Agencia Efe

Hoy se cumple un año que Hrant Dink, intelectual y periodista turco de etnia armenia, fue asesinado por la espalda en Estambul cuando volvía a las oficinas del semanario Agos, que el mismo dirigía.

El autor confeso del disparo que acabó con la vida de Dink fue Ogun Samast, un joven ultranacionalista procedente de la ciudad norteña de Trebisonda y que fue detenido un día después del crimen.

Pero poco a poco nuevos nombres aparecieron en la trama, entre ellos los de Yasin Hayal, un joven con contactos en partidos ultranacionalistas, y Erhan Tüncel, informador de la policía.

Todo indica a que los responsables de la Dirección de Seguridad de Estambul desatendieron las llamadas de protección de Hrant Dink e hicieron caso omiso de las informaciones que apuntaban a la comisión del asesinato.

A pesar de que ya se han producido dos sesiones del juicio, los abogados de la familia, los amigos y los colegas de Dink reclaman que más personas se sienten en el banquillo de los acusados porque sigue habiendo puntos oscuros en la investigación.

Fethiye Cetin y Arzu Becerik, dos de los abogados de la familia Dink, han pedido al fiscal la imputación del jefe de la Dirección de Seguridad de Estambul, Celalettin Cerrah, y de Ali Oz, coronel de la Gendarmería de Trebisonda.

Según los abogados, el coronel Ali Oz no envió a la Fiscalía los documentos sobre el asesinato que le facilitaron los informadores de este cuerpo policial.

También se ha descubierto que la Dirección de Seguridad de Trebisonda envió varios informes a la de Estambul informando de la posibilidad de que Dink fuese asesinado, pero la policía de Estambul no tuvo en cuenta estas advertencias.

Incluso se informó a la policía de Estambul antes del asesinato de Dink sobre la dirección de una panadería en la que podía estar escondido Ogun Samast, pero el policía que investigó el lugar dijo que esa panadería no existía, a pesar de que, tras el crimen, los investigadores sí la encontraron.

Si algo ha cambiado el asesinato de Hrant Dink es que despertó en ciertos sectores de la población turca la conciencia sobre los peligros del nacionalismo.

Este movimiento fue muy potente en los días siguientes al asesinato, cuando cientos de miles de ciudadanos de todas las etnias de Turquía recorrieron las calles del país gritando ‘¡Todos somos Hrant Dink!¡Todos somos armenios!’, algo que enfureció a los sectores más duros del nacionalismo turco.

Sin embargo, las sucesivas crisis políticas, primero y después el aumento de los atentados de los guerrilleros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) provocaron un rebrote del nacionalismo turco.

Ante estos hechos, intelectuales y asociaciones de izquierda instituyeron la plataforma ‘Dur De!’ (¡Di Basta!) para luchar contra el nacionalismo y el racismo.

En Turquía, un país donde conviven diversas etnias y religiones, viven entre 40.000 y 50.000 turcos de etnia armenia, además de varias decenas de miles de inmigrantes procedentes de la paupérrima República de Armenia.

‘Aún tiene sentido decir ‘Todos somos armenios”, fue la conclusión de uno de los recientes actos de la plataforma ‘Dur De!’.

‘Creo que poder decir ‘Todos somos armenios’ y extender esta conciencia es muy importante para la apertura democrática’, afirmó el periodista y activista Erdogan Aydin.

‘Aquellos que no son capaces de decir que todos somos ‘el otro’, las sociedades que no son capaces de mostrar esta empatía, no tienen la posibilidad de incrementar sus estándares de libertad y derechos’, agregó Aydin.

En vida, Hrant Dink se esforzó por intentar mejorar la convivencia entre turcos y armenios y sus declaraciones a menudo levantaron la ira de los nacionalistas turcos y de la diáspora armenia.

Aunque Dink se enfrentó a la justicia turca por haber afirmado que las matanzas de armenios a manos del Imperio Otomano en 1915 constituyeron un genocidio, el periodista no apoyaba que terceros países aprobasen resoluciones condenatorias o que, como sucede en Francia o Suiza, se castigue la negación del llamado genocidio armenio.

Dink pensaba que estas interferencias perjudican a los armenios y apostó por el establecimiento de buenas relaciones entre Turquía y Armenia, dos países sin contacto diplomático desde 1993.

Un año después del asesinato de Dink, no sólo la comunidad armenia de Turquía, sino también muchos turcos se sienten huérfanos.

Por ello, hoy se revivió su recuerdo en el mismo lugar que fue asesinado en Estambul, así como en Ankara, delante de las oficinas del diario BirGün, en el que también escribía, y en diversos lugares de otras provincias de Turquía.

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