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El Tribunal Constitucional de Turquía evita que los militares puedan ser procesados por la justicia civil

Andrés Mourenza. El Periódico

El Tribunal Constitucional de Turquía cerró ayer el paso a que los militares rindan cuentas ante la justicia ordinaria. Considera así contraria a la Carta Magna una reforma legal aprobada por el Parlamento turco en julio que permitía a los tribunales civiles juzgar a personal militar e impedía a las cortes castrenses juzgar a civiles en tiempos de paz.

En su informe sobre los progresos anuales de Turquía publicado el pasado octubre, la Comisión Europea aplaudió la reforma impulsada por el Gobierno del conservador Recep Tayyip Erdogan, ya que suponía «alinear Turquía con las prácticas de la UE». Pero en un país donde los generales, autores de cuatro golpes de Estado en los últimos 50 años, conservan un gran poder político y económico, esta reforma no fue del todo bienvenida y la principal formación de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP, kemalista laico), decidió plantear un recurso de inconstitucionalidad que ayer el alto tribunal aceptó por unanimidad.

DISCREPANCIA

La sentencia del Constitucional ha sentado mal en el Gobierno, que ha manifestado su discrepancia a través de varios ministros. Al parecer del Ejecutivo se ha sumado el pequeño grupo de jueces demócratas, que ha indicado que el fallo es contrario «al principio natural del Derecho» y supone «impedir la posibilidad de luchar de manera legal contra los golpes de Estado». Y es que esta sentencia tendrá un efecto inmediato en los juicios contra la trama Ergenekon, una supuesta red golpista de ideología ultranacionalista en la que estarían implicados altos mandos del Ejército, cuya investigación había sido saludada desde la UE como «el primer intento en la historia moderna de Turquía de llevar a golpistas ante la justicia».

El veredicto constitucional es, además, un nuevo varapalo al Gobierno de Erdogan después de que, en diciembre, los jueces ilegalizasen la principal formación kurda, el Partido de la Sociedad Democrática, dejando así malherido el incipiente proceso de paz con los kurdos. La normalización diplomática con la vecina Armenia también ha quedado estancada, así como las negociaciones sobre la dividida isla de Chipre, dos asuntos en los que el Gobierno de Ankara había complacido a la comunidad internacional.

En su memoria anual, la oenegé Human Rights Watch (HRW) denunció ayer que los fallos de la justicia turca continúan «desoyendo las leyes internacionales de derechos humanos y la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos» y que el «sistema judicial [de Turquía] es aún un foco de resistencia institucionalizada a las reformas».

REFORMA

Las últimas decisiones judiciales han reforzado en Turquía el frente de la oposición, formado por los partidos kemalistas y nacionalistas, junto a miembros de las Fuerzas Armadas y la judicatura, por lo que al Gobierno de Erdogan solo le queda jugar su última carta: aprobar una nueva Constitución. Tras su reelección en el 2007 y siguiendo las recomendaciones de intelectuales, organizaciones de derechos humanos y la UE, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) prometió una nueva Carta Magna que sustituya a la actual (redactada en 1982 por la Junta Militar), pero esa promesa ha quedado en el aire por el recelo que despierta entre los sectores más inmovilistas.

Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=680791&idseccio_PK=1007&h=

Turquía se acerca a un estratégico cruce de caminos

Txente Rekondo. Gara

Diversos acontecimientos durante las últimas semanas han enredado todavía más la ya de por sí delicada situación de Turquía. El conflicto con el pueblo kurdo, el juicio en torno a la «red Ergenekon», las tensiones entre diferentes instituciones del Estado y el supuesto intento de atentado contra el viceprimer ministro y las posteriores detenciones de militares, son algunas de las fichas del panorama turco, que podría estar situando al puente entre Asia y Europa en una encrucijada.

El año que acaba de finalizar ha estado marcado en buena medida por las diferentes iniciativas en torno al pueblo kurdo. La decidida apuesta de los representantes del norte de Kurdistán para buscar una solución negociada a tantos años de conflicto político y militar motivó la apertura de una ventana a la esperanza. En un primer momento, desde el Gobierno de Ankara se optó por el silencio, pero según iba tomando cuerpo la iniciativa kurda, los dirigentes del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) pusieron sobre la mesa su propuesta.

Ese paso dado por el Gobierno turco encontró importantes reticencias y rechazos dentro de la oposición parlamentaria turca entre las filas del propio Ejército, ambos, junto con la burocracia kemalista, defensores de un status quo que excluye toda salida negociada con el pueblo kurdo. Esas dificultades, añadidas a la postura indecisa dentro de las propias filas del AKP (que vio cómo su estrategia de desbancar electoralmente a los partidos kurdos fracasaba), pondría la llamada «iniciativa democrática» en una difícil tesitura.

Mientras que los representantes kurdos (Abdullah Öcalan, DTP y sectores de la sociedad del norte de Kurdistán) daban muestras fehacientes de su decisión de encontrar las vías para encaminar la solución al conflicto, las provocaciones militares (que encontraban respuesta en algunas unidades del PKK) y las presiones de los poderes fácticos turcos frenaban cualquier avance serio.

La ilegalización del Partido de la Sociedad Democrática (DTP), las posteriores detenciones de decenas de dirigentes y representantes civiles del norte de Kurdistán, los escasos o nulos avances en materia de derechos lingüísticos (el uso de otras lenguas diferentes al turco es un delito) o culturales, las continuas operaciones militares (buscando «crear una atmósfera que impida cualquier solución pacífica»), el régimen de aislamiento y encarcelamiento de Öcalan, son algunas muestras que impiden presentar la supuesta buena fe del Gobierno turco en este asunto.

El pueblo kurdo, a través de sus representantes, sigue manifestando su clara apuesta por encontrar una solución negociada. El propio Öcalan manifestó hace semanas que su liderazgo era meramente «sociológico», dadas las condiciones de encarcelamiento que soportaba, que hacían «imposible en la práctica, actuar como un líder político». En ese sentido hizo un llamamiento a buscar la interlocución en los dirigentes del DTP, o incluso en otros sectores de la sociedad kurda, siempre son el firme propósito de avanzar hacia la resolución del conflicto.

En unas recientes declaraciones, el líder del PKK ha señalado que nos encontramos ante «una búsqueda de solución para un problema de derechos colectivos» y que, de no afrontarse en esos parámetros, probablemente el conflicto seguirá latente durante «otros 50, 500 ó 1.000 años».

El propio Öcalan ha señalado que «nuestro principal problema es ontológico, en otras palabras, el problema de existencia. Nuestro problema es ser capaces de existir. Estamos luchando por nuestra existencia».

Algunos actores han señalado la necesidad de «acabar con las barreras legales que coartan la libre expresión; mantener las puertas abiertas al diálogo; y finalizar con las operaciones miliares» como pasos para avanzar en un proceso resolutivo. Evidentemente, la ilegalización de organizaciones políticas kurdas dificulta ese escenario, como también lo hacen las maniobras de los partidos kemalistas y los militares con posturas involucionistas y de bloqueo permanente a cualquier intento de buscar puentes negociadores.

Las tensiones en Turquía también anidan en otro frente. Si para algunos medios próximos al Gobierno turco 2009 ha sido el año «de la iniciativa democrática» (habría que ver qué se entiende en esos círculos por democracia), este 2010 debería ser el «de la reforma militar». Si los intentos de soluciones negociadas al conflicto kurdo levantan sarpullidos y maniobras de los poderes fácticos, cualquier intento de reformar uno de los pilares del status quo turco puede provocar reacciones golpistas contra el AKP.

El supuesto intento de atentado contra el viceprimer ministro iría en esa línea. Por ello destaca la decidida respuesta del Gobierno y de algunos de sus aliados (Policía y algún sector del poder judicial) que no han dudado en actuar contra varios militares, e incluso han «osado» por primera vez en la historia moderna de Turquía a registrar los cuarteles militares del Comando de Fuerzas Especiales, todo un icono dentro del aparato del status quo del país.

Estos movimientos permiten entrever un importante pulso entre las diferentes instituciones del Estado turco, centrando la atención en el que mantiene el Gobierno del AKP con los militares, presentándose éstos como los más firmes garantes del régimen reaccionario que ha dominado la política turca en las últimas décadas.

En los últimos años, una serie de incidentes (2007, varios generales retirados son detenidos por su vinculación a la «red Ergenekon»; 2009, el jefe del Estado Mayor turco menosprecia las pruebas aportadas en ese caso) han puesto de manifiesto ese enfrentamiento.

Algunos incluso van más allá, y señalan la existencia de importantes tensiones dentro incluso de las diferentes instituciones del Estado. En ese sentido dentro del propio Ejército conviven diferentes grupos de presión que podían estar buscando un mejor acomodo en el futuro escenario del llamado «laboratorio turco», mientras que otros estarían buscando un cierre de filas en torno a «los principios fundadores de la República» (sustentadores de todos sus privilegios).

Turquía tiene todavía muchos retos ante sí. El panorama político nos presenta una oposición que rechaza cualquier reforma (iniciativa kurda, nueva Constitución, reformas judiciales…), y que no duda además en solicitar la «ayuda» de sus aliados en ese entramado burocrático tejido durante tantos años (Ejército y Judicatura) para eliminar a sus oponentes y adversarios.

Además, podemos observar cómo importantes figuras de alto rango militar también quieren compaginar su responsabilidad con ambiciones políticas, mientras que muchos jueces no dudan en actuar por impulsos políticos (la reciente ilegalización del DTP es una clara muestra), en aras de ocultar otros casos (Ergenekon) o entorpecer cualquier iniciativa reformadora (kurdos).

Esos sectores, representantes de la «elite autoritaria del kemalismo», se niegan a perder sus cuotas de poder, y que el mismo pase a manos de las fuerzas de la periferia económica y social del país.

De ahí que cualquier iniciativa innovadora encuentre una fuerte resistencia entre esas fuerzas del «antiguo régimen», temerosas de perder el monopolio de poder que hasta ahora han sustentado.

Probablemente el AKP ha contribuido, con su indecisión en ocasiones o por las dificultades del propio Estado turco, a esta situación. No en vano, conviene recordar que en este período que gobierna el AKP las muestras de doble rasero han sido continuas. Así, mientras se pone en marcha el proceso Ergenekon para acabar con esa red golpista, el Gobierno acepta la detención y encarcelamiento de representantes políticos kurdos, frenando las esperanzas del proceso de paz. O al tiempo que dice perseguir al crimen organizado y a las «fuerzas antidemocráticas» dentro del propio Ejército, encarcela a periodistas que sacan a la luz pública los trapos sucios de esos actores golpistas.

A ello cabría añadir que durante estos años las violaciones de derechos humanos (torturas, cierre de medios de comunicación) han aumentado considerablemente. La aprobación de la nueva ley de la Policía (que ha permitido el auge de la política de tirar a matar), o los ataques contra los derechos de la infancia (con niños inmersos en procesos «antiterroristas») apuntan también en esa línea claramente deficitaria.

Los derechos políticos también han sido duramente castigados durante ese periodo. La reciente ilegalización del DTP kurdo (cuarta fuerza del Parlamento turco), las masivas detenciones de cargos públicos y militantes del mismo, o el doble rasero judicial, que persigue y encarcela a diputados kurdos mientras que permite que cerca de trescientos parlamentarios turcos, acusados de corrupción, se aprovechen de la inmunidad parlamentaria para esquivar los juicios.

El cruce de caminos está cada vez más cerca, y al llegar al mismo algunas voces no dudarán en sacar a relucir todo ese déficit democrático del Estado para frenar el acceso de Turquía a la Unión Europea.

Esa muestra de falsa moral por parte de los actores occidentales (más de uno debería intentar pasar el mismo test para lograr el llamado label democrático) será sin duda alguna uno de los condicionantes del futuro turco.

Sin embargo, no conviene cerrar las puertas a otras posibilidades, y que finalmente Ankara adopte una postura diferente en materia de política exterior (manteniendo a su libre albedrío la situación interna del país) y adoptando un papel de potencia regional, algo que lleva desarrollando desde hace algún tiempo en Asia Central o en Oriente Medio, sabedora además de la importancia geoestratégica que representa hoy en día y que le hace seguir siendo un aliado fundamental para cualquier actor que pretenda tener protagonismo en esta conflictiva región.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100103/174984/es/Turquia-acerca–estrategico-cruce-caminos

El Mossad en la trastienda de Ergenekon

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

Según un informe presentado por el diario Milliyet hace unos días, el servicio de inteligencia de Israel (Mossad) habría respaldado a la red criminal Ergenekon para derribar al gobierno turco.

La investigación secreta desarrollada entre los miembros detenidos del grupo terrorista, y también en el exterior de Turquía, demostraría que el Mossad organizó acciones contra el gobierno.

Los investigadores descubrieron estas evidencias a través del rabino turco, Tuncay Güney, quien se infiltró en Ergenekon mientras trabajaba para los servicios secretos turcos (MIT) y el Mossad, huyendo en 2004 a Canadá.

Güney habría estado facilitando información al MIT sobre el grupo ultranacionalista y sobre el Servicio de Inteligencia y Contraterrorismo de la Gendarmería (JITEM), un organismo estatal clandestino del que se sospecha que pudiera haber cometido cientos de asesinatos, secuestros y desapariciones.

Además el diario Yeni Safak demandó información a las fuerzas de seguridad turcas sobre los documentos incautados en la vivienda de Güney, y en los que se detallarían actividades económicas e inversiones sospechosas de ciertos hombres de negocios judíos en Turquía, ligados a personas, grupos políticos o asociaciones vinculadas con la red Ergenekon.

La justicia turca ha detenido a muchos miembros de este grupo, acusado de intentar derribar el gobierno de Recep Tayyip Erdogan. entre los que se encuentran generales jubilados del ejército, políticos, abogados y periodistas famosos.

«Nuestro pueblo ha dicho que ya no aguanta más»

Entrevista a Abdullah Demirbas, alcalde kurdo de Diyarbakir inhabilitado

Karlos Zurutuza. Gara

Abdullah Demirbas (Diyarbakir, 1966) es licenciado en Sociología por la Universidad Firat de Elazig. Durante dos años compaginó su trabajo como maestro de Filosofía y alcalde del distrito sur de Diyarbakir. Fue inhabilitado por Ankara en 2007 por editar publicidad turística en kurdo, armenio, siriaco, arameo, árabe e inglés. Es un destacado defensor de los derechos lingüísticos y la democracia local.

Aprovechando su reciente visita a Euskal Herria invitado por Aralar, Abdullah Demirbas habló para Gara de sus 22 causas pendientes con la Justicia, del Ayuntamiento «paralelo» creado tras su inhabilitación en junio de 2007 como alcalde de Diyarbakir Sur, de Ergenekon y del nuevo levantamiento social en Kurdistán Norte.

Tiene usted 22 causas pendientes con la justicia. ¿Cuál es su situación actual?

21 de esas 22 causas tienen que ver con el uso de la lengua kurda y con una llamada telefónica realizada a Roj TV (televisión kurda en el exilio). He sido absuelto de dos de ellas, pero el fiscal general ha recurrido y pronto tengo que declarar respecto a otras dos. 40 de los 54 alcaldes de mi partido tienen causas abiertas por motivos similares.

¿Y sigue usted trabajando?

Desde la ejecutiva del DTP (Partido de la Sociedad Democrática) intento seguir con la tarea de antes. Tras ser inhabilitado como alcalde el 20 de junio de 2007 creamos un Ayuntamiento paralelo. La ilegalización del DTP parece inminente pero voy a seguir trabajando por el distrito de Diyarbakir Sur con la esperanza de poder presentarme a las próximas elecciones de marzo.

¿Qué es un Ayuntamiento «paralelo»?

Resulta que la mayoría del pueblo nos sigue considerando como el Ayuntamiento legítimo. Nosotros gestionamos la limpieza y recogida de basura, la distribución del agua… En el último año hemos realizado unas 30 asambleas populares en las que escuchamos a los administrados. En cierto modo, seguimos actuando como el Ayuntamiento, razón por la que hemos recibido varios premios internacionales. El Parlamento Europeo me ha invitado varias veces para dar conferencias sobre el asunto, lo que demuestra que, a cierto nivel, se nos da la razón. Pese a la mordaza, seguimos adelante.

Se habla de un nuevo levantamiento en Kurdistán Norte…

La represión está provocando la reacción de la gente en contra del Gobierno de Erdogan. Durante su última visita a nuestra ciudad la huelga fue total. Los que salían a la calle lo hacían para protestar, y recibió la misma respuesta en el resto de las localidades kurdas durante su periplo. Nuestro pueblo ha dicho que ya no aguanta más.

¿La represión ha aumentado la conciencia del pueblo kurdo en Turquía?

En campaña electoral el AKP prometió solucionar el problema kurdo, pero somos testigos de lo que está pasando. No hay ninguna diferencia entre el Gobierno actual y los anteriores. Se puede decir que las cosas, si cabe, pueden haber empeorado. El AKP castiga a los kurdos para limar asperezas con el Ejército turco, que sigue con sus operaciones transfronterizas contra el PKK en Qandil y hostiga a nuestros diputados en Ankara. El levantamiento es la reacción inevitable a esa política represiva.

¿Cómo logró el AKP gobernar importantes localidades kurdas como Van, Urfa o Antep?

Erdogan tiene un discurso anti-kemalista, lo que atrajo a un sector de la población kurda. No olvidemos que en 2005 en Diyarbakir prometió solucionar el problema kurdo. Como he mencionado antes, todos somos testigos de lo que está pasando.

Pero el AKP también ha sentado a Ergenekon en el banquillo.

No voy a decir que no sea positivo el hecho de que hayan sentado a algunos. Pero, ¿hay interés real en destapar todo esto? Está claro que no. El AKP tiene mucho que ver con Ergenekon y más de uno de sus miembros está vinculado a la red. Es inconcebible que el Gobierno del AKP no haya empezado aún a investigar los casos de todos los kurdos muertos y desaparecidos en circunstancias sospechosas. Los recursos presentados por las familias de los asesinados no han sido aceptados, lo que demuestra que no hay interés en investigar más allá del Éufrates. Sólo sienta en el banquillo a unos pocos y protege a los que le interesa. Se trata de buscar un chivo expiatorio, pero habría que empezar por saber como ha llegado Erdogan a ser primer ministro…

¿Qué opinión le merece que se haya tratado de relacionar al PKK con Ergenekon?

Estos rumores son parte de la guerra sicológica de Ankara, de su guerra sucia. Tienen una necesidad imperiosa de desviar la atención. Ergenekon pudo haber querido utilizar al PKK pero Ocalan dijo claramente que era inadmisible. Ningún kurdo podría entender esa conexión.

¿Un ingreso de Turquía en la UE ayudaría al pueblo kurdo?

Apoyamos el ingreso de Turquía en la UE siempre y cuando cumpla los criterios. No obstante, no vemos que la UE presione a Turquía. Hay grandes relaciones comerciales entre ambos, por lo que la UE se limita a defender sus intereses.

Desvelan vínculos entre el servicio de inteligencia turco y la red criminal Ergenekon

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

¿Existe relación entre la Organización Nacional de Inteligencia (MIT) y la red criminal Ergenekon? Es la pregunta que se hacen en Turquía los medios de prensa, después de que el miércoles el diario Sabah publicara un documento secreto en el que se probaría ese vínculo.

Según el texto del informe, uno de los sospechosos de pertenecer a Ergenekon, el rabino Tuncay Güney -cuyo nombre en clave era “Seda”-, habría estado facilitando información al MIT sobre el grupo terrorista y sobre el Servicio de Inteligencia y Contraterrorismo de la Gendarmería (JITEM), un organismo estatal clandestino del que se sospecha que pudiera haber cometido cientos de asesinatos, secuestros y desapariciones.

Güney, que es en la actualidad rabino del Centro Municipal Judío en Toronto (Canadá), está relacionado en el caso de Ergenekon despues que, en 2001, una investigación policial encontrara en su ordenador los primeros documentos relacionados con el grupo ultranacionalista.

El jueves, la subsecretaría del MIT emitió una declaración en la que aseguraba que si bien el informe era auténtico, Güney nunca fue agente del servicio de espionaje. “El documento en que se basaba el artículo [de Sabah] pertenece a nuestra organización -rezaba el texto-. Estamos investigando más a fondo el contenido del mismo. [...] Tuncay Güney llamó nuestra atención debido a ciertas acciones sospechosas durante ese tiempo, y trabajamos con él. Pero no fue un informante registrado. Las acusaciones infundadas dirigidas contra nuestra organización serán objeto de acciones legales contra la publicación que, intencionadamente o no, está intentado establecer ese vínculo con nuestra organización”.

Sin embargo, en sus declaraciones a Sabah, Güney dejó entrever sus fuertes relaciones con los servicios secretos, aunque aseguró que no hablaría sobre sus actividades pasadas por fidelidad. “El MIT es una institución que sumamente respeto. Creo que contribuí a la democracia en Turquía con mis actividades y trabajo. Sin embargo, no fui valorado por ello y ahora me persiguen penalmente”, explicó el rabino.

Por ello, desde el periódico Zaman, Ali Akkus invitó a la fiscalía para que interrogue a Güney como la parte de la investigación judicial. “Tras sus declaraciones sobre el MIT, nadie puede minimizar por más tiempo [su participación]. Güney debería ser traído [a Turquía], lo que oculta debe ser conocido”.

Según el documento que ha desatado la polémica, Güney habría trabajado con el servicio de inteligencia desde muy joven, reclutado por Galip Tugcu -entonces Director Regional de Estambul-. Se inició dentro del Departamento de Actividades Reaccionarias, donde permaneció hasta el inicio de los 90. De ahí pasó, brevemente, a la Unidad de Irán, donde realizó numerosas entrevistas a personas de países de Oriente Medio haciéndose pasar por periodista. En 1992, le fue asignada la tarea de infiltrarse en Ergenekon y en otros organismos clandestinos del propio Estado. Fue entonces cuando conoció al Comandante Veli Küçük, principal acusado en el juicio que se sigue contra Ergenekon.

Fue detenido en 2001 por su relación con el grupo ultranacionalista, tras darse a conocer su identidad por el entonces jefe de policía Adil Serdar Saçan, en la actualidad encarcelado en el mismo proceso. El subsecretario del MIT en ese tiempo, Senkal Atasagun, facilitó su salida del país al conseguirle un visado de diez años para los EE.UU., tras contactar con la Agencia Central de Información (CIA). En 2004, Güney se mudó a Toronto donde, pidió asilo político y, reside actualmente.

El Ejército afronta por primera vez duras críticas en su actuación frente al PKK

Un declive del poder político del Ejército podría facilitar la democratización y una nueva perspectiva civil ante la cuestión kurda

Política. Europa Press. 30 oct

Las Fuerzas Armadas turcas, una de las instituciones tradicionalmente más respetadas por su defensa del laicismo, parece ahora estar a la defensiva a raíz del juicio abierto por la red Ergenekon, una supuesta trama de antiguos militares y ultranacionalistas turcos para desplazar del poder al Partido Justicia y Desarrollo, islamista moderado. Con el tambaleo de este pilar del Estado laico turco podrían llegar más cambios para una de las potencias clave de su región.

El último informe sobre Turquía de la Red de Relaciones Internacionales y Seguridad (International Relations and Security Network, ISN) destaca que por primera vez en muchos años la opinión pública turca y los medios de comunicación están criticando abiertamente la labor de las Fuerzas Armadas.

Todo comenzó el pasado 3 de octubre, cuando milicianos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) atacaron un puesto militar y mataron a 17 soldados en el sureste del país. Entonces comenzaron a escucharse voces que acusaban a los mandos militares de negligencia por este incidente concreto y por su planteamiento de la lucha contra insurgente, aparentemente ineficaz a pesar de las frecuentes incursiones en territorio iraquí.

Al día siguiente de la matanza la prensa turca publicó una fotografía del jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, el general Aydogan Babaoglu, jugando apaciblemente al golf precisamente en el momento en el que se desarrollaban las operaciones de represalia contra el PKK. “Dimita, mi pachá”, “dimita, mi general” fue el titular de portada del diario ‘Vatan’, un dato muy significativo en un país en el que las Fuerzas Armadas y sus hazañas son reverenciadas.

“Puede considerarse un punto de inflexión, en el sentido de que se trata de la primera vez que los medios de comunicación cuestionan la actuación de las Fuerzas Armadas en su lucha contra el PKK”, opinó Lale Sariibrahimoglu, un analista militar que vive en Ankara. “Hasta ahora ha sido muy difícil cuestionar las acciones y errores de la lucha contra el PKK”, agregó.

Algunos expertos apuntan ya a que estas críticas son un indicio del declive del formidable poder político de las Fuerzas Armadas y un importante paso para fortalecer el proceso de democratización. Incluso podría dar paso al desarrollo de nuevas estrategias lideradas por fuerzas civiles para abordar la problemática kurda.

Situación inédita

Las Fuerzas Armadas turcas se encuentran ahora ante una situación inédita. Desde hace décadas, el Ejército ha sido la fuerza política dominante con su defensa del laicismo y el nacionalismo nacidos de la revolución de Mustafá Kemal ‘Ataturk’ que acabó con el Imperio Otomano y dio paso a la República de Turquía.

Desde la década de 1960 los generales han depuesto y nombrado gobiernos a voluntad. “Han intervenido mucho en política interna”, reconoció un investigador militar de la Fundación Turca de Estudios Económicos y Sociales, Volkan Aytar. “El Ejército ha sido un freno en el proceso de democratización de Turquía. Siempre que había perspectivas de reformas democráticas, (los generales) se quejaban de que afectaría a su capacidad militar”, explicó.

Sin embargo, las reformas introducidas para adecuarse a los criterios de la UE para su posible ingreso han contribuido a disminuir la influencia política de las Fuerzas Armadas gracias a la inclusión de civiles en la elaboración de políticas de seguridad y a la mayor supervisión del Parlamento sobre el presupuesto militar.

Otro diario, ‘Taraf’, acusó al Ejército de no haber podido descubrir a través de los aparatos de espionaje la preparación del ataque del PKK y publicó en su portada fotografías tomadas por un avión no tripulado (UAV, por sus siglas en inglés) que supuestamente muestra a guerrilleros del PKK preparándose para el ataque.

“Podemos decir que estamos entrando en una nueva fase de la relación entre civiles y militares”, indicó un analista político, Mehmet Ali Birand, durante una intervención en la televisión Kanal D.

“La prensa tenía miedo de criticar al Ejército. Se cuidaba mucho de no hacerlo. Ahora es justo al revés. Nunca antes hemos visto críticas como estas (…). Es una nueva era”, dijo.

Reacción militar

A pesar de esta novedosa situación, el Ejército no parece amilanarse en exceso. En una rueda de prensa, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas turcas, el general Ilker Basbug, aseguró que adoptarán las medidas legales apropiadas contra quienquiera que filtre material sobre el ataque del PKK a la prensa.

“Es mi última palabra: invito a todos a ser cautos y a mantener una postura adecuada”, afirmó Basbug, visiblemente enfadado. “Los ataques sistemáticos que han aumentado en los últimos días no consiguen más que incrementar la fuerza, la determinación y la voluntad de las Fuerzas Armadas turcas”, dijo.

Aytar, sin embargo, destacó que las amenazas de los militares son ahora menos graves de lo que eran antes. “Los esfuerzos del Ejército para contrarrestar estas críticas, calificándolas de intentos de debilitar a los militares, ya no funcionan. No encuentran eco en la opinión pública”, indicó.

“Creo que los turcos ahora ven claramente que la ingerencia en la política interna, incluso la más nimia, perjudica la labor principal del Ejército: la defensa de la frontera ante los ataques del PKK”, dijo.

El debate público sobre la función de las Fuerzas Armadas también podría tener consecuencias positivas y propiciar una nueva vía –civil– para resolver el conflicto con el PKK, que ya dura décadas. “Es un buen comienzo para la cuestión del PKK. Podría forzar a las autoridades a cortar la implicación política del Ejército en la cuestión kurda y facilitar el surgimiento de más opciones políticas”, explicó Sariibrahimoglu.

Un analista para Turquía del Grupo Internacional de Crisis (International Crisis Group, ICG), Hugh Pope, cree que “ya no es válido el cliché de Turquía como país gobernado por generales, establecido hace mucho tiempo”. “Se ha generado un aperturismo para nuevos planteamientos. Todo el discurso de la fácil solución militar para la cuestión del PKK se ha visto desacreditada”, aseguró.

Un ex policía turco reconoce haber matado a mil personas en la guerra sucia

EFE

En declaraciones al canal Star, el ex policía Ayhan Çarkin dijo que “podría haber matado a unas 1.000 personas en nombre del Estado” durante los años 90 y añadió que la “banda Ergenekon”, que ahora se enfrenta al dictamen de los tribunales, estaba ligada a esos crímenes.

“La foto de Ergenekon es desagradable pero no está completa. Debe ampliarse. Debería haber más políticos en ella. Les juro que el proceso contra Ergenekon es correcto”, dijo Çarkin, cuyas palabras se convirtieron el miércoles en grandes titulares.

El esperado juicio contra Ergenekon comenzó el lunes en la prisión de Silivri (Estambul) pero no pudo continuar a causa de la caos que en que se transformaron las pequeñas salas de juicios, por lo que hoy el ministro de Justicia, Mehmet Ali Sahin, ofreció el polideportivo de la prisión.

Los imputados en el proceso (generales de alto rango, políticos ultranacionalistas, profesores, periodistas y mafiosos) están acusados de formar una red terrorista que, a través de atentados y asesinatos, intentaba crear el ambiente propicio para justificar la irrupción de una junta militar.

Ese nuevo orden militar tendría como prioridad “proteger la integridad territorial y el carácter laico del Estado” de actores políticos como los kurdos o el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).

Mucha gente en Turquía piensa que con este juicio se ha conseguido dar con un coletazo de la conocida como “Operación Gladio” y que ésta será una gran oportunidad para la democratización del país.

El Gladio turco

La “Operación Gladio” se remonta a los años cincuenta del pasado siglo, cuando se puso en marcha a propuesta de EEUU y la OTAN, y consistía en el mantenimiento de células derechistas que fuesen capaces de actuar en caso de una invasión del Pacto de Varsovia.

El grupo fue disuelto en los años noventa en varios países miembros de la OTAN, pero no en Turquía, y se considera que pudo facilitar o amparar el terrorismo político y las “tramas negras”.

Sin embargo, otros observadores creen que este juicio es sólo un acto de venganza iniciado por el partido gobernante contra aquellos que promovieron su ilegalización y critican que el dossier de la acusación incluye conversaciones telefónicas de personas no procesadas, lo que supone una violación de derechos humanos.

Enis Berberoglu, un periodista del diario ‘Hürriyet’ cuyo nombre aparece en el dossier Ergenekon aunque no como imputado, dijo a la cadena NTV que “cuando este tipo de juicios cae en manos de los políticos se convierten en operaciones de eliminación de los adversarios”.

Berberoglu, conocido por sus investigaciones sobre el escándalo Susurluk y el denominado ‘Estado profundo’, se quejó de que el ex policía Ayhan Çarkin no sea juzgado: “No puedo entender como un hombre que confiesa haber matado a 1.000 personas puede andar suelto”.

Susurluk fue un escándalo político en el que se descubrieron las relaciones entre el gobierno, las fuerzas armadas y el crimen organizado tras el accidente en 1996 de un coche en el que viajaban un parlamentario de origen kurdo, encargado de la guerra sucia contra el grupo armado PKK, un líder ultranacionalista reconvertido en mafioso y un ex jefe de la policía de Estambul.

El ex policía Çarkin fue juzgado en el proceso de Susurluk, pero la pena de muerte que se le impuso fue conmutada por tan sólo tres años y medio de cárcel.

En sus confesiones publicadas hoy en la prensa turca, Çarkin relató que al inicio del proceso “unos jueces justos” demandaron su condena a muerte pero alguien intervino a lo largo del juicio, los jueces fueron sustituidos y las penas reducidas.

El ex policía justificó sus acciones diciendo que recibía órdenes de arriba y que él creía que era parte de la política de Estado.

“Teníamos que luchar contra el terrorismo. Teníamos que eliminar a aquellos que cooperan con el terror. ¿Cómo lo habrías hecho tú? No se pueden conseguir resultados con la ley, hay cosas que las leyes no pueden hacer. ¿Entiendes lo que quiero decir?”, explicó.

Çarkin era especialmente famoso por sus operaciones ‘antiterroristas’ contra kurdos o miembros de la izquierda: asesinatos limpios y rápidos, cometidos en 5 minutos.

“Siempre se encontraban entre 7 y 18 balas en el cuerpo de la víctima y una pistola junto al muerto para dar la impresión de que había mantenido un tiroteo con la policía”, informó el miércoles el diario ‘Sabah’.

La encrucijada turca

Juicio por el caso Ergenekon

Txente Rekondo. Gara

El comienzo del juicio en torno a la trama golpista Ergenekon en Turquía ha supuesto un importante paso adelante para sacar a la luz pública las redes intervencionistas que desde los años de la llamada Guerra Fría han actuado impunemente en aquel país.

Para algunos, el caso Ergenekon no es sino la punta de un iceberg mucho más complejo que tiene sus raíces en la estrategia que en la década de los 50 desarrollaron EEUU y sus aliados de la OTAN en diferentes estados europeos y Turquía.

Así, vuelven a preguntarse sobre la famosa red Gladio que operó en Italia, y que forjó un maraña de intereses y personajes que defendían sus propios intereses y que llegaron a actuar con absoluta impunidad, desestabilizando gobiernos y estados. Por eso, esas mismas fuentes desean saber qué fue de esas «otras redes Ergenekon» que han campado en Europa desde los años de la Guerra Fría, y que ningún Gobierno occidental se ha atrevido a enjuiciar hasta hoy.

Coincidiendo con la apertura de juicio se han sucedido los debates, tanto a pie de calle como a nivel mediático. Para la mayoría de la población turca, cada día que pasa, se hace más evidente, y está más convencida que Ergenekon «ha realizado operaciones ilegales y clandestinas para derrocar a los gobiernos elegidos democráticamente». El debate en la calle señala que la vista judicial puede contribuir a que esa sensación se acreciente, de ahí que los defensores de los acusados busquen dilatarlo o aplicar una estrategia de constante obstaculización.

Los medios de comunicación extranjeros han seguido los primeros días del juicio con gran amplia cobertura. Mientras, los medios locales reflejan la división entre quienes creen que «los gobiernos elegidos democráticamente han sido atacados por grupos ilegales» y los que mantienen que «se trata de una estratagema y maniobra del Gobierno del AKP para acabar con sus oponentes, defensores del laicismo del Estado».

«Test para la democracia turca», «Histórico caso judicial», «El juicio del siglo», «La historia cambia hoy», «La tercera confrontación con el Estado profundo» y «El maratón Ergenekon», son algunos de los titula- res que se han sucedido estos días en la prensa turca.

Sin embargo, el papel de los militares se sigue moviendo tras el telón mediático y judicial que se ha formado en torno a Ergenekon. Hace unas semanas, se han sucedido las críticas contra la efectividad de las Fuerzas Armadas turcas en su lucha contra los independentistas kurdos. Si hace casi un año, un ataque contra un puesto militar por parte del PKK dejó decenas de soldados muertos y generó dudas sobre la capacidad militar turca, el 3 de octubre, un ataque similar de la guerrilla kurda, con diecisiete soldados muertos, ha disparado las alarmas en algunos sectores militares, poco propensos a las críticas de la opinión pública.

Desde el Gobierno, conscientes del peso que todavía tiene el estamento militar y sabedores de que el caso Ergenekon también le ha salpicado, se han lanzado discursos de apoyo al Ejército, al tiempo que se ponen en marcha mecanismos para reforzar su papel en la lucha contra el PKK. Esta misma semana, el todopoderoso Consejo de Seguridad Nacional ha aprobado importantes reformas, reestructurando algunas agencias e instituciones para «una mayor eficacia en la política antiterrorista».

Al mismo tiempo, el Gobierno turco ha lanzado una campaña diplomática para lograr acuerdos con EEUU (que le sigue prestando apoyo y coordinación en materia de inteligencia y militar) y con el Ejecutivo de Bagdad (que le permita seguir atacando los campamentos del sur de Kurdistán), lo que conformaría una especie de troika para combatir al PKK. También se han producido estas mismas fechas contactos con algunos representantes de los kurdos del sur, pero todavía Ankara sigue desconfiando de los mismos, y los dirigentes kurdos también son conscientes del rechazo que genera su colaboracionismo con Turquía entre su población, de ahí que sus apoyos sean puntuales y mediáticos.

Los kurdos siguen siendo «los únicos que llevan décadas resistiendo los intentos asimilacionistas turcos y defendiendo su identidad». Las políticas turcas de represión que caracteriza al rancio nacionalismo asimilacionista de Turquía se siguen topando con la resistencia kurda.

En los últimos meses, el Gobierno del AKP lleva manteniendo una política de doble cara, para intentar ganar el apoyo de la población local. Por un lado, promete inversiones (como los proyectos de Apoyo a la Infraestructura de las Aldeas -Köydes-), lanza discursos políticamente correctos de cara al pueblo kurdo, pero no termina de permitir que el mismo ejerza libremente su derecho a la libre determinación. Desde Ankara, se quiere presentar la situación encaminada hacia la normalidad, pero la existencia de partidos políticos prohibidos, la ocupación militar, las persecuciones y las torturas… evidencian que la realidad no es para nada «normal» en el norte de Kurdistán.

La tensión ha ido creciendo cada día, y la mayoría de observadores coinciden en señalar que hasta las elecciones municipales del 28 de marzo, todos buscarán ganar el apoyo de la población y hacerse cada vez más presentes. Desde el Gobierno turco se combate y persigue a los militantes kurdos, principal obstáculo para un hipotético triunfo electoral, que sería presentado como la «normalización definitiva» de la situación turca, o lo que es lo mismo, la asimilación definitiva del pueblo kurdo.

De todas formas, otras voces turcas, más conscientes de la realidad, ya han apuntado a que cualquier intento de resolver el conflicto por la vía militar está condenado al fracaso y apuestan por la búsqueda de fórmulas negociadoras que sienten a ambas partes en una mesa.

Todavía es pronto para saber el desenlace del juicio, pero como decía un periodista local, tal vez se haya dado el primer paso para «poner fin al ciclo de golpes militares y de ese llamado `Estado profundo’». Otros señalan que esa postura es excesivamente optimista, y recuerdan un caso sucedido en 1996, cuando a raíz de un accidente de tráfico se destapó el escándalo «Susurluk», que destapó la estrecha relación entre un jefe de Policía, un político kurdo que colaboraba con Ankara contra el PKK y un jefe mafioso. Al final y pese a las evidencias, todo quedó en nada.

El poder de Ergenekon, un «pulpo gigante» con importantes conexiones en toda la estructura del moderno Estado turco, todavía dará sus últimos coletazos. Y si al final los acusado son absueltos, intentarán realizar protestas en las calles, como en el pasado, para acabar con el Gobierno del AKP.

Mientras se produce el desenlace del juicio, y pese a la incertidumbre, uno no puede dejar de sentir cierta «envidia» al ver en el banquillo de los acusados a personajes que durante años han manejado las riendas de aquel aparato represor, una situación impensable en otros estados con el label de «democracia occidental».

El juicio contra la red golpista Ergenekon divide a la clase política turca

EFE

El macro-juicio contra la red golpista Ergenekon, que divide a la clase política de Turquía y a los medios de comunicación, comenzó hoy en las dependencias de la cárcel de Silivri (Estambul).

Según la Fiscalía, esta organización, formada por mandos militares retirados, periodistas, políticos y académicos, pretendía sembrar el caos con atentados terroristas para provocar un ambiente favorable a un golpe de estado del ejército que derrocase al gobierno islamista moderado de Recep Tayyip Erdogan.

La presencia de los 86 acusados (de los que 46 permanecen en prisión provisional), sus 66 abogados, los casi 300 periodistas y la multitud de curiosos complicó el inicio del proceso.

Tras una serie de pausas, en las que se invitó a los asistentes que no tuvieran parte en el juicio a desalojar la sala, el presidente del tribunal decidió dividir a los acusados en dos grupos (los que permanecen en prisión provisional y los que no) y tomarles declaración por separado para evitar la congestión.

Finalmente, tras identificar a los imputados, el tribunal decidió posponer el juicio hasta el próximo jueves.

Entre los acusados, hoy tomaron la palabra el abogado ultranacionalista Kemal Kerinçsiz y el líder del Partido Obrero (IP, izquierda nacionalista), Dogu Perinçek, que no reconocieron la jurisdicción del tribunal para juzgarles.

“No nos podéis juzgar, estáis violando competencias del Tribunal Constitucional”, se quejó Perinçek.

Los diarios liberales, izquierdistas e islamistas consideraron hoy este juicio como un paso “histórico” para que Turquía arregle las cuentas con la guerra sucia del llamado “estado profundo” -las conexiones entre mafia, ultranacionalismo y fuerzas de seguridad-, mientras que los diarios laicos y nacionalistas lo consideran un juicio político dirigido por el gobierno.

La polarización que suscita el proceso lo plasman las disputas entre el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, quien llegó a decir que se considera “un fiscal contra Ergenekon”, y el líder de la oposición nacionalista-laica, Deniz Baykal, quien respondió que, en ese caso, se siente “un abogado defensor” en el juicio.

“Por primera vez en la historia mundial se ve una comedia de este tipo, nosotros no hemos hecho nada en contra de la Constitución”, dijo el antiguo rector de la Universidad de Estambul Kemal Alemdaroglu.

Este académico ha sido imputado como uno de los dirigentes del ‘brazo civil’ de Ergenekon con la acusación de “incitar a la población a la revuelta armada contra el gobierno de la República de Turquía”.

Mientras Alemdaroglu penetraba en las dependencias de la penitenciaría, varios cientos de ultranacionalistas se habían congregado en los alrededores en señal de apoyo a los acusados y enarbolaban la bandera nacional y pancartas con lemas como “Ni EEUU, ni la UE, Turquía completamente independiente”.

“Esto no es un juicio, esta no es una acusación, es una lucha política”, dijo hoy en su editorial el diario nacionalista-laico ‘Cumhuriyet’ al que pertenecen dos de los acusados de la trama Ergenekon.

El Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk, que se encontraba entre los objetivos de la red golpista, criticó duramente la semana pasada a aquellos que subestiman el juicio e insistió en que sus miembros tenían planes de matarlo.

Vinculan a los asaltantes del Consulado de EEUU en Estambul con la red ultranacionalista Ergenekon

Antonio Cuesta. Estambul

Uno de los asaltantes al Consulado de los Estados Unidos el pasado mes de julio en esta ciudad podría tener relación con detenidos de la red criminal Ergenekon, publicó hoy el diario Zaman citando fuentes policiales.

Erkan Kargin, muerto en el ataque contra la legación estadounidense, habría mantenido contacto telefónico con algunos de los acusados de pertenecer a Ergenekon, actualmente en prisión, según se desprende de la investigación que sobre el caso se está llevando a cabo.

Las transcripciones de las conversaciones telefónicas interceptadas por orden judicial muestran que Kargin tenía relación con una célula del grupo ultranacionalista y pretendían infiltrase en la poderosa comunidad religiosa islamista de Ismail Aga.

Igualmente, las comunicaciones a través de internet dieron detalles sobre Erdal Öztas, otro de los asaltantes al consulado y muerto en el ataque, el cual también tenía contactos con numerosas personas del grupo terrorista Ergenekon, ahora bajo procesamiento judicial.

El pasado 9 de julio cuatro hombres armados dispararon contra el consulado de EEUU en Estambul y como resultado tres policías murieron y otros tantos asaltantes, entre los que se encontraban Kargin y Öztas.

Por su parte, la red Ergenekon fue desarticulada en enero del presente año y a los 86 acusados, 47 de ellos en prisión, se les acusa de formar un grupo terrorista para derrocar al gobierno, incitar a la violencia, así como de numerosos asesinatos y atentados.

Según se desprende de la investigación, este grupo ultranacionalista estaría integrado por altos oficiales del ejército en situación de retiro, periodistas y abogados, entre otros, quienes mantenían contactos dentro de las instituciones del Estado y del mismo estamento militar.

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