Andrés Mourenza (El Periódico)

AGATA SKOWRONEKLa comunidad aleví, con 20 millones de fieles en Turquía, profesa un chiismo heterodoxo

El olor a leña y el humo blancuzco de las chimeneas envuelve las humildes casas del barrio de Piyale Pasa, dándole un aspecto pueblerino. Las hoces y los martillos pintados en las verjas de los comercios junto a las iniciales de diversos grupos armados ultraizquierdistas y el tráfico son lo único que le recuerdan a uno que está en medio de Estambul. Se trata de un barrio con gran número de población aleví, una amplia minoría religiosa musulmana de unos 20 millones de personas en toda Turquía.

Al hablar de los alevís, varias palabras acuden a la cabeza: heterodoxia chií, laicismo, izquierda…. Existe abundante literatura sobre esta comunidad religiosa pero pocos consiguen ponerse de acuerdo acerca de lo que realmente son. De hecho, los sunís más ortodoxos ni siquiera los consideran musulmanes pues, según dicen, siguen las reglas coránicas “como les viene en gana”.

En realidad los alevís son un grupo musulmán heterodoxo de influencia chií y, como tales, siguen las enseñanzas de Alí, el yerno de Mahoma. Pero además mezclan en sus creencias numerosos ritos preislámicos de carácter chamánico ya que su cultura se remonta al momento en que los nómadas turcomanos de Anatolia Central se convirtieron al islam entorno a los siglos XIV y XVI. Era una época convulsa: agitadores chiís procedentes de Persia se infiltraban entre la población, derviches kalender recorrían los polvorientos caminos de Anatolia sirviéndose del hachís para encontrar a Dios, campesinos oprimidos promovían levantamientos, y personajes como el jeque Bedredin abogaban por el panteísmo y la organización comunista de la sociedad. De ahí, la extraña mezcolanza de creencias que configuran el alevismo. Por eso, estudiosos como Umar Ö. Oflaz consideran que la verdadera cultura turca es la que han conservado los alevís a lo largo de los siglos.

Clases gratuitas de inglés

Entre los alevís hay muchos que beben vino y no ayunan en Ramadán, sino en el mes islámico de Muharrem. “El alevismo es muy libre, si vas a un pueblo aleví rezan de una forma, si vas a otro, lo hacen de forma distinta. No es como en el islam suní, en el que hay reglas; en el alevismo no hay controles”,cemevi, cuyo nombre significa literalmente casa de reunión, y es que son mucho más que lugares de adoración, pues en ellos se desarrolla la vida comunitaria de los alevís. De hecho en el cemevi explica Ismail. Los alevís no asisten normalmente a los rezos en las mezquitas, pues tienen sus propios templos, los de Piyale Pasha no solo se reza sino que también se dan clases gratuitas de inglés o informática y, durante las ceremonias de los jueves, se ofrece una cena comunitaria.

El cem, la ceremonia ritual de los alevís, es muy diferente del tradicional rezo musulmán suní, empezando por que las mujeres y los hombres comparten el mismo espacio y, entre ellas, algunas se cubren el cabello con un simple pañuelo y otras oran con la cabeza descubierta. “Para nosotros hombres y mujeres son iguales”, afirma Necati Burut.

La ceremonia, en la que participan niños y ancianos, es dirigida por el dede (abuelo) –una persona considerada descendiente del linaje de Alí y Mahoma– y en ella se escenifica la ofrenda de presentes como alfombras, escobas o aguamaniles, una muestra de la pervivencia de la cultura rural.

Otro elemento importante del ritual es el acompañamiento de la música del laúd y el baile, tradición de los pastores nómadas ejecutada en honor a uno de los santos alevíes: Pir Sultan Abdal, que se dedicaba a componer canciones contra el Gobierno otomano.

El aleví nace aleví y se forma dentro de su comunidad. La causa de este hermetismo de los alevís bien podría estar en las persecuciones a las que fueron sometidos desde los tiempos del Imperio otomano, cuando el sultán Selim el Cruel intentó imponer la fe suní a la fuerza en toda Anatolia. Es por eso que la mayoría de los pueblos alevís se hallan en las montañas desde hace siglos, pues allá huyeron para escapar de la espada del sultán.

Curiosa trinidad

Por la misma razón, los alevís acogieron con entusiasmo la República laica en 1923. El despacho de Kazim Sizer, dirigente de una fundación aleví, está presidido por una curiosa trinidad: los retratos de Alí, yerno de Mahoma, Bektas Veli, santo reverenciado por los alevís, y Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna. “Compartimos con la República los valores del laicismo, la democracia y la igualdad entre sexos”, explica Sizer y subraya la eterna petición de su comunidad: que se retire la asignatura obligatoria de religión de las escuelas turcas.

“Seamos uno, seamos fuertes, vivamos”, es una de las máximas de Bektas Veli que decoran los cemevi. Por su carácter tolerante, solidario y comunal, no es de extrañar que los alevís tomasen partido durante muchos años por los movimientos marxistas, lo que hizo de ellos objetivos de nacionalistas (años 70) e islamistas (masacre de Sivas en 1993). “Los alevís siempre hemos sido revolucionarios –relata con un guiño Turan Kaya– desde que nos levantamos contra el sultán Selim hasta ahora”.

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