello a pesar de lo que Cheney siempre pensó que había una química especial entre él y el dirigente azeri que databa de sus días en Halliburton (Aliyev dirigía la petrolífera estatal SOCRAM.)

Cheney acabó por emplear todo un día en visitar la embajada estadounidense en Baku y en conversar con ejecutivos del petróleo estadounidenses que trabajan en Azerbayán. Cuando finalmente Aliyev lo recibió al final de la tarde, Cheney descubrió para su turbación que Azerbayán no estaba de humor para confabularse contra Rusia.

Cheney transmitió la solemne promesa de la administración de George W Bush de apoyar a los aliados de Estados Unidos en la zona contra el “ revanchismo” ruso. Expuso la determinación de Washington en la situación actual de castigar a Rusia a cualquier precio impulsando el proyecto de gaseoducto Nabucco. Pero Aliyev dejó claro que no quería ser arrastrado a una disputa con Moscú. Cheney estaba profundamente disgustado y lo mostró declinando asistir al banquete de Estado azeri en su honor. Poco después de su conversación con Cheney, Aliyev habló con Medvedev por teléfono.

La postura azerí demuestra que, contrariamente a la propaganda mediática estadounidense, la firme postura rusa en el Cáucaso ha aumentado su prestigio y su posición en el espacio post-soviético. En su reunión de Moscú el 5 de septiembre la CSTO respaldó enérgicamente la postura rusa en el conflicto con Georgia. El 1 y 2 de septiembre el primer ministro ruso, Vladimir Putin, emprendió una vista muy significativa a Tashkent con el objetivo de impulsar el entendimiento ruso-uzbeko acerca de la seguridad regional. Rusia y Uzbekistán han establecido una mayor cooperación en el campo de la energía, incluyendo la expansión del sistema de gaseoductos de la era soviética.

Kazajastán, que apoyó abiertamente a Rusia en la crisis del Cáucaso, está mejorando sus compañías petrolíferas adquiriendo activos en Europa junto con la rusa Gazprom. Todo indica que Tajikistán ha accedido a una expansión de la presencia militar en Tajikistán, incluyendo el asentamiento de sus bombarderos estratégicos. Es más, la aprobación por parte de la CSTO del reciente paquete de propuestas rusas sobre el desarrollo de un tratado europeo (post-OTAN) sobre seguridad es un valioso logro diplomático de Moscú en este momento.

Pero en términos tangibles lo que más satisface a Moscú es que Azerbayán ha reaccionado a las tensiones del Cáucaso y al cierre temporal del oleoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan enviando sus exportaciones a Europa vía el oleoducto Baku-Novorossiysk de la era soviética. A Cheney no se le ha debido de pasar por alto la dramática ironía de que de la noche a la mañana Baku pase del oleoducto patrocinado por Estados Unidos que evita Rusia a uno de la era soviética atraviesa el centro de Rusia.

Más preocupante para Washington es la propuesta rusa puesta sobre la mesa de Aliyev ofreciendo a Moscú preparse para comprar todo el gas de Azerbayán a precio del mercado mundial, una oferta que las compañías petrolíferas occidentales posiblemente no puedan igualar. Es una oferta que Baku considerará seriamente dado el telón de fondo del nuevo escenario regional.

El fracaso total de la misión de Cheney en Baku podría parecer que supuesto para Washington la muy desagradable sorpresa de comprobar que Moscú ha desactivado, efectivamente, la diplomacia de cañón de Bush en el Mar Negro. Como afirmaba gravemente el diario New York Times el martes, “Tras un considerable debate interno, la administración Bush ha decidido no emprender una acción punitiva directa [contra Rusia] … concluyendo que tiene poca fuerza si actúa unilateralmente y que sería mejor presionar para lograr un consenso crítico internacional dirigido desde Europa”.

El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, explicó al diario que Washington prefiere un enfoque estratégico a largo plazo “[y] no uno en que actuemos de forma reactiva de manera que tenga consecuencias negativas”. Añadió cautelosamente: “Si reaccionamos demasiado precipitadamente, puede que seamos nosotros quienes quedemos aislados”. El propio Cheney ha atenuado su retórica inicial de castigar severamente a Rusia. Ahora cree que debe permanecer abierta la puerta para mejorar las relaciones con Rusia y que relanzar las futuras relaciones con Estados Unidos es una elección que deben hacer los dirigentes de Moscú.

Pero parece que Turquía ha hecho su elección. Por la velocidad a la que Erdogan invocó la idea un Pacto de Estabilidad en el Cáucaso, parece que Turquía ya estaba preparada para ello desde hacía tiempo. No es tan fácil como parece utilizar siempre los factores de geografía e historia para una obtener una ventaja geopolítica. Además, como sugiere su engañoso nombre, el Mar Negro es ahora un irisado mar azul lleno de delfines jugetones, pero los piratas y los marineros quedaron cautivados por su negra apariencia cuando el cielo se cernía sobre ellos cargado de nubes de tormenta.

El embajador M K Bhadrakumar era diplomático de carrera del ministerio de Asuntos Exteriores indio. Estuvo destinado en la Unión Soviética, Corea de Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía.

Enlace con el original: http://www.atimes.com/atimes/Central_Asia/JI12Ag02.html

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

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