Andrés Mourenza. Estambul (Noticias desde Turquía)

“El Estado es el asesino y pagará por ello” fue el eslogan más coreado por las 10.000 personas que se congregaron en Estambul para exigir justicia en el primer aniversario del homicidio del periodista turco de etnia armenia Hrant Dink. En el mismo lugar donde fue asesinado, el exterior de las oficinas del semanario turco-armenio Agos, los gritos de rabia de los manifestantes se mezclaron con las lágrimas de emoción que arrancó el discurso de la viuda, Rakel Dink.

“Estamos sobre la acera en la que intentaron borrar su sangre con agua y jabón. ¿Pero se puede limpiar de esa manera?”, se preguntó la viuda con voz temblorosa. “Nos han hecho hermanarnos con el dolor. Por desgracia, hoy la convivencia necesita valor. Pero, en realidad, para vivir hace falta coraje, para la esperanza hace falta coraje, para la justicia hace falta coraje”, proclamó.

Los asistentes llevaban pancartas negras en las que se leía: “Por Hrant, por la justicia”. Y es que, a pesar de que el proceso judicial sigue en marcha con una veintena de imputados, entre ellos el autor confeso de los disparos, el joven Ogun Samast, los turcos exigen una investigación más a fondo que lleve al banquillo a los últimos responsables del crimen.

Los abogados de la acusación particular piden la imputación del personal de la policía y la gendarmería que estaban al tanto de las actividades del grupo ultranacionalista que planeó con meses de antelación el asesinato, así como de los responsables políticos que no atendieron a las llamadas de protección del antiguo director de Agos. “¿Por qué el juez no ha solicitado que se investiguen las grabaciones de los interrogatorios? En este juicio hay situaciones estúpidas”, se quejó Aris Nalci, editor de Agos, en declaraciones a El Periódico. “No pedimos venganza. Hemos perdido a alguien y el juicio no nos lo va a devolver. Si hay que solucionar el asesinato de Hrant es por el bien de Turquía, no por el de la familia Dink”, añadió.

El lema

“Todos somos Hrant. Todos somos armenios”, se ha convertido en un lema contra el nacionalismo que ha vuelto a resurgir con fuerza en los últimos meses. Pero aunque exista cierto miedo en la comunidad armenia por los ataques nacionalistas, Nalci asegura que Turquía es su casa: “Los armenios queremos quedarnos y que nuestros hijos crezcan aquí. Ahora la comunidad armenia actúa más que hace unos años y los jóvenes armenios han comenzado a pensar que deben actuar y hacerse más visibles”.

Uno de los pilares en esa lucha contra el nacionalismo imperante es el diario Agos, a pesar de que sus periodistas se sientan huérfanos sin el exdirector Dink. “Hay un antes y un después de la muerte de Dink. Ya no somos el periódico de la comunidad armenia, ni de las minorías en el sentido étnico o religioso –a pesar de que hemos empezado a publicar noticias sobre las minorías griega, asiria o judía–, sino que somos el periódico de los que piensan en minoría”. A Agos van a parar los artículos que normalmente otros periódicos temen publicar, según explica Nalci. Porque, como recordó Rakel Dink, hace falta coraje para conseguir la convivencia.

Artículo polémico

Por escribir sobre el genocidio armenio, Hrant Dink fue condenado en base al artículo 301, que castiga “el insulto a la identidad turca”. Un año después, el semanario Agos se enfrenta a nuevos juicios. Según las oenegés, este artículo convierte a intelectuales y periodistas en víctimas de la ira nacionalista. “Seguimos recibiendo amenazas por correo electrónico y teléfono”, se lamenta el editor de Agos, Aris Nalci.

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