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“Como denunció Hrant Dink el discurso de la diáspora sobre el genocidio armenio es una ‘cuestión nacional’ usado para aumentar su influencia política en los estados de acogida”

Nuevo giro en las relaciones Armenia-Turquía. Entrevista con el periodista Antonio Cuesta

Salvador López Arnal. Rebelión

“El discurso de la diáspora no sólo bloquea el diálogo entre Turquía y Armenia, sino que además perjudica la integración de la minoría armenia en la sociedad turca”.

El pasado sábado Turquía y Armenia dieron un paso histórico dirigido a resolver su enfrentamiento de décadas al suscribir acuerdos que permitirán el establecimiento de relaciones diplomáticas, la apertura de la frontera común y el estudio del denominado “genocidio armenio”. Antonio Cuesta es corresponsal de Prensa Latina en Turquía y persona altamente interesada en temas de historia y periodismo. Lleva colaborando con Rebelión.org desde hace casi una década y con Prensa Latina desde 2004, primero en Túnez y luego desde Estambul. Es, por otra parte, autor de los libros “Negociación política en Euskal Herria: El camino hacia la paz” (Hiru) y Guatemala, la utopía de la justicia” (Libros Libres, Rebelión).

Se habla en ocasiones de lo sucedido en Turquía a principios de siglo contra la minoría cristiana armenia como del primer genocidio del siglo XX. ¿Puedes explicar sucintamente qué pasó?

Lo ocurrido en Turquía, sobre todo a partir de abril de 1915, fue un vasto programa de limpieza étnica dirigido principalmente contra la minoría cristiana armenia, organizado y ejecutado por miembros del Comité de Unión y Progreso (CUP), que era el partido gobernante, y utilizando para ello unidades irregulares y grupos paramilitares. Como consecuencia, y pese a que las cifras nunca podrán ser conocidas con exactitud, entre 700 y 900 mil personas murieron a causa de las matanzas, y también debido a las durísimas condiciones en que fueron deportadas al desierto de Siria, las enfermedades y el hambre.

Hablas del partido gobernante en el Imperio otomano, ¿no? ¿Quiénes formaban el CUP? ¿Qué ideología tenía esa organización?

El CUP como organización política procedía del movimiento denominado los “Jóvenes Turcos”, y se nutrió de numerosos oficiales del ejército. Esta corriente fue la más influyente en el Imperio otomano en los inicios del siglo XX y se basaba fundamentalmente en el pensamiento positivista de Comte. Su ideología pretendía al tiempo la modernización de las estructuras del Estado y el mantenimiento de la figura del Sultán así como de ciertas tradiciones musulmanas propiamente turcas. Y todo ello bajo el título de monarquía constitucional, en un intento de imitar el modelo de democracia liberal-burguesa pujante en esos años en Europa. Fueron los creadores del nacionalismo turco, que hasta ese momento no existía.

¿Y quiénes formaron parte de esos grupos paramilitares de los que hablabas?

Al inicio de la 1ª Guerra Mundial, en el verano de 1914, se creó la denominada Organización Especial, integrada por unidades de paramilitares. Este cuerpo de voluntarios pasó a depender del Comité Central del CUP y estaba integrado fundamentalmente por tribus kurdas, prisioneros convictos, e inmigrantes del Cáucaso y los Balcanes. Los responsables provinciales del CUP también formaron en diferentes regiones del país nuevos escuadrones.

¿Cuáles fueron las causas de aquella matanza, de aquella “limpieza étnica”?

El CUP ya llevaba tiempo alentando la hostilidad hacia las minorías no musulmanas como plan de homogeneización social. Pensaban que deshaciéndose de ellas frenarían el deterioro y la descomposición de un Imperio en decadencia. Lo que ocurrió fue que en medio de una brutal ofensiva de las tropas aliadas tanto por el oeste, en los Dardanelos, como por el este, en el frente ruso, algunos dirigentes del CUP vieron la oportunidad de llevar adelante la “solución final” contra la población armenia.

Pero también hay que tener en cuenta que los armenios eran una minoría poderosa e influyente, y que en muchos casos los perpetradores del genocidio aprovecharon la ocasión para expoliar y hacerse con un patrimonio económico de valor incalculable. James Petras nos recuerda que “la desintegración de los imperios provoca holocaustos”, y el caso armenio es un ejemplo cierto en donde al tratar de acabar con un grupo importante en lo económico se llevaron a cabo masacres a gran escala.

¿Y por qué, según parece, el Estado turco no acaba de reconocer lo sucedido?

Bueno, eso no es del todo cierto. En un primer momento, tras la derrota y la firma del armisticio de Mudros (30 de octubre de 1918), el nuevo gobierno otomano estableció una comisión de investigación e inició una serie de juicios contra los responsables del genocidio. También el gobierno nacionalista (rebelde) de Ankara, dirigido por Mustafa Kemal, mostró su disposición de castigar a los criminales. Ambas administraciones admitieron que se habían cometido “crímenes contra la humanidad”, y criticaron las masacres llevadas a cabo durante la 1ª Guerra Mundial. Incluso entendieron que los juicios eran política y socialmente necesarios.

Ahora bien, las potencias aliadas decidieron -a través del Tratado de Sèvres- que el castigo contra “los turcos” sería la desmembración del espacio otomano y la balcanización del territorio mediante unidades étnicamente homogéneas. Existen numerosos documentos y testimonios de los vencedores en los que se califica al “pueblo turco” como culpable de los asesinatos. Los aliados nunca quisieron juzgar a los responsables, de hecho muchos de ellos fueron retenidos en la entonces británica isla de Malta y, posteriormente, permitidos que escaparan pese a que en tres ocasiones los gobiernos de Estambul y Ankara pidieron formalmente su extradición.

La victoria de las tropas nacionalistas de Mustafa Kemal “Atatürk” en la guerra de liberación puso punto y final a cualquier tipo de arreglo con justicia para las víctimas. Desde ese momento, desde la fundación de la moderna República de Turquía, se extendió un manto de olvido y se promovió la ignorancia entre los ciudadanos. El ejército ha sido desde entonces la columna vertebral de la República, configurando un Estado al margen de la sociedad, incluso en abierta oposición a ella, y estableciendo una serie de dogmas que incluyen medidas legales para quien los desafíe. El ejército, garante de la estructura de poder, ya ha llevado a cabo numerosos golpes de estado para suprimir cuantas revueltas puedan cuestionar o modificar los dogmas sobre los que se sustenta la República. El manto de la ignorancia continúa extendido, y cada vez es más urgente que la sociedad llegué a conocer qué ocurrió en aquellos años de guerra.

Señalas que la victoria de las tropas nacionalistas de Mustafa Kemal “Atatürk” en la guerra de liberación puso punto y final a cualquier arreglo con justicia para las víctimas y que desde la fundación de la moderna República de Turquía se extendió un manto de olvido y se promovió la ignorancia entre los ciudadanos. Pero, ¿por qué? ¿Atatürk no lideró una guerra de liberación? ¿Por qué extendió ese hilo de ignorancia que denuncias?

En realidad Atatürk pretendió crear un nuevo Estado, rompiendo para ello con cualquier vestigio del pasado. Este borrón y cuenta nueva afectó a todos los aspectos de la vida, desde la indumentaria, el calendario o el idioma, pasando por supuesto por el modelo político y económico. Ello significó deshacerse de cualquier recuerdo o rémora de épocas pasadas incluidas, claro está, las páginas negras del anterior régimen. Lo cierto es que eso ha funcionado hasta nuestros días. Los ciudadanos de Turquía no sólo ven el periodo otomano como una cosa lejana en el tiempo, incluso la perciben como una realidad ajena a ellos, como si hubiera tenido lugar a miles de kilómetros, como si se hubieran liberado e independizado de una dominación externa. El académico turco Taner Akçam define a la sociedad de Turquía como ignorante, apática y silenciosa, matizando que ello se debe a la profunda ignorancia e indiferencia sobre su pasado. No se basa en el olvido, para olvidar primero es preciso conocer.

Si no ando errado, en general, la izquierda ha hablado poco de lo sucedido. ¿Por qué?

La verdadera izquierda en Turquía es valiente y comprometida. Recordemos al periodista tristemente asesinado Hrant Dink, de origen armenio. Este intelectual de izquierdas incomodaba tanto a los nacionalistas de un bando como del otro, y por eso fue asesinado. Creía en la reconciliación de los turcos y los armenios tanto como en la necesidad de acabar con las injusticias sociales en ambos países. Dink recriminaba a la diáspora y al gobierno armenio sus constantes críticas a Turquía, mientras se pasara por alto el principal problema de los armenios que no era otro que la pobreza. Dink estaba en contra de las presiones del lobby armenio para conseguir el reconocimiento del genocidio por parte de los gobiernos (una veintena en la actualidad), o la promulgación de leyes como la francesa de 2006, en la que se tipificaba como delito la negación del genocidio armenio. Incluso llegó a mostrar su intención de viajar al país europeo, cuando la ley entrara en vigor, para quebrantarla. Pero no tuvo la oportunidad.

Y más recientemente un grupo de intelectuales, académicos y periodistas turcos iniciaron una campaña en la que pedían disculpas “a sus hermanos armenios”, al tiempo que rechazaban la injusticia que suponía la indiferencia y la negación del gran desastre que sufrieron los armenios otomanos en 1915. En apenas unas horas la campaña recogió miles de firmas a través de internet.

Pero, perdona que insista, un periodista de izquierda como Dink, con las posiciones que defendía, apenas es conocido en las izquierda europea occidental.

Bueno, eso pasa no sólo con la posición de la izquierda turca. De manera general, Turquía es una gran desconocida en Europa occidental.

Hablabas hace un momento del lobby armenio. ¿Quiénes lo componen? ¿Dónde actúan con más fuerza?

La diáspora armenia está liderada por poderosos grupos de presión económica y en algunos casos, como en Líbano, por dirigentes religiosos. Allí donde han conseguido tener una mayor influencia -Francia, Argentina, Brasil, Líbano- sus postulados se oyen con más fuerza y pretenden erigirse en “la voz del pueblo armenio”, aunque desde luego las condiciones sociales y económicas, y me atrevería a decir que incluso las culturales, poco tienen que ver con las que se viven en Armenia. Piensa que la mayoría de cuantos integran la diáspora nunca han vivido en Armenia ni en Turquía.

La ciudadanía armenia que consiguió emigrar, ¿se ha mantenido políticamente activa a lo largo de los años?

Desde hace siglos, la comunidad armenia ha mantenido por todo el mundo importantes centros comerciales y de pensamiento. De la India a Europa occidental, pasando por Persia, la diáspora armenia -al igual que la dirigencia de su iglesia- siempre adoptó el papel de garantes de los valores de la comunidad. En el último siglo y medio la corriente migratoria se dirigió hacia Estados Unidos y Sudamérica, así como una importante ola de refugiados a Rusia y Líbano después de 1915. En los últimos años la actividad política de la diáspora ha estado centrada en desarrollar un poderoso lobby. Según denunció Hrant Dink en relación al discurso sobre el genocidio, éste no se utiliza en términos históricos y está blindado por la diáspora con una doble intención: por una parte es una “cuestión nacional” que impide su asimilación en los países donde se encuentran; y en segundo lugar sirve para incrementar su influencia política en los estados de acogida. Con el agravante de que tal discurso no sólo bloquea el diálogo entre Turquía y Armenia, sino que además perjudica la integración de la minoría armenia en la sociedad turca.

Entonces, en tu opinión, ¿cuál debería ser el discurso sensato, razonable, las finalidades justas, de la diáspora armenia?

No querría ser yo quien tuviera que definirlo. Pero no estaría mal para comenzar una labor de deconstrucción de todos los mitos y falsedades sobre los que se asienta el imaginario del pueblo armenio. El discurso de Hrant Dink era ejemplar en eso, y también el de una serie de intelectuales armenios honestos que tratan de ofrecer otra visión de la historia.

Armenia formó parte de la Unión de República Soviética Socialistas. ¿Cómo se produjo su incorporación? ¿Cuál fue su situación durante la existencia de la Unión Soviética?

La actual Armenia surgió tras la disolución de la Confederación de Transcaucasia en 1918, sobre territorios del antiguo Imperio ruso. De ahí surgieron tres repúblicas que declararon su independencia: Georgia, Armenia y Azerbayán. En 1920 Armenia fue asimilada por la Unión Soviética, y permaneció como república federal hasta la disolución de la URSS, en que declaró su independencia. Durante todos esos años Armenia se convirtió en una de las más prósperas regiones de la Unión gracias, en gran medida, a que allí se establecieron importantes empresas de alta tecnología.

Tras la desintegración de la URSS en 1991, ¿cómo se produjo la separación de Armenia?

La separación no fue problemática desde el momento que la población local mostró su deseo de constituirse en país independiente y la URSS, muy poco tiempo después, fue disuelta. Los mayores problemas vendrían al pretender anexionarse el enclave de Nagorno-Karabaj en territorio de Azerbayán. Tres años de guerra que provocaron el hundimiento de la economía armenia y el cierre de sus fronteras con sus vecinos turcos y azeríes.

¿Y cuál es la situación política de Armenia actualmente?

Armenia vive una situación económica muy complicada. Han tenido que sortear su aislamiento con una mayor, casi total, dependencia de las empresas rusas. Su única vía de aprovisionamiento de productos rusos pasa por Georgia, pero tras la guerra del pasado año las cosas se han puesto aún más difíciles. Además ha visto como importantes proyectos energéticos de la región -los oleoductos Nabucco y BTC- e incluso el trazado de una línea de ferrocarril sortean su territorio dejándoles sin parte en el negocio ni en su aprovechamiento. Si a todo ello añadimos las presiones de Estados Unidos, la Unión Europea e incluso de empresarios, para romper el predominio comercial ruso en Armenia se entiende que el presidente Serge Sargisián se haya visto empujado a mirar hacia Turquía.

Se habla estos días en la prensa internacional de nuevos acuerdos entre los gobiernos de Turquía y Armenia. ¿Sobre qué puntos? ¿De qué se trata?

El pasado sábado Turquía y Armenia normalizaron sus relaciones diplomáticas por primera vez en la historia. Aunque Turquía fue uno de los primeros estados en reconocer la independencia armenia tras la caída de la URSS en 1991, nunca estableció relaciones plenas debido a la invasión por parte de Armenia de Nagorno-Karabaj y de otras siete provincias pertenecientes a Azerbayán, aliado de Ankara.

Pero lo firmado el sábado, una serie de protocolos que prevén el establecimiento de relaciones, la apertura de la frontera común y la creación de una comisión de expertos que estudie el llamado “genocidio armenio”, aún deberá ser ratificado por los parlamentos de los respectivos países. Y no es más que el inicio de un camino lleno de dificultades que ojalá pueda servir no sólo a los gobiernos sino, sobre todo, para un mayor entendimiento entre ambos pueblos.

¿Qué posiciones defienden los ciudadanos armenios de la diáspora sobre este punto? Creo que también hay una fuerte discusión interna en torno a esos acuerdos turco-armenios.

Tanto en la diáspora como en el interior de Armenia existe una fuerte oposición nacionalista que critica los acuerdos. La diáspora en concreto se ha erigido en un contrapoder y no duda en criticar o tildar de traidor al presidente Sargisián. Pero lo cierto es que estos sectores se empeñan en reescribir y utilizar la historia como herramienta de uso para sus propuestas ultramontanas. Afirmaciones como que Dios eligió Armenia para situar ahí el paraíso terrenal y cuya población desciende de Noé, quien encalló su nave en el monte Ararat tras el diluvio universal, son transmitidas en todas las escuelas primarias armenias en cualquier parte del mundo. Según denuncia el académico Razmik Panossian muchos académicos occidentales de origen armenio que no suscriben las tesis nacionalistas son a menudo tildados como “traidores” por historiadores e intelectuales de Armenia y también de la diáspora.

Hablas del presidente Sargisián y deduzco entonces que sus posiciones, en este ámbito, te parecen razonables. ¿Es el caso?

Entiendo que Sargisián intenta sobre todo alcanzar una posición de viabilidad para su país. Una viabilidad dentro de los parámetros de la economía mundo capitalista. Pero centrándonos en la cuestión del restablecimiento de relaciones con Turquía, el desbloqueo de la cuestión puede y debe servir para tender puentes de encuentro entre dos pueblos que han tenido un largo pasado común, pero que desde hace décadas mantienen un frío distanciamiento cuando no una abierta hostilidad.

Finalmente, para acabar, tú mismo hablabas de camino lleno de dificultades. ¿Cómo crees que se puede alcanzar una situación de armonía, de reparación de injusticias, de superación que no olvido de lo sucedido?

En eso confío más en la capacidad y la inteligencia de los movimientos y organizaciones sociales, que desde luego en los gobiernos. Como ocurre de manera casi general los intereses de estos suelen ir en perjuicio de los beneficios para los primeros. Un primer paso, y no pequeño, sería el de aclarar que la posición del estado turco nada tiene que ver con la de “los turcos”.

En primer lugar porque esté término es un reduccionismo que incluye también a kurdos, circasianos, judíos, ortodoxos, armenios, alevíes, y otros muchos grupos étnicos-culturales que el término “turcos” ignora y sepulta. Y en segundo lugar porque el Estado fue construido como un cuerpo aparte de la esfera social, el cual se ve a sí mismo como una entidad especial y se organiza casi en oposición a sus ciudadanos.

Gracias, Antonio, muchas gracias por tus documentadas respuestas.

Los turcos exigen justicia al año del asesinato del periodista Dink

Andrés Mourenza. Estambul (Noticias desde Turquía)

“El Estado es el asesino y pagará por ello” fue el eslogan más coreado por las 10.000 personas que se congregaron en Estambul para exigir justicia en el primer aniversario del homicidio del periodista turco de etnia armenia Hrant Dink. En el mismo lugar donde fue asesinado, el exterior de las oficinas del semanario turco-armenio Agos, los gritos de rabia de los manifestantes se mezclaron con las lágrimas de emoción que arrancó el discurso de la viuda, Rakel Dink.

“Estamos sobre la acera en la que intentaron borrar su sangre con agua y jabón. ¿Pero se puede limpiar de esa manera?”, se preguntó la viuda con voz temblorosa. “Nos han hecho hermanarnos con el dolor. Por desgracia, hoy la convivencia necesita valor. Pero, en realidad, para vivir hace falta coraje, para la esperanza hace falta coraje, para la justicia hace falta coraje”, proclamó.

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Un año del asesinato del periodista Hrant Dink que conmovió a la sociedad turca

Agencia Efe

Hoy se cumple un año que Hrant Dink, intelectual y periodista turco de etnia armenia, fue asesinado por la espalda en Estambul cuando volvía a las oficinas del semanario Agos, que el mismo dirigía.

El autor confeso del disparo que acabó con la vida de Dink fue Ogun Samast, un joven ultranacionalista procedente de la ciudad norteña de Trebisonda y que fue detenido un día después del crimen.

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El caso de Hrant Dink salpica a la policía

Andrés Mourenza. Estambul
http://noticiasdesdeturquia.blogspot.com/2007/10/el-asesinato-de-hrant-dink-en-los.html

El principal acusado del asesinato del periodista turco de origen armenio Hrant Dink, el joven de 17 años Ögün Samast, declaró ayer durante la segunda vista del juicio sentirse “arrepentido” y aseguró haber sido utilizado por otro imputado, Yasín Hayal. Según los analistas, ésta es sólo la punta del iceberg de la trama.

Hasta ahora se sabe que Yasín Hayal adoctrinaba y practicaba tiro con un grupo de chavales de Trebisonda. También, que desempeñó funciones como encargado del té en la sede del partido ultranacionalista de la Gran Unión, donde había conocido a Erhan Tüncel, uno de los personajes más enigmáticos de la trama por ser informador de la policía. Hayal fue quien ofreció el arma e instó a Samast a matar al “traidor” Dink.

Llamada inquietante

El 19 de enero, dos horas después de que Hrant Dink fuese derribado por una bala traidora, sonó el móvil de Tüncel. “¿Cómo estás, capitán?”. Era Muhittin Zenit, miembro de los servicios secretos y el hombre que lo había contratado como informador. “¿(Dink) ha muerto?”, le preguntó Tüncel haciéndose el ignorante. “Claro”, respondió el policía secreta. “No creo que tenga que ver con nosotros, pero habría que felicitar al que lo ha hecho”, dijo Tüncel. “Eso desde luego”, concluyó el policía.

Tras la revelación en la prensa de estas conversaciones que demuestran que la policía conocía el plan del asesinato, Interior ha decidido investigar las cintas. Unas horas después de su conversación telefónica, Tüncel se dirigió a la Dirección de Seguridad, donde fue retenido durante medio día. Allí se le registró y se borró su tarjeta del móvil. “¿Qué sucedió, de qué hablaron? No lo sabemos, no ha quedado prueba de ello”, criticó ayer el diario Radikal.

Imágenes borradas

Poco después se capturó a Samast, el supuesto autor material del disparo y que fue tratado como un héroe por los policías, que no dudaron en grabar un infame vídeo del momento. Su detención fue posible gracias a las imágenes grabadas por una cámara de seguridad entregadas a la policía el mismo día del crimen. Pero ahora se han borrado los trozos que corresponden a la mañana del 19 de enero, según denuncian los abogados de la acusación particular. Fethiye Çetin, abogada de la familia Dink, culpa además a la policía de la obstaculización a la investigación así como de la destrucción de pruebas.

Turquía ante el asesinato del periodista Hrant Dink

La prensa occidental aprovecha el golpe para marginar al país

Antonio Cuesta. Estambul

El pasado viernes un pistolero acababa con la vida del periodista de origen armenio Hrant Dink, director del diario Agos. En pocas horas varios partidos políticos y organizaciones de izquierda consiguieron congregar a más de diez mil personas en una manifestación que recorrió el centro de la ciudad de Estambul, y en la que se pudieron escuchar muchas consignas contra el fascismo y contra el imperialismo.

Esa fue la primera respuesta contra los asesinos y, pese a que en ese momento aún no se conocía la identidad de los mismos, desde la izquierda no había duda que el atentado provenía de la extrema derecha, que usa la violencia para desestabilizar la marcha del país y dar con ello la razón a los sectores más reaccionarios de Europa en el sentido de que Turquía no es un país de fiar.

En declaraciones a Prensa Latina Erdem Tuç, dirigente del Frente Patriótico (una plataforma antiimperialista que se opone por igual a la UE y a la OTAN), aseguró que el periodista asesinado era un hombre honesto, progresista y defensor de las minorías en el país. Un incansable mediador, y dispuesto a establecer cuantos puentes fueran necesarios para que los distintos pueblos que habitan en Turquía puedan hacerlo en paz. Su discurso era bien recibido desde todos los sectores sociales y políticos del país, con la sola excepción de los ultranacionalistas (laicos y con una ideología profascista) y los más conservadores de la comunidad armenia.

Durante el fin de semana se sucedieron las detenciones, y enseguida se comprobó que tanto el principal sospechoso como los posibles inductores y facilitadores del asesinato provenían, en efecto, de grupos de extrema derecha. Pese a ello, la prensa en general y las autoridades callaban sobre este extremo, aunque diversos comentaristas políticos comenzaban a referirse a ello.

El martes una multitudinaria manifestación despidió en Estambul al periodista asesinado. Fueron más de 100 mil personas, algunos medios llegaron hasta las 250 mil, las que acompañaron al cortejo fúnebre durante 8 kilómetros. La distancia que separa la sede del diario Agos de la iglesia armenia donde fue oficiado el funeral.

Aunque el gobierno había animado a participar, ningún miembro destacado del mismo asistió a la misma, y tampoco fue una marcha silenciosa como pretendían las autoridades, pues durante todo el recorrido pudieron oírse muchos lemas como “todos somos Hrant Dink”, “todos somos armenios”, así como constantes referencias a las leyes que limitan la libertad de expresión en Turquía y que llevaron al redactor asesinado a convertirse en objetivo de los fascistas. Y por supuesto volvieron a repetirse las acusaciones contra estos grupos.

Muchísimos partidos, y también asociaciones y organizaciones de las comunidades kurdas y armenias, se encontraron en un acto como hacía muchos años no se daban en Turquía: muy numeroso, y a la vez repleto de consignas, gritos, palmas, y lemas reivindicativos.

Incluso las autoridades del país invitaron para esta ceremonia a personalidades de la diáspora armenia y de la República de Armenia, pese a no mantener relaciones diplomáticas ambos estados.

Sin motivación política

Mientras tanto, el jefe de la policía de Estambul, Celalettin Cerrah, aseguraba a la prensa de que no existía ninguna motivación política ni organización tras el asesinato del periodista. Sin embargo tras las primeras investigaciones ya estaba claro de que el principal sospechoso y algunos otros detenidos, entre ellos el probable inductor del crimen Yasin Hayal, estarían ligados a una organización de extrema derecha denominada “el Hogar de Alperen”.

Precisamente este último amenazó el miércoles al escritor, y reciente premio Nobel, Orhan Pamuk mientras era conducido por la policía al Tribunal Penal de Estambul.

Además según la documentación incautada, también existirían estrechas relaciones entre ese grupo y el Partido de la Gran Unidad (BBP, por sus siglas en turco), de ideología fascista, y del que procede la organización paramilitar de los “Lobos Grises”.

Estas y otras evidencias ponen de manifiesto, según muchos analistas políticos, los vínculos ocultos entre este partido y determinados sectores del Estado, explicándose de ese modo las vagas declaraciones policiales, las contradictorias afirmaciones del líder del BBP y las tentativas para proteger a éste mediaticamente.

Durante días, los medios de comunicación de Turquía han estado alimentando una imagen del principal sospechoso en la que no aparecían ni las motivaciones del crimen cometido ni sus vínculos con el grupo de los “Lobos Grises”. Esta organización, responsable de miles de muertes desde hace años, siempre contó con una velada protección desde altas instituciones del Estado y por lo que se ve continúa disfrutando de ella.

Y desde la prensa europea, si por despiste se citaba al BBP era para definirlo como un grupo islamista radical de carácter integrista. Cualquier otra apreciación quedaba fuera del estrecho modelo creado para Turquía que se resume en ser un país musulmán, dirigido por una legislación cuasi-dictatorial, y tutelado por un ejército laico dispuesto a dar un Golpe de Estado ante el mínimo desacuerdo.

Un represivo código penal

Y la realidad es bastante más compleja y enrevesada de como lo presentan los medios occidentales. Y las consecuencias de este asesinato aún están por verse. Por lo pronto, ayer la prensa del país recogía las declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores, Abdullah Gül, en las que mostraba la disposición de Ankara para reformar el polémico artículo 301 del código penal. Cuestionado desde su aprobación, en junio de 2005, este epígrafe establece penas de cárcel de hasta tres años por “denigrar públicamente la identidad nacional turca”.

Por ese motivo fue condenado Hrant Dink, el periodista de origen armenio recientemente asesinado en Estambul, y su persona se convirtió en objetivo para los sectores más ultranacionalistas del país.

Un día después del multitudinario entierro de Dink, muchos en Turquía comenzaron a cuestionar la modificación o derogación de ese apartado del código penal, y miles durante la marcha portaban carteles en los que se podía leer “301 asesino”.

Incluso el canciller turco llegó a asegurar que el gobierno veía problemas en la actual redacción del artículo y que por ello consideraban la necesidad de cambiarlo, para lo cual hablarían con las asociaciones de periodistas, de abogados y de derechos humanos.

Sin embargo, el periódico Radikal llamó la atención sobre el hecho de que mientras Gül realizaba tales afirmaciones, el ministro de Justicia, Cemil Çiçek, rehusó hacer comentarios a la prensa sobre ese extremo, lo que llevó al rotativo a afirmar que “las promesas no son suficiente”.

En el mismo sentido se expresó el columnista del diario Referans, Cengiz Çandar, al recordar que en junio del pasado año, el canciller ya realizó unas declaraciones similares, por lo que su repetición no pasaba de ser decepcionante.

Destituidos dos altos funcionarios tras aparecer un polémico cartel

Antonio Cuesta. Estambul

La aparición de un cartel del presunto asesino del periodista Hrant Dink conmocionó hoy a la opinión pública y pudo ser el causante de la destitución del gobernador y el jefe policial de Trabzon.

El afiche muestra la imagen de Ogün Samast, acusado de ser el autor de los disparos, con la bandera de Turquía como fondo y coronado por la frase del líder nacional Kemal Atatürk donde se afirma que “Nuestra patria es sagrada, no puede ser abandonada a su propio destino”.

Lo insólito reside en que fueron funcionarios policiales quienes facilitaron a la prensa este cartel asegurando que sabían ni dónde ni cómo ni quién lo había confeccionado durante el tiempo que el sospechoso estaba bajo custodia.

Las primeras sospechas recayeron sobre las unidades policiales de Samsun, donde fue detenido Samast, que negaron categóricamente la acusación, y también sobre el jefe de la policía de Trabzon, de donde procede el detenido.

Tras conocerse la noticia, tanto el gobernador de esa provincia, Huseyin Yavuzdemir, como el mandatario policial fueron destituidos de sus cargos por el ministerio del Interior, que anunció una investigación para aclarar si hubo errores o negligencias por parte de las autoridades locales en el caso del periodista asesinado.

Sin embargo la negativa a dar más información sobre el polémico cartel llevó a los medios de comunicación a denunciar el comportamiento del gobierno y a interpretar que esa acción anima a los culpables y los eleva casi a la categoría de héroes.

Las relaciones entre la extrema derecha y los acusados son cada vez más evidentes, pues a los ya conocidos vínculos entre el ultranacionalista BBP y los dos principales sospechosos ayer se vino a añadir una fotografía.

Publicada por un importante diario, la instantánea recoge a Muhsin Yazicioglu, líder del citado partido, con Erhan Tuncel, el tercer implicado en el asesinato.

Y pese a ello el ahora destituido gobernador de Trabzon aseguró días atrás que el crimen fue un acto individual, sin motivación ideológica, ni relación con organización o partido.

Cuestionan afirmaciones policiales sobre asesinato de periodista en Turquía

Antonio Cuesta. Estambul

Medios de prensa cuestionaron hoy las afirmaciones del jefe de la policía de Estambul, Celalettin Cerrah, en el sentido de que no existía ninguna motivación política ni organización tras el asesinato del periodista Hrant Dink.

Sin embargo tras las primeras investigaciones ya quedó claro de que el principal sospechoso y algunos otros detenidos, entre ellos el probable inductor del crimen Yasin Hayal, estarían ligados a una organización de extrema derecha denominada “el Hogar de Alperen”.

Precisamente este último amenazó hoy al escritor, y reciente premio Nobel, Orhan Pamuk mientras era conducido por la policía al Tribunal Penal de Estambul.

Además según la documentación incautada, también existirían estrechas relaciones entre ese grupo y el Partido de la Gran Unidad (BBP, por sus siglas en turco), de ideología fascista, y del que procede la organización paramilitar de los “Lobos Grises”.

Estas y otras cuestiones han evidenciado para muchos analistas políticos los vínculos ocultos entre este partido y determinados sectores del Estado, explicándose de ese modo las vagas declaraciones policiales, las contradictorias afirmaciones del líder del BBP y las tentativas para proteger a éste.

Durante días, los medios de comunicación estuvieron alimentando una imagen del principal sospechoso en la que no aparecían ni las motivaciones para el crimen cometido ni sus vínculos con el grupo de los “Lobos Grises”.

Esta organización, responsable de miles de muertes desde hace años, siempre contó con una velada protección desde altas instituciones del Estado y por lo que se ve continúa disfrutando de ella.

Turquía despide multitudinariamente al periodista Hrant Dink

Antonio Cuesta. Estambul

Decenas de miles de personas marcharon hoy en homenaje al periodista de origen armenio Hrant Dink, asesinado el pasado viernes, desde la sede de su periódico hasta la iglesia donde fue oficiado su funeral.

La marcha recorrió ocho kilómetros durante los cuales los presentes no dejaron de corear insistentemente “todos somos Hrant Dink” y “todos somos armenios”, así como constantes referencias a las leyes que limitan la libertad de expresión en Turquía y que llevaron al redactor asesinado a la picota.Numerosos partidos políticos convocaron a sus simpatizantes, junto a los que también se unieron asociaciones y comunidades kurdas y armenias que denunciaron a los sectores ultranacionalistas y fascistas de haber inducido al crimen.

Las principales calles de la ciudad habían sido cortadas al tráfico rodado y un impresionante despliegue policial acompañó en todo momento a los manifestantes para tratar de impedir cualquier tipo de altercado.

Los funerales fueron llevados a cabo en la Iglesia de la Virgen María de Kumkapi, y fue oficiada por el Patriarca Mesrob II de la comunidad turco-armenia.

Precisamente las autoridades del país habían invitado para esta ceremonia a personalidades de la diáspora armenia y de la República de Armenia, pese a no mantener relaciones diplomáticas ambos estados.

Desde el viernes, Turquía se ha volcado con Hrant Dink, lamentando su pérdida y ensalzando sus valores de defensa de las minorías y de lucha por las libertades.

Su actitud en favor del entendimiento entre las diferentes comunidades en Turquía y por la plena democracia ocasionó su enfrentamiento con los sectores más intransigentes y reaccionarios del país.

Masiva manifestación en Estambul tras el asesinato de un periodista

Antonio Cuesta. Estambul

Miles de personas se manifestaron a última hora de hoy para protestar por el asesinato del periodista Hrant Dink, director de la revista Agos, sucedido horas antes en el centro de esta ciudad.

La manifestación transcurrió desde la plaza de Taksim hasta el barrio de Osmanbey donde se halla la redacción del medio de prensa, y a las puertas del cual fue abatido Dink por un grupo de pistoleros.

Entre los convocantes numerosos partidos y organizaciones políticas de izquierda que mostraron de este modo su rechazo al brutal atentado y a la utilización de la violencia para desestabilizar la marcha del país.

En declaraciones a Prensa Latina Erdem Tuc, miembro de una de las organizaciones participantes, aseguró que el periodista asesinado era un hombre honesto, progresista y defensor de las minorías en el país.

Entre los asistentes a la marcha estaba generalizada la sensación de que los culpables se hallaban entre los grupos de extrema derecha que pretende poner en peligro el equilibrio del Estado en un año en que habrá elecciones presidenciales en el país.

Según estimaciones de los organizadores ofrecidos a esta agencia, el número de manifestantes podría rondar los 15 mil.

Un enorme despliegue policial siguió a la marcha, que en todo momento transitó de forma pacífica, así como decenas de canales de televisión y numerosos medios de prensa nacional y extranjera.


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