Antonio Cuesta. Estambul

Turquía da un paso importante en su camino hacia Europa

Turquía y Grecia inauguraron ayer el tramo inicial del que será el primer gasoducto que lleve desde Asia central y el Mar Caspio gas natural a Europa, atravesando Turquía, sorteando de este modo la fuerte dependencia que tiene el continente de las fuentes energéticas rusas.

La ceremonia tuvo lugar en el punto fronterizo de Ipsala, una zona fuertemente militarizada por parte de ambas naciones, y tras un apretón de manos en medio del puente sobre el río Evros -límite fronterizo-, el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, declaró que la obra será una fuente de desarrollo económico para toda la región y coloca a Turquía es el centro del nudo energético.

Aunque por el momento el tramo inaugurado, de 300 kilómetros, sólo abastecerá a Grecia, se espera que antes de 2011 esté conectado con otras redes europeas, lo que permitirá transportar el gas desde Azerbayán hasta Italia.

Con este avance Turquía ha dado un importante paso en sus ambiciones de ingreso en la Unión Europea, afianzando su apuesta de actor estratégico como “puente energético” entre los yacimientos asiáticos y los mercados europeos. En ese sentido se expresó el ministro de energía turco, Hilmi Güler cuando afirmó que éste “no es sólo un proyecto energético, también es uno de paz, que reforzará el papel de líder de Turquía”.

No obstante, el mérito no pertenece en exclusiva a Turquía, pues la Unión Europea (UE) ha financiado la mitad del presupuesto de la infraestructura en territorio griego y hará lo propio con el resto de los ramales de distribución previstos para otros Estados. Y no hay que olvidarse de los Estados Unidos.

Tensiones con el Imperio en materia energética

En el acto de inauguración también estaba presente el secretario estadounidense de Energía, Samuel Bodman, quien calificó la obra como “el primer enlace entre Azerbaiyán y sus consumidores europeos. Es un nuevo puente importante entre el este y occidente con beneficios para todos y una nueva forma de hacer negocios en Asia Central”.

Para el dirigente norteamericano ayer fue “un gran día para esta parte del mundo”. Fue su forma de recordar que, a partir de ahora, EEUU podrá reforzar su presión sobre las exportaciones de gas y petróleo rusos hacia Europa.

En efecto, el pasado 22 de marzo Washington firmó un acuerdo con Azerbayán por el que, bajo la justificación de un diálogo sobre la seguridad energética de la región, se persigue el objetivo de obstaculizar las exportaciones de hidrocarburos tanto de Rusia como de Irán. Y ello sirvió para que inmediatamente comenzaran las presiones sobre Turquía para intentar poner fin al suministro de sus dos principales proveedores.

Sin embargo, la actitud de Ankara es la de buscar una mayor independencia de los EEUU, como lo demuestra su reciente enfrentamiento a propósito de los rebeldes kurdos establecidos en el norte de Iraq, y aunque por el momento Turquía ha proporcionado una ruta a los suministros azeríes, en el futuro ese mismo gasoducto también servirá para la exportación de gas iraní.

El negocio energético es muy importante para que el pragmático gobierno turco, hasta ahora aliado incondicional del Imperio, deje pasar esta oportunidad y sobre todo por el destacado papel que puede llegar a desempeñar de cara a la UE y a sus aspiraciones europeistas.

Algo ha cambiado desde ayer. Grecia y Turquía, eternamente enfrentadas y al tiempo aliadas en la OTAN, han comenzando a mirarse desde otra perspectiva. El primer ministro griego, Costas Karamanlis, aseguró que el nuevo proyecto “traerá ventajas significativas para Turquía y Grecia. Demuestra que podemos vivir en armonía” y afirmó que en adelante apoyarán con fuerza el camino de Turquía hacia Europa. Por su parte, Erdogan habló de ampliar los acuerdos entre empresas energéticas de ambos países.

Según el analista griego Constantinos Filis, citado hoy por el diario Turkish Daily News, “muchas de las tensiones entre ambos estados serán aliviadas por los mutuos intereses económicos” que el nuevo proyecto esboza. Y recordó que los 11.500 millones de metros cúbicos de gas previstos en el acuerdo, son sin duda demasiados para la producción y los compromisos de Azerbayán. Lo que deja la puerta abierta para otros suministradores de la región, como es el caso de Irán.

Según la Oficina de Estadística de la UE (EUROSTAT), Rusia proporciona un 25% del gas natural y un tercio del petróleo que consume Europa.

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