Antonio Cuesta. Estambul

Estambul se despertó hoy tomada por miles de policías y un extraordinario dispositivo de seguridad como anticipo de la que será la jornada más importante en la visita del Papa Benedicto XVI a Turquía.

Durante el día de hoy está previsto que el Pontífice se reúna con el Patriarca de la iglesia ortodoxa, Bartolomeo I, realice una visita al Museo de Santa Sofía y a la Mezquita de Sultanahmet, y visite la Catedral Armenia Apostólica, donde se reunirá con su Patriarca Mesrob II.

Pero en la calle la situación es caótica, importantes avenidas están cortadas al tráfico rodado y en el resto los atascos son monumentales.

Santa Sofía está cerrada al turismo desde hace unos días y el acceso a la zona histórica está restringido.

Las restricciones en la circulación de los vehículos impuestas desde ayer por la tarde han causado el enfado y la desesperación entre los ciudadanos, que tuvieron que recorrer a pie largas distancias al no existir transporte público.

Incluso el tráfico marítimo en el Cuerno de Oro, fundamental para la comunicación entre la parte histórica y la europea de la ciudad, se encuentra hoy suspendido.

Miles de personas caminan por los interminables puentes que comunican las dos orillas del Cuerno de Oro, acarreando sus mochilas, sus maletines y sus hijos. «Tengo que volver a mi casa, que está en la otra zona de la ciudad y no sé cómo hacerlo. Es una vergüenza. Espero que el Papa se vaya ya porque esto es insoportable», explicaba Ahmed, un muchacho trajeado, obligado a regresar a casa a pie.

«No puedo trabajar. He perdido un día entero. Estoy muy enfadado», comentaba Mustafá, un taxista atrapado en el tráfico infernal de la zona turística de la ciudad.

En las vías principales hay un policía cada 20 metros, y en las azoteas de muchísimos edificios se observa la presencia de uniformados con rifles de largo alcance.

Numerosos helicópteros sobrevuelan la ciudad a baja altura.

De la vía pública fueron retirados ayer vehículos estacionados e, incluso, contenedores de basura.

Mucha gente se pregunta qué hace Benedicto XVI en Turquía, donde únicamente un 0,2% de la población es cristiana, y qué coste tendrá para sus bolsillos todo el operativo desplegado.

Aquí no hay ni siquiera curiosos que esperen ver pasar a la comitiva papal compuesta por medio centenar de vehículos.

Incluso los organizadores del acto de protesta del pasado domingo, el islamista Partido de la Felicidad, aseguraron que no harán nada más mientras dure la visita, para no aparecer como enemigos de los cristianos, aseguró Mustafá Kaya, alto responsable del partido.

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