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Irán, Brasil y Turquía: acuerdo irreprochable

Editorial La Jornada

El acuerdo tripartito alcanzado ayer [el lunes] por los gobiernos de Irán, Brasil y Turquía para resolver el conflicto en torno al programa nuclear del primero de esos países desactiva en forma satisfactoria e irreprochable los argumentos con los que Estados Unidos y la Unión Europea (UE) han descalificado y satanizado los esfuerzos científicos de la república islámica: ésta enviará a territorio turco mil 200 kilos de uranio enriquecido en bajo grado y recibirá, a cambio, 120 kilos de ese metal, enriquecido en el grado que requiere su reactor atómico.

El pacto constituye, en suma, una manera adecuada de conciliar los aspectos hasta ahora en pugna: el temor occidental de que Teherán adquiera la capacidad para fabricar armas nucleares y la determinación iraní de seguir adelante con su desarrollo tecnológico y preservar su soberanía.

La propuesta anterior, formulada por la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), era semejante: estipulaba la entrega, por Irán, de sus existencias de uranio a Rusia, para que allí fuera enriquecido, y luego convertido por Francia en el combustible que necesita el reactor iraní.

Teherán rechazó esos términos, pues eran semejantes a una imposición e implicaban reconocer la potestad de las potencias atómicas de controlar las actividades nucleares de la república islámica, la cual está en su derecho de rechazar esa pretensión, sobre todo si se toma en cuenta que el empeño fiscalizador, concentrado en los últimos meses en el llamado Grupo de los 6 (G-6: Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania), es toda una muestra de doble moral, pues ni las potencias atómicas que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, ni Alemania, intentaron, en su momento impedir el desarrollo de armas atómicas por Israel, India y Pakistán.

En contraste, el convenio signado ayer en la capital iraní constituye un pacto entre iguales y, lejos de representar un ucase neocolonial, es la coronación de un esfuerzo de mediación de manifiesta buena voluntad que deja a salvo las inquietudes de las dos partes.

Los países que han pretendido prohibir el desarrollo de tecnología nuclear a Irán no tienen ya pretexto para porfiar en tal postura ni para rechazar los términos estipulados por Teherán, Brasilia y Ankara. Si, a pesar de todo, los gobiernos de Estados Unidos y Europa occidental siguieran empeñados en hostilizar a la república islámica y prohibirle cualquier actividad atómica, se evidenciaría que la preocupación por la proliferación nuclear es un mero pretexto para negar los derechos soberanos de un Estado integrante de la comunidad internacional que, hasta ahora, ha sido agredido y no agresor.

Quedaría claro también que, dicha por Occidente, la consigna de evitar la proliferación de armas atómicas o de destrucción masiva no apunta a crear un mundo más seguro, sino a mantener el monopolio de esos artefactos en manos de unos cuantos gobiernos, entre los que se encuentran dos particularmente belicosos: el de Estados Unidos y el de Israel.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/18/index.php?section=opinion&article=002a1edi

Irán exportará gas a Europa a través de Turquía

Antonio Cuesta. Prensa Latina

Turquía e Irán firmaron un acuerdo de colaboración en materia energética el cual prevé la realización de exploraciones conjuntas en el Golfo Pérsico y la canalización de gas hacia Europa, publicaron hoy medios de prensa locales.

La noticia fue ofrecida por el Ministro de Energía turco, Hilmi Gular, de visita en Teherán y por su homólogo persa Golamhuseyn Nozari, quien aclaró que el 50 por ciento del gas que se produzca en el marco del convenio será vendido a Turquía.

Según los expertos esa cantidad podría situarse en torno a los 23 mil millones de metros cúbicos para cada una de las partes.

En la actualidad Ankara importa del país persa unos 10 mil millones de metros cúbicos anuales de gas, aproximadamente un tercio de la demanda interna, por lo que se ha dado gran importancia a la firma de este convenio.

De cumplirse las expectativas, Turquía podría ver satisfechas totalmente sus necesidades internas gracias a que Irán cuenta con la segunda mayor reserva de gas en el mundo.

Nozari también explicó el proyecto de exportar 35 mil millones de metros cúbicos anuales de gas a Europa, utilizando para ello el territorio de Turquía.

La visita de Hilmi Güler a Irán para establecer un acuerdo de cooperación energética ha recibido críticas desde los Estados Unidos, que han visto como se debilita su intento de bloquear a la república islámica por avanzar en su proyecto de energía nuclear.

La guerra ruso-georgiana vista por la Unión Europea

Andrés Mourenza. EFE

La Unión Europea tiene la posibilidad de afianzar sus intereses estratégicos en el Cáucaso ya que, tras el papel jugado en la guerra entre Rusia y Georgia del pasado agosto, ha demostrado ser un factor de estabilización regional. Esta fue la conclusión del representante especial de la UE para el Cáucaso, Peter Semneby, tras la jornada “Leer el conflicto ruso-georgiano: repensar la política europea regional” organizado esta semana por el Instituto Francés de Estudios Anatolios (IFEA) en Estambul.

“Hay que pensar que el Cáucaso es una región vecina de la UE pues tras la ampliación de 2004 nos hemos convertido en un estado ribereño del Mar Negro, por lo que estamos interesados en su estabilidad”, explicó Semneby en declaraciones a EFE.

“El Cáucaso es un vecindario compartido por la UE y Rusia y su situación es también relevante para nuestras relaciones con Moscú. Además, la importancia del Cáucaso como suministrador de energía a Europa está creciendo. Así que la Unión Europea se concentrará cada vez más en el Cáucaso”, añadió.

Para Semneby, el hecho de que la UE “tomase la iniciativa” en la resolución del conflicto del pasado agosto entre Rusia y Georgia y el reciente despliegue de una misión de observadores, demuestran que el Club de los Veintisiete “tiene un compromiso con la región” y “es capaz de estabilizar el Cáucaso”. A nadie se le escapa que uno de los principales temores de los líderes europeos durante la guerra ruso-georgiana era que afectase a los oleoductos y gasoductos que transportan energía del Mar Caspio hacia Europa a través de Georgia y que son clave para la supervivencia de proyectos paneuropeos como el gasoducto Nabucco, que unirá Turquía y el centro de Europa.

Según señaló Semneby a EFE, las líneas energéticas que discurren por Georgia “no resultaron dañadas” por lo que “se seguirá trabajando con esos proyectos”, aunque no descartó la utilización de nuevas rutas energéticas a través de otros países caucásicos. “Este tipo de crisis demuestran que es necesario trabajar la seguridad energética y conseguir diversificar las rutas y los proveedores”, opinó Semneby.

A medida que transcurre el tiempo, se van aclarando los interrogantes que rodeaban la intervención del ejército georgiano en la región independentista de Osetia del Sur durante la noche del 7 al 8 de agosto y la posterior confrontación entre Rusia y Georgia, que los expertos reunidos en Estambul definen como “una guerra anunciada”. “El conflicto entre Rusia y Georgia no comenzó en agosto, ni ha terminado aún”, afirmó Thornike Gordadze, responsable del Observatorio del Cáucaso del IFEA en Baku (Azerbaiyán).

El analista de seguridad y columnista del diario opositor ruso ‘Novaya Gazeta’ Pavel Felgenhauer explicó que el ejército ruso había comenzado a preparar detalladamente la intervención en Georgia meses antes del verano ya que el “Estado Mayor de Rusia odia las improvisaciones desde el desastre de la Primera Guerra de Chechenia”.

De este modo, se convocaron las maniobras militares del ejército ruso en el Cáucaso Norte para el pasado julio, de manera que los soldados estuviesen en disposición de ser transportados rápidamente a la parte meridional de la región en caso de conflicto. Por su parte, los georgianos también se estaban preparando para la guerra ya que el presidente Mijeil Saakashvili “quería internacionalizar el conflicto para demostrar que Rusia es parte del problema (que afecta a las regiones irredentistas georgianas de Osetia del Sur y Abjasia)”, según Gordadze.

Además, de acuerdo a los datos de Jean Radvanyi, director del Centro Franco-Ruso de Ciencias Sociales y Humanas de Moscú, “Georgia fue intoxicada por las recomendaciones de diversos consejeros de la Secretaría de Estado de EEUU y representantes de grupos de intereses occidentales” y citó como ejemplo la holgada presencia de personajes relacionados con el magnate George Soros o la empresa militar Blackwater.

Según la versión del profesor ruso Boris Sokolov, el gobierno de Tbilisi decidió provocar la guerra con Rusia atacando Osetia del Sur porque temía una invasión a través de Abjasia -mucho mejor comunicada con la capital georgiana- para forzar la dimisión de Saakashvili. “De esta manera, Rusia sólo consiguió alcanzar Gori (ciudad cercana a Tbilisi) en los últimos días de la guerra, cuando la opinión internacional ya estaba en contra. La idea de Rusia era atacar después de los Juegos Olímpicos, pero Georgia se adelantó (intervino el día de la inauguración) para internacionalizar el conflicto”, añadió Sokolov.

El día 1 de octubre, la UE desplegó una misión de 200 observadores en Georgia y sus regiones irredentistas para verificar el cumplimiento del acuerdo entre las partes enfrentadas patrocinado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Así que, según los expertos, ha llegado la hora de que la Unión Europea aproveche para afianzar su papel en el Cáucaso, donde los Estados Unidos “han quedado desacreditados”, según dijo a EFE Jean Radvanyi.

Tango entre Rusia y Turquía en el Mar Negro

El siguiente artículo es un interesante análisis para entender lo que se ha estado cociendo en el Cáucaso, cómo Rusia y Turquía han pactado tácitamente el control de la región y su estabilidad y cómo la política de Georgia ha provocado finalmente la práctica exclusión de EEUU de la zona. Su autor es M K Bhadrakumar, un ex diplomático indio que sirvió en las embajadas de su país en la Unión Soviética y Turquía, entre otros destinos, y su texto, muy detallado, clarifica la situación mucho que más que otras informaciones interesadas publicadas en Europa o Estados Unidos.

M K Bhadrakumar. Asia Times

En medio del aluvión de actividad diplomática en Moscú de la semana pasada en relación al Cáucaso, el ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, sacó tiempo para una misión excepcionalmente importante en Turquía que podría demostrar un momento crucial en la seguridad y estabilidad de la vasta región compartida históricamente por ambos poderes.

Es más, la diplomacia rusa se está moviendo rápidamente incluso cuando las tropas rusas han empezado a volver a sus cuarteles desde Georgia. Moscú está tejiendo una complicada nueva red de alianzas regionales que se involucra profundamente en la memoria histórica colectiva rusa como potencia en el Cáucaso y en el Mar Negro.

El poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht se habría maravillado de la agenda de Lavrov, fuertemente marcada con “Círculos de tiza caucasiana” durante toda la semana pasada, con tramas y sub-tramas entrelazadas: una reunión extraordinaria del Consejo Europeo en Bruselas, una reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO, por sus siglas en inglés) en Moscú, tres homólogos extranjeros a los que recibir en Moscú (Karl de Gucht de Bélgica, Franco Frattini de Italia y Elmar Mamedyarov de Azerbayán), visitas de los presidentes de las recién independientes repúblicas de Osetia del Sur y Abjasia, y consultas con el representante especial de la Secretaría General de Naciones Unidas para Georgia, Johan Verbeke.

Sin embargo, Moscú señaló que las consultas con Turquía eran más importante. Lavrov renunció sumariamente a todas las citas en casa y se apresuró a ir a Estambul el martes [2 de septiembre] en visita de trabajo con el objetivo esencial lograr una conversación confidencial de unas horas con su homólogo, Ali Babacan. La misión de Lavrov puso de relieve el perspicaz sentido ruso de sus prioridades en la actual crisis regional en el Cáucaso y Mar Negro.

Rivales históricos se convierten en aliados

Es casi inevitable que haya una gran mordacidad histórica cuando Rusia y Turquía hablan del Mar Negro. Durante el asedio de un año a la base naval fortificada de Sevastopol en 1854-55 por los británicos y franceses la rusa zarista se dio cuenta de uno o dos verdades internas. Una, de que el papel de Turquía podía ser crítico para la seguridad de su flota del Mar Negro y, dos, que sin su flota del Mar Negro, no sería factible que Rusia penetrara en el Mediterráneo. Más importante, Rusia aprendió que se puede perder el terreno original de una guerra pero los protagonistas pueden continuar con hostilidades.

Cuando llegó finalmente la paz con el Congreso de París en 1856 las cláusulas del Mar Negro resultaron tremendamente desventajosas para Rusia, tanto que ese mismo año el Zar conspiró con el alemán Otto von Bismarck, denunció el acuerdo y siguió adelante con el restablecimiento de una flota en el Mar Negro.

El momento elegido para las consultas de Lavrov en Turquía resulta interesante. Daba la casualidad de que el vice-presidente estadounidense, Dick Cheney, estaba en la zona visitando Ukrania, Azerbayán y Georgia, y fomentando la animadversión hacia Rusia. Turquía no entraba en su itinerario. Moscú valoró hábilmente la necesidad de dinamismo político en relación a Turquía.

Moscú ha tomado nota cuidadosamente de que a diferencia de la OTAN y de la Unión Europea, la reacción de Turquía ante el conflicto en el Cáucaso ha sido manifiestamente tenue. Ankara expresó brevemente su preocupación por los acontecimientos, pero casi en términos meramente formales sin tomar partido. Por otra parte, Turquía es un país miembro de la OTAN y aspira a entrar en la Unión Europea. Fue un estrecho aliado de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Turquía será el claro beneficiario como centro energético si se materializa cualquiera de los grandiosos planes occidentales de circunvalar el territorio ruso y acceder a la energía del Caspio. Es el centro de almacenaje y distribución del oleoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan.

Por otro lado, Rusia está preparada para ser el principal socio comercial de Turquía, con un comercio anual que ya asciende casi a los 40.000 millones de dólares. El comercio invisible también es importante con dos millones y medio de turistas rusos que visitan Turquía cada año y con compañías turcas ampliamente implicadas en el sector de servicios ruso. Y Rusia abastece el 70% de las necesidades de gas natural de Turquía.

Así pues, ingeniosamente a Turquía se le ha ocurrido la idea de un “Pacto de Cooperación y Estabilidad en el Cáucaso” cuya principal virtud sería, por citar al comentarista turco Semih Idiz, “proporcionar a Turquía la opción de permanecer relativamente neutral en esta disputa, aun cuando esto no satisfaga a todo el mundo en Washington”. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, visitó Moscú el 12 de agosto para hablar con el Kremlin de la propuesta. Idiz añade: “Dicho de otra manera, Ankara no está en una posición de tomar postura en esta disputa en un momento en que está en perspectiva una nueva “línea divisoria entre oriente y occidente”, aun cuando sea miembro de la OTAN”.

Es sabido que Moscú odia las intrusiones en su “esfera de influencia” en el Cáucaso por parte de potencias exteriores. Sin embargo, en el caso actual el Kremlin dio rápidamente la bienvenida a la propuesta turca y accedió a mantener consultas para construir un diálogo bilateral y multilateral sobre todos los aspectos del problema del Cáucaso. El enfoque ruso es pragmático.

En primer lugar, era imprescindible comprometer a Turquía, una importante potencia regional, que ayudaba a mitigar el aislamiento regional de Rusia en la crisis. En segundo lugar, convenía involucrar a Turquía del lado ruso ya que no forma parte de la iniciativa de paz de la UE.

La influencia turca en el sur del Cáucaso es innegable. El volumen de negocios anual de Turquía con Georgia asciende a mil millones de dólares, un volumen considerable según el criterio de Georgia. Las inversiones turcas en Georgia superan los 500 millones de dólares. Turquía también suministró armas y proporcionó adiestramiento militar al ejército georgiano. Tradicionalmente las relaciones de Turquía con Azerbayán también ha sido estrechas.

Así pues, Moscú adoptó la perspectiva de que la propuesta turca podría proporcionar las bases para trabajar mecanismos para limitar el conflicto potencial de la región, y aumentar la estabilidad de la zona y actuar como contrapeso de los molestos pasos de occidente dirigidos contra los intereses rusos.

Lavrov dijo a Babacan que aunque “ en este punto es necesario crear las condiciones apropiadas” para la iniciativa de paz de Ankara, “incluyendo la eliminación de las consecuencias de la agresión contra Osetia del Sur, estamos absolutamente de acuerdo con nuestro socios turcos en que ahora se pueden y se deben sentar las bases para esta interacción”.

En el centro de las ideas rusas está la preferencia por un enfoque regional que excluya a las potencias exteriores. Lavrov era claro a este respecto. Señaló: “Para nosotros el principal valor de la iniciativa turca es que es de sentido común y asume que los países de cualquier región y, en primer lugar, los países que pertenecen a esta región deberían decidir por sí mismos como llevar sus asuntos en ella. Y los demás deberían ayudar, pero no dictar sus recetas”.

Lavrov estaba insinuando su desagrado en relación al papel estadounidense. Continuó: “Por supuesto, esto será un esquema abierto, pero la iniciativa corresponderá a los países de la zona. Esto es aproximadamente lo mismo que la ASEAN [Association of Southeast Asian Nations, Asociación de Naciones del Sudeste Asiático] que tiene muchos socios[10], pero sus miembros definen la agenda de trabajo para la región y la vida de la región”.

El enfoque ruso es dar la bienvenida a una “entente cordial” con Turquía en la región del Mar Negro, que frustra los intentos estadounidenses de aislar a Rusia en su patio trasero tradicional. Durante la visita de Lavrov a Estambul ambas partes estuvieron de acuerdo en la “necesidad de hacer más uso de los mecanismos de los que ya disponemos (la Black Sea Economic Cooperation Organization [Organización de Cooperación Económica del Mar Negro, con base en Estambul] y la Blackseafor [fuerza regional naval]) y desarrollar la idea turca de una armonía en el Mar Negro, que tiene un carácter cada vez más multilateral y practico”.

Curiosamente, en la conferencia de prensa en Estambul al lado de Babacan, Lavrov hizo una elipsis descomunal en su hilo de pensamiento al relacionar los intereses compartidos rusos y turcos en emprender iniciativas conjuntas con otras dos cuestiones regionales, Iraq e Irán. Afirmó: “Esencialmente desde las mismas posturas, abogamos también por que se emprendan los pasos necesarios para resolver definitivamente la situación en Iraq sobre la base de la integridad territorial y soberanía de este Estado. También son similares nuestros enfoques en relación a la necesidad de un acuerdo político pacífico respecto a la situación en torno al programa nuclear iraquí”.

Hay que analizar detenidamente el verdadero alcance de las declaraciones de Lavrov. Tiene profundas ramificaciones. Se puede entender en el telón de fondo de las ideas estadounidenses en el pasado de utilizar la costa este del Mar Negro como escala para sus operaciones militares en

Iraq y un potencial ataque a Irán, que Ankara rechazó con firmeza para gran alivio de Moscú. Basta con decir que estuvo brillante al lanzar la idea de relacionar Iraq e Irán con el marco regional ruso-turco en relación a la cooperación y seguridad.

La cuestión de los estrechos

Pero en términos inmediatos Moscú tiene los ojos puestos en la presión militar estadounidense en el Mar Negro. En la raíz de la situación actual está la denominada “cuestión de los estrechos”. Brevemente, a Moscú le gustaría que Ankara siguiera resistiendo a los intentos estadounidenses de revisar la Convención de Montreux de1936, que confiere a manos turcas el control de los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos. Estados Unidos no participó en la Convención de 1936 que restringe severamente el paso de barcos de guerra por los dos estrechos turcos al Mar Negro y prácticamente garantiza el Mar Negro como un parque infantil turco-ruso.

La Convención de Montreux es crítica para la seguridad rusa (durante la Segunda Guerra Mundial, Turquía negó a las potencias de Eje el permiso para enviar barcos de guerra al Mar Negro para atacar a la tropa naval soviética basada en Sebastopol).

En el escenario posterior a la Guerra Fría, Washington ha estado aumentando la presión sobre Turquía de manera que renegocie la Convención de Montreux para convertir progresivamente el Mar Negro en un dominio exclusivo de la OTAN. Turquía, Rumanía y Bulgaria son países de la OTAN; Estados Unidos tiene bases en Rumanía; Estados Unidos espera reclutar a Ukraina y Georgia para la OTAN. Por consiguiente, la resistencia Turca a los ruegos estadounidenses en relación a renegociar la Convención de Montreux cobra una importancia enorme para Moscú (durante el actual conflicto del Cáucaso Estados Unidos pretendía enviar al Mar Negro dos enormes barcos de guerra de 140.000 toneladas cada uno de ellos, con el claro objetivo de proporcionar “ayuda” a Georgia, pero Ankara negó el permiso alegando que este paso por el Bósforo violaba las provisiones de la Convención de Montreux).

Moscú agradece el matiz en la política turca. En realidad, Moscú y Ankara comparten el interés de mantener el Mar Negro como su dominio exclusivo conjunto. En segundo lugar, con toda razón Ankara es consciente de que cualquier paso hacia reabrir la Convención de Montreux (que Kemal Ataturk negoció por Turquía con gran habilidad, sabiduría política y previsión en unas condiciones muy adversas) abriría la caja de Pandora. Muy bien podría convertirse en un paso hacia la reapertura del Tratado de Lausanne de1923, la piedra angular sobre la que se erigió el Estado turco moderno sobre los restos del Imperio Otomano.

El destacado analista político turco Tahya Akyol describía muy bien el paradigma en un artículo del periódico liberal Milliyet: “La geografía de Anatolia requería dar prioridad a mirar hacia el oeste durante las eras bizantina y otomana, sin ignorar nunca el Cáucaso y Oriente Próximo. Por supuesto, los matices cambian dependiendo de los acontecimientos y de los problemas. Una Turquía dirigida hacia el oeste no debería ignorar nunca Rusia, el Mar Negro, el Cáucaso, Oriente Próximo o el Mediterráneo. La sinfonía de matices cambiantes y complicados depende de la habilidad de nuestra política exterior y de las dimensiones de nuestro poder. No existe una política infalible, pero Turquía ha evitado cometer graves errores de política exterior. Sus principios básicos son sólidos”.

Moscú tiene un profundo conocimiento del pragmatismo por excelencia de la política exterior “Kemalista” turca (Ataturk tendió la mano a los bolcheviques a principios de los años veinte). Lavrov deslizó con delicadeza las páginas de la historia contemporánea. En Estambul afirmó que la Rusia post-soviética no sentiría ningún “factor constriñente” en el hecho de que Turquía fuera miembro de la OTAN mientras ambas potencias permanecieran “verdaderamente sinceras, verdaderamente se tuvieran confianza y verdaderamente se tuvieran respeto mutuo”. ¿Qué quería decir?

Desde la perspectiva rusa lo que importa es que Turquía no utilice el hecho de ser miembro de la OTAN en detrimento de los intereses de Rusia, aun cuando cumpla legítimamente con sus obligaciones y compromisos con la alianza. En otras palabras, Lavrov recordó que Turquía no debía olvidar sus “otros compromisos y obligaciones internacionales” como “el marco de los tratados internacionales que gobiernan en régimen existente en el Mar Negro, por ejemplo”.

A Lavrov le tranquilizó que “Turquía nunca sitúa sus compromisos con la OTAN por encima de sus otras obligaciones internacionales, sino que siempre sigue estrictamente el conjunto de todas aquellas obligaciones que tiene. Este es un rasgo muy importante que no es característico de muchos países. Nosotros lo apreciamos y nos esforzamos por mejorar nuestras relaciones de la misma manera”. Para asegurase, dejó tras de sí mucho sobre lo que reflexionar para sus huéspedes turcos.

El tablero de ajedrez del Cáucaso

Mientras tanto, por usar la metáfora de Akyol, efectivamente ha empezado una nueva “sinfonía” en el Mar Negro y en el sur del Cáucaso. A los observadores internacionales, que reducen la discordia actual a la del apoyo de Rusia al principio de autodeterminación, los árboles no les dejan ver el bosque.

Después de evaluar la capacidad real de la OTAN de emprender una guerra contra Rusia en el Mar Negro (un experto militar ruso valoró que Moscú necesitaría veinte minutos para hundir la flota de la OTAN) Rusia ha anunciado su intención de desplegar tropas regulares en los recién independientes Estados de Osetia del Sur y Abjazia según los tratados de “amistad, cooperación y ayuda mutua” que Rusia firmó con ellos en Moscú el martes pasado [2 de septiembre]. El ministro de Defensa, Anatoly Serdyukov, afirmó que en Osetia del Sur y Abjazia se desplegaría, en cada una de ellas, un contingente superior a una brigada.

En términos prácticos Rusia ha reforzado su presencia en la zona del Mar Negro. El pasado martes Lavrov explicó en Moscú que “Rusia, Osetia del Sur y Abjazia tomarán todas las medidas conjuntas posibles para eliminar y evitar amenazas a la paz o intentos de destruirla, y para contrarrestar actos de agresión contra ellos por parte de cualquier país o de cualquier grupo de países”. Afirmó que Moscú esperaba que en lo sucesivo cualquier discusión en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre cuestiones de seguridad regional carecieran de “sentido” sin representantes de Osetia del Sur y Abjazia, una condición previa que con toda seguridad Washington rechazará.

Del mismo modo, por todo el Cáucaso se oye otra sinfonía ruso-turca. El pasado sábado [6 de septiembre] el presidente turco, Abdullah Gul, voló a Yerevan, rompiendo así hielo existente desde hace un siglo en las relaciones entre Turquía y de Armenia. Moscú fomenta este deshielo. Yerevan espera beneficiarse de la concordia regional entre Rusia y Turquía para normalizar las relaciones con Ankara y volver a abrir la frontera armenio-turca tras un periodo de casi un siglo. Se espera que el presidente armenio, Serge Sarkisian, visite Turquía el 14 de octubre. Los discretos canales que durante meses han estado trabajando discretamente en Suiza han sido elevados al nivel formal. Sigue habiendo un escollo, especialmente en relación al complicado problema de Nagorno-Karabakh. Una vez más, Washington se podría alarmar y empezar a tirar de las cuerdas entre la diáspora armenia en Estados Unidos, y viceversa.

En todo caso, Gul visitó Baku, Azerbayán, el miércoles [10 de septiembre] para dar instrucciones a los dirigentes azeríes. En el mismo contexto, el ministro de Asuntos Exteriores azerí, Elmar Mamedyarov, visitó Moscú el fin de semana pasado tras una conversación telefónica entre el presidente ruso, Dmitry Medvedev, y su homólogo azerí, Ilkham Aliyev. Medvedev invitó a Aliyev a visitar Moscú. El presidente armenio Sarkisian visitó recientemente Moscú.

El periódico ruso Kommersant citó una fuente del Kremlin para informar de que Moscú podría organizar una cumbre armenia-azerí. En ese caso, al trabajar conjuntamente Rusia y Turquía efectivamente están pasando por encima de Europa y de Estados Unidos. Hasta la fecha, el denominado grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa ha estado dirigiendo proceso de paz de Nagorno-Karabakh (curiosamente, Rusia es miembro del grupo de Minsk, mientras que Turquía sigue estando excluida).

Baku desaira a Cheney

Citando Kommersant, “Moscú y Ankara están consolidando sus posturas en el Cáucaso, con lo que debilitan así la influencia de Washington aquí”. Las señales ya están ahí. Cuando el miércoles pasado Cheney visitó Baku en una misión cuyo claro objetivo era aislar a Rusia en la zona se encontró con unas cuantas sorpresas desagradables.

Los azeríes cambiaron su tradicional hospitalidad hacia los dirigentes estadounidenses que les visitan ofreciendo a Cheney una recepción de bajo nivel en el aeropuerto. Además, lo tuvieron plantado todo un día hasta que finalmente lo recibió Aliyev. Y ello a pesar de lo que Cheney siempre pensó que había una química especial entre él y el dirigente azeri que databa de sus días en Halliburton (Aliyev dirigía la petrolífera estatal SOCRAM.)

Cheney acabó por emplear todo un día en visitar la embajada estadounidense en Baku y en conversar con ejecutivos del petróleo estadounidenses que trabajan en Azerbayán. Cuando finalmente Aliyev lo recibió al final de la tarde, Cheney descubrió para su turbación que Azerbayán no estaba de humor para confabularse contra Rusia.

Cheney transmitió la solemne promesa de la administración de George W Bush de apoyar a los aliados de Estados Unidos en la zona contra el “ revanchismo” ruso. Expuso la determinación de Washington en la situación actual de castigar a Rusia a cualquier precio impulsando el proyecto de gaseoducto Nabucco. Pero Aliyev dejó claro que no quería ser arrastrado a una disputa con Moscú. Cheney estaba profundamente disgustado y lo mostró declinando asistir al banquete de Estado azeri en su honor. Poco después de su conversación con Cheney, Aliyev habló con Medvedev por teléfono.

La postura azerí demuestra que, contrariamente a la propaganda mediática estadounidense, la firme postura rusa en el Cáucaso ha aumentado su prestigio y su posición en el espacio post-soviético. En su reunión de Moscú el 5 de septiembre la CSTO respaldó enérgicamente la postura rusa en el conflicto con Georgia. El 1 y 2 de septiembre el primer ministro ruso, Vladimir Putin, emprendió una vista muy significativa a Tashkent con el objetivo de impulsar el entendimiento ruso-uzbeko acerca de la seguridad regional. Rusia y Uzbekistán han establecido una mayor cooperación en el campo de la energía, incluyendo la expansión del sistema de gaseoductos de la era soviética.

Kazajastán, que apoyó abiertamente a Rusia en la crisis del Cáucaso, está mejorando sus compañías petrolíferas adquiriendo activos en Europa junto con la rusa Gazprom. Todo indica que Tajikistán ha accedido a una expansión de la presencia militar en Tajikistán, incluyendo el asentamiento de sus bombarderos estratégicos. Es más, la aprobación por parte de la CSTO del reciente paquete de propuestas rusas sobre el desarrollo de un tratado europeo (post-OTAN) sobre seguridad es un valioso logro diplomático de Moscú en este momento.

Pero en términos tangibles lo que más satisface a Moscú es que Azerbayán ha reaccionado a las tensiones del Cáucaso y al cierre temporal del oleoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan enviando sus exportaciones a Europa vía el oleoducto Baku-Novorossiysk de la era soviética. A Cheney no se le ha debido de pasar por alto la dramática ironía de que de la noche a la mañana Baku pase del oleoducto patrocinado por Estados Unidos que evita Rusia a uno de la era soviética atraviesa el centro de Rusia.

Más preocupante para Washington es la propuesta rusa puesta sobre la mesa de Aliyev ofreciendo a Moscú preparse para comprar todo el gas de Azerbayán a precio del mercado mundial, una oferta que las compañías petrolíferas occidentales posiblemente no puedan igualar. Es una oferta que Baku considerará seriamente dado el telón de fondo del nuevo escenario regional.

El fracaso total de la misión de Cheney en Baku podría parecer que supuesto para Washington la muy desagradable sorpresa de comprobar que Moscú ha desactivado, efectivamente, la diplomacia de cañón de Bush en el Mar Negro. Como afirmaba gravemente el diario New York Times el martes, “Tras un considerable debate interno, la administración Bush ha decidido no emprender una acción punitiva directa [contra Rusia] … concluyendo que tiene poca fuerza si actúa unilateralmente y que sería mejor presionar para lograr un consenso crítico internacional dirigido desde Europa”.

El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, explicó al diario que Washington prefiere un enfoque estratégico a largo plazo “[y] no uno en que actuemos de forma reactiva de manera que tenga consecuencias negativas”. Añadió cautelosamente: “Si reaccionamos demasiado precipitadamente, puede que seamos nosotros quienes quedemos aislados”. El propio Cheney ha atenuado su retórica inicial de castigar severamente a Rusia. Ahora cree que debe permanecer abierta la puerta para mejorar las relaciones con Rusia y que relanzar las futuras relaciones con Estados Unidos es una elección que deben hacer los dirigentes de Moscú.

Pero parece que Turquía ha hecho su elección. Por la velocidad a la que Erdogan invocó la idea un Pacto de Estabilidad en el Cáucaso, parece que Turquía ya estaba preparada para ello desde hacía tiempo. No es tan fácil como parece utilizar siempre los factores de geografía e historia para una obtener una ventaja geopolítica. Además, como sugiere su engañoso nombre, el Mar Negro es ahora un irisado mar azul lleno de delfines jugetones, pero los piratas y los marineros quedaron cautivados por su negra apariencia cuando el cielo se cernía sobre ellos cargado de nubes de tormenta.

El embajador M K Bhadrakumar era diplomático de carrera del ministerio de Asuntos Exteriores indio. Estuvo destinado en la Unión Soviética, Corea de Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía.

Enlace con el original: http://www.atimes.com/atimes/Central_Asia/JI12Ag02.html

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

La maraña energética del Cáucaso se tambalea: la guerra entre Rusia y Georgia vista desde Turquía

Andrés Mourenza. Noticias desde Turquía

Lo primero en que pensé cuando comenzó la guerra entre Rusia y Georgia por las regiones independentistas de Abjazia y Osetia del Sur fue en mi querido amigo georgiano Misha y su familia. En su prima Elene, que con 15 años habla un español casi perfecto, en su madre y sus tíos emigrados a Estambul. En las reuniones de bailarines y pianistas del restaurante La Flecha Dorada cerca de Taksim. En cómo cada uno de ellos sabe tocar un instrumento musical casi a la perfección. En el padre de Elene al teclado, tocando canciones de compositores clásicos españoles. En los deliciosos hígados con granada, el pollo frío con almendras y el vino peleón.

Afortunadamente, para entonces Misha se había resguardado en su ciudad de origen Batumi (situada en la otra república autónoma de Georgia, la de Adjaria, esta sin aspiraciones independentistas). Pero el mensaje que me envió cuando le pregunté por su situación no me reconfortó en absoluto: “La situación es muy mala. Nosotros estamos bien y listos para luchar”.

Mientras Misha y yo coincidimos en Estambul nunca hablamos demasiado de política. Cuando nos conocimos en 2005 le pregunté por la situación de Georgia dos años después del acceso al gobierno del actual presidente, el pro estadounidense Mijeil Saakashvili, tras la llamada Revolución de las Rosas, que depuso a Eduard Shevardnadze, quien también actuó como aliado occidental aunque no eran un ferviente anti-ruso como el actual jefe de estado y se mostraba partidario de trabajar también con los rusos. Mi amigo me respondió que tenía “muchas esperanzas” en el nuevo presidente (Saakashvili) y en que solucionase la corrupción y pobreza del país.

Dos años después volvimos a hablar del mismo tema y reconoció que la situación económica apenas había mejorado con el líder del Revolución Rosa, eso sí, el nacionalismo anti-ruso de Misha había aumentado. Por lo que no hace falta ser un genio para descifrar cuál ha sido la política de Saakashvili en sus cinco años de gobierno: explotar las diferencias con sus regiones irredentas, organizar expediciones que mosqueasen a los rusos y concursos de tiro al plato con los aviones de Moscú.

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Volitan, energías alternativas aplicadas a la navegación

Antonio Cuesta. Estambul

“Volitan” es el nombre de un novedoso proyecto naútico desarrollado íntegramente por los diseñadores turcos Hakan Gursu y Sozun Dogan y que esperan marque el inicio de lo que definen como “econavegación”.

La embarcación, bautizada como “pez volador”, será según sus creadores el símbolo del concepto de sostenibilidad ambiental aplicado a la tecnología y los usos marítimos, pues sus principios se basan en el uso de avanzados materiales y energías alternativas.

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Turquía, Georgia y Azerbayán impulsan la ‘nueva ruta de la seda’

Antonio Cuesta. Estambul

La prensa local se hizo eco hoy del importante proyecto ferroviario, denominado ya como la nueva Ruta de la Seda, que unirá en un futuro cercano China con Londres, a través de Turquía.

Presentado e impulsado por los presidentes de Turquía, Abdullah Gül, Georgia, Mikhail Saakashvili, y Azerbayán, lham Aliyev, el nuevo enlace viario estará destinado principalmente al tráfico de mercancías y se espera que entre en funcionamiento en 2009. Por el momento, y antes de finales del próximo año, se finalizarán algunos tramos que faltan entre estos tres países para, posteriormente, unirse a través de Kazahastán con China por el este, y a la red europea por Estambul, hacia el oeste.

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Ankara y Atenas inauguran gasoducto

Antonio Cuesta. Estambul

Turquía da un paso importante en su camino hacia Europa

Turquía y Grecia inauguraron ayer el tramo inicial del que será el primer gasoducto que lleve desde Asia central y el Mar Caspio gas natural a Europa, atravesando Turquía, sorteando de este modo la fuerte dependencia que tiene el continente de las fuentes energéticas rusas.

La ceremonia tuvo lugar en el punto fronterizo de Ipsala, una zona fuertemente militarizada por parte de ambas naciones, y tras un apretón de manos en medio del puente sobre el río Evros -límite fronterizo-, el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, declaró que la obra será una fuente de desarrollo económico para toda la región y coloca a Turquía es el centro del nudo energético.

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Guerra de amenazas y juego de intereses en un doble escenario

Antonio Cuesta. Estambul

La iniciativa militar de Ankara contra las bases del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Iraq es sólo la parte visible de un problema que abarca otras cuestiones cruciales para el futuro de la zona.

Analizando la avalancha de artículos publicados en estos días con motivo de la iniciativa militar de Turquía contra el norte de Iraq, resulta sorprendente que la mayoría de ellos se deslicen simplemente entre la propaganda militar y las declaraciones públicas de los líderes políticos turcos y kurdos. Adoptando muchos de ellos una actitud veladamente complaciente con los Estados Unidos, como si éstos quisieran garantizar los derechos históricamente negados al pueblo kurdo.

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Turquía deberá encontrar alternativas que sustituyan su dependencia del gas iraní

Presiones de EEUU para debilitar la economía de Irán

Antonio Cuesta. Estambul

Estados Unidos presiona a sus aliados asiáticos, entre ellos Turquía, para que busquen alternativas energéticas con el objetivo de sustituir a los hidrocarburos procedentes de Irán, reveló ayer el periódico Turkish Daily News.

Por el momento no existe confirmación oficial de esta postura por parte del gobierno de Ankara, sin embargo, el pasado miércoles el Subsecretario de Estado norteamericano Nick Burns reconoció ante el Senado de su país que se estaban llevando a cabo esfuerzos en esa línea.

El funcionario habló sobre las probables sanciones financieras que habrán de aplicarse sobre Irán ante su negativa a abandonar su programa nuclear pacífico, y en este sentido afirmó que sus aliados de la OTAN deberían renunciar a mantener tratos comerciales con el país persa.

Preguntado por el caso de Turquía, Burns señaló que de cara al futuro deberá encontrar mercados alternativos que sustituyan su dependencia del gas iraní.

Aunque no apuntó ninguna posibilidad, la oposición estadounidense a que el gobierno de Ankara pudiera optar por Rusia en esta disyuntiva, dejó en el aire que la única salida aceptable sería la compra a Azerbayán, a través del gaseoducto que cruza Georgia.

En efecto, hace unos días el subsecretario norteamericano para asuntos europeos y eurasiáticos, Matthew Bryza, mostró su preocupación ante la enorme cuota de mercado alcanzada por el consorcio ruso gasífero Gazprom que ya supone el 65 por ciento del gas importado por Turquía.

Intranquilo por esta cuestión, Washington firmó el jueves un acuerdo con Azerbayán por el que, bajo la justificación de un diálogo sobre la seguridad energética de la región, se persigue el objetivo de obstaculizar las exportaciones de gas y petróleo de Irán y Rusia.

Pero los funcionarios estadounidenses aseguran que esta firma no va contra ningún país en concreto, y que la existencia de otras líneas de suministro hacia Europa reforzaría la competencia.

Bajo esa argumentación, Turquía, que es además el cuarto receptor mundial de ayuda militar estadounidense, se verá obligada a renunciar a una de sus dos principales fuentes de aprovisionamiento energético, Irán, y a no aumentar sus compras a la otra, Rusia.

Su única opción pasa por la compra del gas azerí y a permitir las construcciones de un nuevo gaseoducto por la ciudad noreste de Erzurum y una tubería de distribución, denominada Nabucco, que llevará el gas del Mar Caspio a Bulgaria, Rumanía, Hungría y Austria.

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