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Orhan Pamuk y los terremotos en Turquía

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

En 1999 Orhan Pamuk terminó, tras años de trabajo, su novela “Me llamo Rojo”. En 1999 Turquía sufrió unos de sus peores terremotos.

Poco tiempo después de que el nobel turco escribiera en su cuaderno personal sus impresiones sobre el libro final y felizmente acabado, recorrió las calles de la azotada Yalova, en la costa sur del Mar de Mármara. Si en el cuaderno expresó su deseo de que los lectores “sintieran con fuerza la crueldad de la historia y también la belleza del mundo perdido” en su visita a la ciudad castigada por el terremoto pudo ser testigo personal de otra crueldad y otras pérdidas. El desastre de un seismo que causó miles de muertos. La zozobra de todos aquellos que quedaron desamparados, a merced de una ayuda humanitaria que pudiera suplir lo que nunca llegó por parte del Estado.

Pamuk deambuló por calles aniquiladas:

…entre edificios derribados, hundidos, hechos pedazos, coches que habían quedado bajo los escombros, postes eléctricos, muros, alminares caídos, pisando los trozos de hormigón, los cristales rotos y los cables eléctricos y telefónicos que cubrían las calles. […] en la calle las personas enseguida empezaban a hablar unas con otras sin ninguna formalidad y olvidando las normas de cortesía. No sólo los que preguntaban direcciones, buscaban desaparecidos o protestaban de las autoridades y los constructores, también los que lloraban por sus muertos o heridos empezaban a contarte sus historias sin que se lo pidieras. El desastre había provocado en todos la sensación de que el mundo era, en realidad, un lugar totalmente distinto del que creían. Era como si las más secretas y despiadadas leyes de la vida hubieran salido a la luz, como los muebles de esas casas cuyos muros se habían desplomado dejando ver el interior.

Esas secretas y despiadadas leyes -que no son otras que las del libre mercado- han vuelto a salir a la luz en el reciente terremoto sufrido en la provincia de Elazig, donde oficialmente murieron 41 personas.

Dicen los especialistas que “en un país desarrollado, un terremoto de magnitud 6 ni siquiera daña los edificios”, pero no creo que eso sirva de consuelo para los familiares de las víctimas y el resto de los supervivientes. Lo cierto es que el abandono del Estado a los sectores más desfavorecidos provoca que cualquier catástrofe natural evitable se convierta en una tragedia.

En las aldeas más afectadas, dedicadas a la ganadería de subsistencia, la mayoría de las casas que se vinieron abajo estaban construidas con adobe y la mayoría de las muertes ocurrieron al derrumbarse los techos de las viviendas. “Habíamos avisado de que Elazig es una zona de fuerte actividad sísmica y que todas las viviendas deben tener ciertas condiciones de seguridad” aseguraron los expertos. Pero nadie había hecho caso.

Turquía dilapida miles de millones de dólares para armar al segundo ejército más numeroso de la OTAN, tras el estadounidense, pero al parecer no tiene recursos para proteger la vida de sus ciudadanos más necesitados.

El Tribunal Constitucional de Turquía evita que los militares puedan ser procesados por la justicia civil

Andrés Mourenza. El Periódico

El Tribunal Constitucional de Turquía cerró ayer el paso a que los militares rindan cuentas ante la justicia ordinaria. Considera así contraria a la Carta Magna una reforma legal aprobada por el Parlamento turco en julio que permitía a los tribunales civiles juzgar a personal militar e impedía a las cortes castrenses juzgar a civiles en tiempos de paz.

En su informe sobre los progresos anuales de Turquía publicado el pasado octubre, la Comisión Europea aplaudió la reforma impulsada por el Gobierno del conservador Recep Tayyip Erdogan, ya que suponía «alinear Turquía con las prácticas de la UE». Pero en un país donde los generales, autores de cuatro golpes de Estado en los últimos 50 años, conservan un gran poder político y económico, esta reforma no fue del todo bienvenida y la principal formación de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP, kemalista laico), decidió plantear un recurso de inconstitucionalidad que ayer el alto tribunal aceptó por unanimidad.

DISCREPANCIA

La sentencia del Constitucional ha sentado mal en el Gobierno, que ha manifestado su discrepancia a través de varios ministros. Al parecer del Ejecutivo se ha sumado el pequeño grupo de jueces demócratas, que ha indicado que el fallo es contrario «al principio natural del Derecho» y supone «impedir la posibilidad de luchar de manera legal contra los golpes de Estado». Y es que esta sentencia tendrá un efecto inmediato en los juicios contra la trama Ergenekon, una supuesta red golpista de ideología ultranacionalista en la que estarían implicados altos mandos del Ejército, cuya investigación había sido saludada desde la UE como «el primer intento en la historia moderna de Turquía de llevar a golpistas ante la justicia».

El veredicto constitucional es, además, un nuevo varapalo al Gobierno de Erdogan después de que, en diciembre, los jueces ilegalizasen la principal formación kurda, el Partido de la Sociedad Democrática, dejando así malherido el incipiente proceso de paz con los kurdos. La normalización diplomática con la vecina Armenia también ha quedado estancada, así como las negociaciones sobre la dividida isla de Chipre, dos asuntos en los que el Gobierno de Ankara había complacido a la comunidad internacional.

En su memoria anual, la oenegé Human Rights Watch (HRW) denunció ayer que los fallos de la justicia turca continúan «desoyendo las leyes internacionales de derechos humanos y la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos» y que el «sistema judicial [de Turquía] es aún un foco de resistencia institucionalizada a las reformas».

REFORMA

Las últimas decisiones judiciales han reforzado en Turquía el frente de la oposición, formado por los partidos kemalistas y nacionalistas, junto a miembros de las Fuerzas Armadas y la judicatura, por lo que al Gobierno de Erdogan solo le queda jugar su última carta: aprobar una nueva Constitución. Tras su reelección en el 2007 y siguiendo las recomendaciones de intelectuales, organizaciones de derechos humanos y la UE, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) prometió una nueva Carta Magna que sustituya a la actual (redactada en 1982 por la Junta Militar), pero esa promesa ha quedado en el aire por el recelo que despierta entre los sectores más inmovilistas.

Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=680791&idseccio_PK=1007&h=

Detienen a 23 personas por solidarizarse con el objetor de conciencia Enver Aydemir

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

Durante la mañana de ayer 23 personas fueron detenidas por la policía en Ankara, mientras participaban en una concentración que exigía la liberación inmediata del objetor de conciencia Enver Aydemir.

Durante la protesta se gritaron consignas como “Mientras uno de nosotros no sea libre estaremos todos presos”, “No calléis ante el militarismo” y “Enver Aydemir libertad”. Después de la lectura de un comunicado, la policía quiso llevar a cabo identificaciones, a lo que se opusieron los concentrados, deteniendo finalmente a una veintena de ellos.

Para hoy está convocada una nueva concentración, esta vez ante el instituto Galatasaray en Estambul, para exigir la liberación de los detenidos en el día de ayer y la de Enver Aydemir.

La protesta se organiza conjuntamente con otros grupos antimilitaristas, antiautoritarios y solidarios, como la “Iniciativa de solidaridad con el insumiso Enver Aydemir”.

Persecución desde 2007

Aydemir fue detenido en Estambul el pasado 24 de diciembre cuando se dirigía a una conferencia sobre la objeción de conciencia. Sobre él pesaba una orden de arresto por insubordinación y deserción, que se remonta a su anterior paso por prisión en 2007.

Tras pasar por comisaría se e trasladó a la prisión militar de Maltepe, donde en 2008 fue torturado Ismail Saygi (otro objetor de conciencia).

Según denunció su abogado, Davut Erkan, Aydemir fue golpeado por negarse a vestir el uniforme de la prisión. Posteriormente, fue despojado de su ropa y mantenido en ropa interior hasta la mañana siguiente. Como protesta por las vejaciones recibidas el joven insumiso comenzó una huelga de hambre.

El sábado 26 fue trasladado por la fuerza a la enfermería y alimentado por vía intravenosa contra su voluntad.

En julio de 2007 Aydemir se declaró objetor de conciencia alegando convicciones religiosas y negándose a realizar el servicio militar obligatorio en Turquía. Encarcelado en la prisión de Erzurum 1, donde fue agredido, permaneció durante más de dos meses en espera de juicio por insubordinación. Tras la vista judicial, en octubre del mismo año, fue puesto en libertad. La nueva detención se basa en los mismos cargos.

La organización War Resisters’ International ha puesto en marcha una campaña a través de internet para conseguir la libertad de Enver Aydemir.

Turquía se acerca a un estratégico cruce de caminos

Txente Rekondo. Gara

Diversos acontecimientos durante las últimas semanas han enredado todavía más la ya de por sí delicada situación de Turquía. El conflicto con el pueblo kurdo, el juicio en torno a la «red Ergenekon», las tensiones entre diferentes instituciones del Estado y el supuesto intento de atentado contra el viceprimer ministro y las posteriores detenciones de militares, son algunas de las fichas del panorama turco, que podría estar situando al puente entre Asia y Europa en una encrucijada.

El año que acaba de finalizar ha estado marcado en buena medida por las diferentes iniciativas en torno al pueblo kurdo. La decidida apuesta de los representantes del norte de Kurdistán para buscar una solución negociada a tantos años de conflicto político y militar motivó la apertura de una ventana a la esperanza. En un primer momento, desde el Gobierno de Ankara se optó por el silencio, pero según iba tomando cuerpo la iniciativa kurda, los dirigentes del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) pusieron sobre la mesa su propuesta.

Ese paso dado por el Gobierno turco encontró importantes reticencias y rechazos dentro de la oposición parlamentaria turca entre las filas del propio Ejército, ambos, junto con la burocracia kemalista, defensores de un status quo que excluye toda salida negociada con el pueblo kurdo. Esas dificultades, añadidas a la postura indecisa dentro de las propias filas del AKP (que vio cómo su estrategia de desbancar electoralmente a los partidos kurdos fracasaba), pondría la llamada «iniciativa democrática» en una difícil tesitura.

Mientras que los representantes kurdos (Abdullah Öcalan, DTP y sectores de la sociedad del norte de Kurdistán) daban muestras fehacientes de su decisión de encontrar las vías para encaminar la solución al conflicto, las provocaciones militares (que encontraban respuesta en algunas unidades del PKK) y las presiones de los poderes fácticos turcos frenaban cualquier avance serio.

La ilegalización del Partido de la Sociedad Democrática (DTP), las posteriores detenciones de decenas de dirigentes y representantes civiles del norte de Kurdistán, los escasos o nulos avances en materia de derechos lingüísticos (el uso de otras lenguas diferentes al turco es un delito) o culturales, las continuas operaciones militares (buscando «crear una atmósfera que impida cualquier solución pacífica»), el régimen de aislamiento y encarcelamiento de Öcalan, son algunas muestras que impiden presentar la supuesta buena fe del Gobierno turco en este asunto.

El pueblo kurdo, a través de sus representantes, sigue manifestando su clara apuesta por encontrar una solución negociada. El propio Öcalan manifestó hace semanas que su liderazgo era meramente «sociológico», dadas las condiciones de encarcelamiento que soportaba, que hacían «imposible en la práctica, actuar como un líder político». En ese sentido hizo un llamamiento a buscar la interlocución en los dirigentes del DTP, o incluso en otros sectores de la sociedad kurda, siempre son el firme propósito de avanzar hacia la resolución del conflicto.

En unas recientes declaraciones, el líder del PKK ha señalado que nos encontramos ante «una búsqueda de solución para un problema de derechos colectivos» y que, de no afrontarse en esos parámetros, probablemente el conflicto seguirá latente durante «otros 50, 500 ó 1.000 años».

El propio Öcalan ha señalado que «nuestro principal problema es ontológico, en otras palabras, el problema de existencia. Nuestro problema es ser capaces de existir. Estamos luchando por nuestra existencia».

Algunos actores han señalado la necesidad de «acabar con las barreras legales que coartan la libre expresión; mantener las puertas abiertas al diálogo; y finalizar con las operaciones miliares» como pasos para avanzar en un proceso resolutivo. Evidentemente, la ilegalización de organizaciones políticas kurdas dificulta ese escenario, como también lo hacen las maniobras de los partidos kemalistas y los militares con posturas involucionistas y de bloqueo permanente a cualquier intento de buscar puentes negociadores.

Las tensiones en Turquía también anidan en otro frente. Si para algunos medios próximos al Gobierno turco 2009 ha sido el año «de la iniciativa democrática» (habría que ver qué se entiende en esos círculos por democracia), este 2010 debería ser el «de la reforma militar». Si los intentos de soluciones negociadas al conflicto kurdo levantan sarpullidos y maniobras de los poderes fácticos, cualquier intento de reformar uno de los pilares del status quo turco puede provocar reacciones golpistas contra el AKP.

El supuesto intento de atentado contra el viceprimer ministro iría en esa línea. Por ello destaca la decidida respuesta del Gobierno y de algunos de sus aliados (Policía y algún sector del poder judicial) que no han dudado en actuar contra varios militares, e incluso han «osado» por primera vez en la historia moderna de Turquía a registrar los cuarteles militares del Comando de Fuerzas Especiales, todo un icono dentro del aparato del status quo del país.

Estos movimientos permiten entrever un importante pulso entre las diferentes instituciones del Estado turco, centrando la atención en el que mantiene el Gobierno del AKP con los militares, presentándose éstos como los más firmes garantes del régimen reaccionario que ha dominado la política turca en las últimas décadas.

En los últimos años, una serie de incidentes (2007, varios generales retirados son detenidos por su vinculación a la «red Ergenekon»; 2009, el jefe del Estado Mayor turco menosprecia las pruebas aportadas en ese caso) han puesto de manifiesto ese enfrentamiento.

Algunos incluso van más allá, y señalan la existencia de importantes tensiones dentro incluso de las diferentes instituciones del Estado. En ese sentido dentro del propio Ejército conviven diferentes grupos de presión que podían estar buscando un mejor acomodo en el futuro escenario del llamado «laboratorio turco», mientras que otros estarían buscando un cierre de filas en torno a «los principios fundadores de la República» (sustentadores de todos sus privilegios).

Turquía tiene todavía muchos retos ante sí. El panorama político nos presenta una oposición que rechaza cualquier reforma (iniciativa kurda, nueva Constitución, reformas judiciales…), y que no duda además en solicitar la «ayuda» de sus aliados en ese entramado burocrático tejido durante tantos años (Ejército y Judicatura) para eliminar a sus oponentes y adversarios.

Además, podemos observar cómo importantes figuras de alto rango militar también quieren compaginar su responsabilidad con ambiciones políticas, mientras que muchos jueces no dudan en actuar por impulsos políticos (la reciente ilegalización del DTP es una clara muestra), en aras de ocultar otros casos (Ergenekon) o entorpecer cualquier iniciativa reformadora (kurdos).

Esos sectores, representantes de la «elite autoritaria del kemalismo», se niegan a perder sus cuotas de poder, y que el mismo pase a manos de las fuerzas de la periferia económica y social del país.

De ahí que cualquier iniciativa innovadora encuentre una fuerte resistencia entre esas fuerzas del «antiguo régimen», temerosas de perder el monopolio de poder que hasta ahora han sustentado.

Probablemente el AKP ha contribuido, con su indecisión en ocasiones o por las dificultades del propio Estado turco, a esta situación. No en vano, conviene recordar que en este período que gobierna el AKP las muestras de doble rasero han sido continuas. Así, mientras se pone en marcha el proceso Ergenekon para acabar con esa red golpista, el Gobierno acepta la detención y encarcelamiento de representantes políticos kurdos, frenando las esperanzas del proceso de paz. O al tiempo que dice perseguir al crimen organizado y a las «fuerzas antidemocráticas» dentro del propio Ejército, encarcela a periodistas que sacan a la luz pública los trapos sucios de esos actores golpistas.

A ello cabría añadir que durante estos años las violaciones de derechos humanos (torturas, cierre de medios de comunicación) han aumentado considerablemente. La aprobación de la nueva ley de la Policía (que ha permitido el auge de la política de tirar a matar), o los ataques contra los derechos de la infancia (con niños inmersos en procesos «antiterroristas») apuntan también en esa línea claramente deficitaria.

Los derechos políticos también han sido duramente castigados durante ese periodo. La reciente ilegalización del DTP kurdo (cuarta fuerza del Parlamento turco), las masivas detenciones de cargos públicos y militantes del mismo, o el doble rasero judicial, que persigue y encarcela a diputados kurdos mientras que permite que cerca de trescientos parlamentarios turcos, acusados de corrupción, se aprovechen de la inmunidad parlamentaria para esquivar los juicios.

El cruce de caminos está cada vez más cerca, y al llegar al mismo algunas voces no dudarán en sacar a relucir todo ese déficit democrático del Estado para frenar el acceso de Turquía a la Unión Europea.

Esa muestra de falsa moral por parte de los actores occidentales (más de uno debería intentar pasar el mismo test para lograr el llamado label democrático) será sin duda alguna uno de los condicionantes del futuro turco.

Sin embargo, no conviene cerrar las puertas a otras posibilidades, y que finalmente Ankara adopte una postura diferente en materia de política exterior (manteniendo a su libre albedrío la situación interna del país) y adoptando un papel de potencia regional, algo que lleva desarrollando desde hace algún tiempo en Asia Central o en Oriente Medio, sabedora además de la importancia geoestratégica que representa hoy en día y que le hace seguir siendo un aliado fundamental para cualquier actor que pretenda tener protagonismo en esta conflictiva región.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100103/174984/es/Turquia-acerca–estrategico-cruce-caminos

Estado turco, cuestión kurda: detenciones contra el diálogo

Orsola Casagrande. Gara

La fotografía de hombres y mujeres detenidos en la víspera de Navidad en Diyarbakir y en otras muchas ciudades kurdas habla por sí misma: en fila y esposados.

Son alcaldes, concejales locales, democráticamente elegidos por el pueblo. Son activistas de los derechos humanos, abogados, sindicalistas. Son ex diputados… Son hombres y mujeres kurdas que el Gobierno, y aún más «el Estado» turco no tolera.

No los quiere porque son hombres y mujeres que quieren la paz. Pero no se limitan a pedirla, la practican, o intentan hacerlo, entre una detención y otra, entre una estancia en la cárcel y otra, entre un juicio y otro. Son hombres y mujeres para los que practicar la paz significa trabajar cada día por una solución negociada para un conflicto que ensangrienta Turquía desde decenios. Hacer y construir la paz significa proponer, continuar hablando de solución, de diálogo, aún cuando la única respuesta que llega desde los poderes fácticos, sean los ligados al Estado -que tiene una cara publica y una oculta-, sean los ligados al Gobierno actual -islámico moderado, guiado por un premier, Recep Tyyip Erdogan, que hasta ahora se ha demostrando incapaz (y quizás tampoco lo quiere)- de poner al orden del día la cuestión kurda. Lo que significa la cuestión de un tercio de la población de Turquía. Tantos son los kurdos, que no piden un nuevo Estado sino ser reconocidos como ciudadanos a la par, con los mismos derechos de los otros.

Estas detenciones son otra acción de guerra que el Estado -tanto en su vertiente pública como oculta- y el Gobierno de AKP han desatado contra los kurdos, contra quienes los representan y que han sido legal y democráticamente votados.

Una guerra que, ciertamente, no ha comenzado ayer. El Ejército maniobra, en la sombra y a la luz del día, la política en Turquía: tres golpes de Estado en sesenta años son la prueba. Y hay más. Ejército significa, muchas veces, poderes secretos del Estado, y Turquía no es capaz de librarse de esos poderes. A pesar de los esfuerzos de la sociedad civil.

A Europa todos estos esfuerzos no le importan, estando mas preocupada de buscar un acuerdo, sea como sea, que le permita decir que todo va bien, que los derechos humanos son (más o menos) respetados y así, pues, se pueda volcar en este nuevo importante mercado… la puerta con Oriente, con Asia.

Escribimos aquí la larga lista de hombre y mujeres de los que ha sido confirmada la detención: 23 entre alcaldes (como el alcalde de Sur), activistas para los derechos humanos (como por ejemplo el presidente de la asociación de los derechos humanos de Diyarbakir, Muharrem Erbey), y otros concejales: Hatip Dicle, Firat Anli, Abdullah Demirbas, Zülküf Karatekin, Ali Simsek, Nejdet Atalay, Aydin Budak, Muharem Erbey, Ferhan Türk, Etem Sahin, Leyla Güven, Emrullah Cin, Hüseyin Kalkan, Abdullah Akengin, Yasar Sari, Nadir Bingöl, Cebrail Kurt, Fethi Süvari, Ramazan Debe, Abbas Çelik, Ahmet Makas, Kazim Kurt, Takibe Turgay.

Un largo listado de nombres. Para nosotros un listado de amigos y amigas que desde hace años luchan para una Turquía en la que kurdos y turcos puedan vivir en paz, una paz justa y duradera, en donde los derechos sean reconocidos para todos. En donde no existan ciudadanos de primera y de segunda.

A todos ellos y a cuantos en Turquía luchan para la democracia y la paz, nuestra solidaridad.

Orsola Casagrande. Talkingpeace

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100103/175010/es/Estado-turco-cuestion-kurda-detenciones-contra-dialogo



Turquía-Israel, una “alianza estratégica”

Alfonso Bolado. Página Abierta

Turquía fue el primer país musulmán que reconoció al Estado de Israel y el primero también en establecer relaciones diplomáticas con él. Sin embargo, más acusadamente tras el bombardeo de Gaza, dichas relaciones se encuentran deterioradas por una escalada de gestos ofensivos que las han tensado. ¿Significa esto el fin de una de las relaciones diplomáticas más estables, con altibajos, de Oriente Próximo?

La “alianza periférica”

El régimen republicano turco reconoció al Estado de Israel en 1949 y estableció relaciones diplomáticas con él en 1952. De ese modo, Turquía escenificaba su opción prioritaria por Occidente, al tiempo que daba la espalda a la antigua porción árabe del Imperio otomano, corroborando la ruptura con el pasado imperial que había comenzado con el triunfo de Atatürk. Por otra parte, las relaciones entre el sionismo y el Imperio en la época en que Palestina formaba parte de éste nunca habían sido malas, y de algún modo los otomanos habían mantenido como mínimo una neutralidad benévola durante las dos primeras aliyot [olas de inmigración judía a Israel].

Para Israel, estas relaciones tenían un interés fundamental, pues suponían una ruptura del cerco árabe. Ben Gurion, el fundador del Estado, ya había desarrollado la teoría de la “periferia estratégica”, que suponía anudar relaciones con entidades no árabes de Oriente Próximo (Turquía, Irán, maronitas libaneses, kurdos de Irak…) Uno de sus frutos fue un pacto secreto (“pacto periférico”) de 1958 entre ambos Estados. Sus términos no se conocen exactamente (incluso los signatarios niegan su existencia), pero se supone que su núcleo era el intercambio de información de seguridad y militar, así como el compromiso por parte turca de actuar de portavoz de Israel ante Estados Unidos y la OTAN.

Este pacto tuvo escasa duración, pues en torno a 1960 Ankara inició un acercamiento a la Unión Soviética y los países árabes de Oriente Próximo, hacia los que Turquía mantuvo una posición de apoyo, no muy enérgico, en su conflicto con Israel, tanto con ocasión de la nacionalización del canal de Suez y la guerra de los Seis Días como recibiendo a Yasir Arafat y autorizando la apertura de una oficina de la OLP en Ankara (1979). De hecho, desde la proclamación de la capitalidad de Jerusalén, Turquía disminuyó la actividad de su representación diplomática con Israel (1980-1985). Con todo, no cesó la cooperación militar, sobre todo desde el golpe de Estado de 1980. Es preciso tener en cuenta que los militares turcos, que se consideran depositarios del legado de Atatürk, son los principales valedores de las relaciones con Israel, sea por razones ideológicas –Israel está firmemente anclado en Occidente– como prácticas: el israelí es el primer Ejército de la región en los planos armamentístico, de cualificación profesional y de servicios de inteligencia.

La “alianza estratégica”

Esta relación se profundizó y adquirió nuevas dimensiones a partir del colapso de la Unión Soviética (1990). Para Turquía supuso un cambio de paradigma, pues si por una parte su posición estratégica como defensora del flanco sur de la OTAN había perdido buena parte de su valor, la disolución de la URSS abría nuevos terrenos a su actuación política y económica en dirección a las repúblicas ex soviéticas de los Balcanes y, sobre todo, las turcófonas de Asia Central. Ello significaba asimismo mejorar su capacidad militar para cubrir sus propios flancos: con Grecia, con la que mantenía un antiguo contencioso aún latente a pesar de los acuerdos de buena vecindad; con Chipre, con la presencia militar en la República Turca del Norte; y con Siria, que mantenía una política de apoyo al PKK kurdo.

Parcialmente liberada de las servidumbres de la guerra fría, Turquía estaba en condiciones de ejercer de potencia regional. Israel, por su parte, tenía mucho que ganar en su alianza con Turquía: la profundidad estratégica que le daba contar con el espacio aéreo turco para entrenamiento de su aviación y como corredor hacia Siria, Irán e Irak, un excelente mercado, especialmente para su industria militar, y un proveedor de materias primas. El instrumento de esta nueva situación fue la elevación al rango de embajadas de las representaciones diplomáticas en 1991. De ese modo, a partir de 1992 se prodigaron las visitas bilaterales de alto nivel: las de los presidentes israelíes Herzog (1992) y Weizmann (1994, 1996) y las del turco Demirel (1996, 1999), así como las de los primeros ministros Tansu Çiller (1994) y Barak (1999). Estas visitas hablan de unas relaciones de particular densidad, que quedaron plasmadas en una catarata de acuerdos, iniciados en 1992 con un protocolo de cooperación de defensa, precedente del Acuerdo Secreto de Seguridad de 1994, y de los más amplios y decisivos Acuerdos de Cooperación y Capacitación Militares de febrero de 1996 y Acuerdo de Cooperación de Industria Militar de agosto, así como un acuerdo de libre comercio a finales del mismo año, ratificado en los primeros meses de 1997. El seguimiento de estos instrumentos se realiza a través de encuentros bimestrales.

Estos acuerdos, que contaron con el beneplácito de Estados Unidos y con la crítica de los países árabes de la región e Irán, dieron lugar a una relación de interdependencia asimétrica que colocaba a Israel en mejores condiciones, como proveedor de tecnología militar para la modernización de las fuerzas armadas turcas (1) y de seguridad avanzada para la lucha contra el PKK (es sabido que agentes del Mossad actúan en el Kurdistán), con capacidad de entrenar en el uso de ambas y con la fuerza que le da su íntima alianza con Estados Unidos, que a través de Israel ha hecho llegar armamento moderno a Turquía, superando de ese modo las limitaciones parlamentarias debidas a la mala situación de los derechos humanos en el país euroasiático. En este sentido, son ilustrativas las declaraciones de un portavoz del Departamento de Estado de EE UU en mayo de 1997, de que era un “objetivo estratégico” de Estados Unidos que Turquía e Israel ampliaran sus relaciones políticas y su cooperación militar. Aun siendo las más relevantes, la cooperación militar no es la única: a ella debe unirse la política, que implica un apoyo mutuo. En ese sentido, Israel y el lobby judío de Estados Unidos, por ejemplo, impidieron en todos los foros posibles una condena de Turquía por el genocidio armenio, y Turquía ha actuado de interlocutor para Israel en distintas instancias internacionales, comenzando por la OTAN y haciendo un hueco al Estado sionista en la política regional a través de la Iniciativa de Cooperación de Estambul, promovida por la OTAN para mejorar el diálogo mediterráneo, especialmente en materia de seguridad. En el aspecto económico ha habido logros significativos: las transacciones comerciales entre ambos países han pasado de 2.000 millones de dólares en 2000 a 3.300 en 2008, el volumen más elevado de la región. Por otra parte, el capital israelí ha encontrado en Turquía una nueva tierra de promisión y, asociado al capital local, se ha embarcado en un ambicioso programa de conquista de los mercados centroasiáticos, con especial hincapié en el campo de la energía. Turquía es asimismo el destino predilecto del turismo israelí, con 700.000 visitas anuales.

Dos aspectos de esta colaboración destacan nítidamente: la búsqueda de Israel de nuevas fuentes de energía exteriores. El petróleo y el gas encontrarían un vehículo idóneo en los dos oleoductos, procedentes del Caspio y de Asia Central, que se dirigen al puerto turco de Cehyan y que podrían tener un ramal que llegara hasta Ashkelon (sur de Israel). La otra es el agua, bien escaso y controvertido en Israel (buena parte de los acuíferos se encuentran en los territorios ocupados). En 2004 se firmó un acuerdo por el que Turquía aportaría 50 millones de metros cúbicos de agua anuales durante veinte años.

Síntomas de desapego

A partir de finales de 2000, coincidiendo con la segunda Intifada, esta luna de miel en cierto modo contra natura empezó a mostrar síntomas de agotamiento: incluso los mismos militares comenzaron a mostrar su preocupación por el hecho de que el alto nivel de intercambio pudiera debilitar a Turquía en una situación de cambio de alianzas, por ejemplo, un acuerdo entre Israel y Siria. Este cambio, que ya detectó Arabic News, órgano de la Liga Árabe, en marzo de 2001, se plasma en la suspensión del acuerdo de modernización de los carros de combate turcos por parte de Israel, en visitas y maniobras conjuntas, así como en el aumento del tono de la prensa turca respecto a la violación por parte de Israel de los derechos humanos en Gaza y Cisjordania. Para los militares turcos, no se trataba tanto de una ruptura como de una “congelación” de las relaciones estratégicas entre ambos países. Lo cierto es que, según los politólogos Kessler y Kochlender, «el sector industrial militar israelí reconoce que las exportaciones a Turquía disminuyen… reemplazadas por otras de Estados Unidos y de Europa, especialmente italianas».

Las contradicciones se agudizaron a partir de la subida al poder del AKP postislamista. El AKP mantenía desde hacía tiempo buenas relaciones con Hamas, organización a la que defendió en instancias internacionales con el argumento nada complicado –para alguien que no sea un político occidental– de que Hamas era indispensable para avanzar en la paz en Oriente Próximo. Con todo, la política de Tayyip Erdogan no está pensada tanto “contra” Israel como a favor de estrechar los lazos con los árabes, lo que, no cabe duda, conlleva un alejamiento, siquiera retórico, de un Israel excesivamente prepotente. Este juego se manifestó en 2004: mientras se firmaba el acuerdo sobre el agua citado anteriormente, el Gobierno turco protestaba airadamente por el asesinato “selectivo” del dirigente de Hamas Ahmed Yasin en Gaza.

Con todo, no debe dejar de señalarse que durante estos años se produjo un acercamiento entre Turquía y diversos países árabes, como Siria, una vez resuelta la discrepancia sobre el PKK y encarrilado el asunto de los recursos hídricos; Egipto, con el que se ha firmado un acuerdo de libre cambio, y Arabia Saudí. Actualmente los hombres de negocios turcos están presentes en todas las áreas de las economías de la región, incluida Palestina: en 2005 se constituyó el llamado Foro de Ankara, que reúne a hombres de negocios turcos, israelíes y palestinos con el propósito de canalizar inversiones hacia zonas industriales instaladas en Gaza y Cisjordania. Esta proyección regional permitió a Turquía proponerse como mediadora entre Israel y Siria, una iniciativa que el Estado sionista aceptó de mala gana a pesar de su plausibilidad.

El invierno de Gaza: ¿un punto de inflexión?

El 17 de noviembre de 2008 se celebró la séptima reunión del Foro de Ankara en la capital turca. La ocasión estuvo revestida de particular solemnidad, pues el presidente israelí, Shimon Peretz, se dirigió al Parlamento turco; era el primer mandatario de ese país que lo hacía. En diciembre, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, era recibido calurosamemnte en Ankara. Pocos días más tarde de esta última visita, Israel lanzó sobre Gaza la operación Plomo Fundido, una invasión de la franja precedida de una meticulosa destrucción, no ya de la estructura militar, sino de todo el país. La brutalidad y el desprecio a las leyes de la guerra e incluso a la más elemental humanidad levantó un clamor universal de repulsa. Estas manifestaciones fueron particularmente masivas en Turquía, donde a la presencia en las calles se unieron tomas públicas de posición, ciberataques e incluso suspensiones de partidos de baloncesto.

La diplomacia turca se mostró muy activa en la búsqueda del fin de la agresión: se destacó a un alto funcionario en Israel mientras se multiplicaban los contactos con Egipto, Damasco e incluso la Conferencia Islámica, así como las presiones en las Naciones Unidas. Como primera medida, Ankara canceló su mediación con Damasco. El 29 de enero de 2009 se reunía el Foro de Davos. Durante él se produjo un violento choque dialéctico entre Shimon Peretz y Tayyip Erdogan, que abandonó la reunión. En la reacción de Erdogan se reflejan distintas circunstancias: el sincero horror ante lo que él mismo había calificado de «crimen contra la humanidad» y «salvajada», más cuando afectaba a una organización de algún modo «hermana»; el rechazo a una actitud discriminatoria hacia él por parte del moderador del encuentro, David Ignatius; la sensibilidad hacia la opinión pública de su país, y sobre todo la sensación de que los israelíes –hacía poco que se había celebrado la séptima sesión del Foro de Ankara y que Olmert había sido recibido con solemnidad en la capital turca– habían actuado sin prevenirlos de sus proyectos, menospreciando a los turcos y dando al traste con sus esfuerzos mediadores.

A partir de entonces se han producido una escalada de declaraciones y gestos que no han hecho sino enrarecer el ambiente, cuyo mejor exponente ha sido la suspensión por parte de Turquía de las maniobras Águila Anatolia, por la presencia, junto a Italia y Estados Unidos, de la aviación israelí, que debían celebrarse en septiembre de 2008. Por parte israelí se multiplicaron las declaraciones hostiles: cancelación de viajes turísticos a Turquía con ocasión de las vacaciones del Pésaj (segunda pascua), protestas oficiales por la proyección en Turquía de un filme en el que se veía a soldados israelíes matando a un niño palestino («se pretende dar la impresión de que los soldados israelíes asesinan a niños», afirmó hipócritamente el portavoz israelí). La situación llegó al extremo de que el Ministerio de Exteriores turco se vio obligado a pedir a los funcionarios israelíes que «actuaran con sentido común en sus declaraciones y actitudes».

Lampedusa en el Levante

Esta escalada, aún fundamentalmente verbal, ¿significa el preludio de un cambio en las relaciones entre Ankara y Tel Aviv? Sí y no: sí en cuanto que ha roto la unidad de acción entre ambas capitales de forma definitiva («Turquía [no] se privará de hablar duramente de los errores cuando se cometan», en palabras de Abdullah Gül, presidente de Turquía), hasta el punto de que el ministro turco de Exteriores, Ahmet Davutoglu, afirmó que las relaciones entre ambos países dependían del «cese de la tragedia humanitaria» en Gaza. Las recientes visitas de Erdogan a Irak, y sobre todo a Irán –donde llegó a acusar a Israel de querer «devastar» el país y afirmó que Ahmadineyah era un «pacifista»–, así como la normalización de las relaciones con Armenia, parecen sugerir una mayor autonomía en las opciones diplomáticas.

Por parte israelí, la nueva actitud de Turquía, más que producir una autocrítica por los errores propios, ha servido para definir una nueva actitud de Ankara. Así, el Jerusalem Post afirmaba el 14 de agosto: «Como Rusia con Putin, Turquía… ha escondido su rápida transformación desde una democracia imperfecta pero prooccidental bajo los anteriores Gobiernos hacia un régimen antioccidental y, en el caso de Turquía, islamista». Esta idea de un cambio en la política exterior turca aparece también en un reciente artículo del prestigioso ex director de Le Monde Jean-Marie Colombani, en el que habla de «deriva» para definirla. El diplomático Shlomo Ben-Ami sugiere en un artículo en El País (septiembre de 2008) que los «serios dilemas de identidad» de Turquía suponen para Israel que «su futuro en Oriente Medio no reside en alianzas estratégicas con las potencias no árabes de la región, sino en la reconciliación con el mundo árabe». Sin embargo, a pesar de ello y de la torpeza diplomática israelí (2), no han faltado por ambas partes las declaraciones apaciguadoras, que, en última instancia, reflejan los límites del enfrentamiento: Israel sabe que no puede ir más lejos («Turquía es muy importante para el entrenamiento de nuestra aviación en espacios abiertos», según el ex comandante de la fuera aérea israelí Ben Eliyahu); en ese sentido, Ehud Barak, ministro de Defensa del anterior Gobierno de Tel Aviv, afirmó: «A pesar de los altibajos, Turquía sigue siendo un elemento central en nuestra región. No podemos dejarnos llevar por declaraciones encendidas». Y el influyente ministro de Industria, Ben Eliécer, aseguró: «Tenemos un conjunto de intereses estratégicos comunes de gran importancia. Debemos actuar con gran sensibilidad para que no se materialicen los pronósticos más sombríos».

Ankara, en cambio, ha optado por un tono más firme, lo que pone de manifiesto un mayor equilibrio en la relación de fuerzas entre ambos: «Turquía es el único país amigo de Israel en la región… Por ello se debe dar mucha importancia a que el Estado judío busque el apoyo de Ankara para sus políticas regionales» (el politólogo Erçan Citioglu en declaraciones a al-Yazira). Según el ministro de Exteriores, Davotuglu, «tenemos la esperanza de que mejore la situación en Gaza y que eso cree un nuevo ambiente para las relaciones turco-israelíes» (Hurriyet, 13 de octubre de 2008).

Conclusión: entre el republicanismo y el “neootomanismo”

Muchos observadores de la política exterior turca han hablado de una supuesta tensión en las relaciones exteriores turcas entre el republicanismo –anclaje firme en Occidente, desdén por la política regional– y el neootomanismo, o tendencia a convertirse en protagonista de la política próximo oriental, como había sucedido en el pasado. Los garantes de la primera opción serían los militares y el aparato del Estado; los de la segunda, los islamistas –tanto en la etapa de Erbakan, bruscamente interrumpida por los militares, como en la del AKP– y los proislamistas de Gobiernos anteriores.

Desde mi punto de vista, se trata de un falso debate: ni los militares han dejado de apoyar una menor interdependencia con Israel, por ejemplo, ni los islamistas han abandonado el eje fundamental de su política exterior: el ingreso en la Unión Europea y la OTAN; de algún modo, la nueva política exterior en relación con Oriente Próximo es una forma de hacer valer su nuevo papel estratégico ante sus aliados occidentales; los islamistas, por otra parte, son lo suficientemente conscientes de la profundidad de las relaciones turco-israelíes como para causarles un daño irreparable. Además, una excesiva dureza con Israel pondría en cuestión su papel mediador, por mucho que le mereciera simpatías entre la opinión árabe. El nuevo Gobierno israelí ¿puede ahondar las actuales diferencias? No es fácil saberlo, teniendo en cuenta la escasa sutileza de su diplomacia. Sin embargo, es de suponer que terminará imponiéndose la cordura: en estos momentos, Israel es importante para Turquía. Pero sin duda Turquía lo es mucho más para Israel.

Notas:

(1) Turquía gastará 150.000 millones de dólares hasta 2020 en la modernización de su ejército. Una parte importante de este dinero está destinada a Israel: modernización de los aviones F-4, F-5 y F-16, así como de los carros M-60; producción conjunta de misiles de medio alcance (Arrow y Delilah) y compra de otros (Popeye I), adquisición de 150 helicópteros estadounidenses (que se llevaría a cabo por intermediación israelí).

(2) La rudeza de la diplomacia israelí, consecuencia en parte de su carácter militante, en parte del complejo de superioridad moral característico del sionismo, es proverbial. El episodio turco no es único: los desplantes a políticos extranjeros que no son de su agrado –como sucedió con el enviado de la Unión Europea, Miguel Ángel Moratinos–; la sistemática denuncia de cualquier actitud, real o supuesta, de antisemitismo; la altanería con la que se dirige a las autoridades de los países huéspedes en estos casos (el Gobierno español y el catalán la han padecido con ocasión de los bombardeos de Gaza); la agresividad de las comunicaciones con la prensa internacional… la hacen antipática. Sorprende por ello la debilidad de las respuestas, que no hace sino retroalimentar esos comportamientos.

Fuente: http://www.nodo50.org/csca/agenda09/misc/arti63.html

El Ejército rechaza cualquier concesión a favor de los kurdos

Gara

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Fiel a su tradición, el Ejército turco volvió a intervenir en la vida política del país euroasiático al rechazar que se lleve a cabo cualquier reconocimiento de la identidad nacional kurda. El general Ilker Basbug, jefe del Estado Mayor del poderoso Ejército turco, rechazó que «se ponga en cuestión la unidad nacional» reconociendo la existencia de los kurdos y destacó que la lengua oficial de la República es el turco, «lo que debe ser salvaguardado».

El Ejército turco volvió ayer a interferir en la política del país euroasiático mediante unas declaraciones de su máximo responsable, el general Ilker Basbug, quien destacó que «los esfuerzos de reconciliación iniciados por el Gobierno [de Recep Tayyip Erdogan] a favor de los kurdos no deben poner en cuestión la unidad nacional», por lo que excluyó cualquier posibilidad de diálogo con los insurgentes kurdos.

El jefe del Estado Mayor turco también se opuso directamente a la posibilidad de ofrecer una autonomía de carácter lingüístico a los kurdos en el marco de la «apertura democrática» impulsada recientemente por el partido gubernamental AKP, islamista de derechas.

«Las Fuerzas Armadas turcas no pueden, en ningún caso, aceptar que la estructura unitaria del Estado se deteriore», indicó el general Basbug en un mensaje publicado en la página web del Estado Mayor con motivo del aniversario de la victoria de las fuerzas turcas (30 agosto de 1922) frente a las tropas griegas que había invadido Anatolia.

Pese a destacar que el Ejército es «respetuoso con las diferencias culturales», el jefe del Estado Mayor turco se opuso a que estas diferencias aparezcan reconocidas en la Constitución. Colectivos kurdos han reclamado que se reconozca la identidad kurda en la legislación turca.

El comunicado indica también que la lengua oficial de la República es el turco y que «la disposición inmutable de la Ley Fundamental sobre este punto deber ser salvaguardada».

En Turquía, el Ejército está considerado como garante de los valores constitucionales republicanos laicistas instaurados por Mustafa Kemal Atatürk en 1922. Sus relaciones con el Gobierno de Erdogan son tensas, ya que acusan al AKP de tener un plan para islamizar el país, abandonando el laicismo kemalista. De hecho, los militares turcos han protagonizado varios golpes de Estado para «reconducir las desviaciones de los políticos», como ocurrió en 1960, 1971 y 1980.

En 1998, el Ejército se manifestó en contra de la presencia en el Gobierno del islamista Partido del Bienestar, de Necmettin Erbakan. Meses después, este partido fue ilegalizado por los jueces. De las cenizas del Partido del Bienestar, surgió el AKP de Erdogan, que ha conseguido llegar al poder, aunque moderando su discurso para evitar un nuevo pronunciamiento militar.

En el comunicado del general Basbug, también se destaca que el Ejército turco «no intervendrá en ninguna actividad susceptible de provocar un contacto con la organización terrorista (sic) PKK y sus partidarios». Frente a ello, «prometemos, de nuevo, que les combatiremos hasta la victoria».

Lengua e identidad

Entre las iniciativas impulsadas por el Gobierno de Erdogan destinadas a «la reconciliación» con los kurdos, se encuentra la de devolver el nombre a las aldeas kurdas que fueron rebautizadas con nombres turcos, instaurar la educación en kurdo en las escuelas públicas y suprimir la denominación «turco» en la definición de nacionalidad. Asimismo, se baraja permitir que los sermones islámicos se puedan realizar en kurdo en las mezquitas.

El único partido prokurdo legal en Turquía, el DTP, desea reformas de mayor calado como una autonomía limitada para Kurdistán Norte y una amnistía para los guerrilleros del PKK. Esta formación se enfrenta a una acción judicial que podría suponer la enésima ilegalización de una formación prokurda en Turquía, al considerarla vinculada al PKK.

En los últimos días se ha hecho pública la intención del líder del PKK, Abdullah Ocalan, preso en la cárcel de Imrali, en el mar de Mármara, de presentar una hoja de ruta para poder alcanzar un acuerdo con el Gobierno de Turquía para solucionar el conflicto mediante el respeto de los derechos nacionales que corresponden al pueblo kurdo.

Asimismo, en la sempiterna negociación de adhesión de Turquía a la Unión Europea, los Veintisiete han exigido a Ankara reformas legislativas y políticas destinadas a respetar la identidad kurda. La propuesta de Erdogan obedece en buena parte a esta presión. Sin embargo, la oposición de París y Berlín a la integración turca convierten en una quimera el acceso de Turquía a la UE.

Öcalan
Las manifestaciones del general Basbug se producen cuando se espera que se haga pública la hoja de ruta del líder del PKK, Abdullah Öcalan, preso en la cárcel de Imrali, para superar el conflicto.

El Mossad en la trastienda de Ergenekon

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

Según un informe presentado por el diario Milliyet hace unos días, el servicio de inteligencia de Israel (Mossad) habría respaldado a la red criminal Ergenekon para derribar al gobierno turco.

La investigación secreta desarrollada entre los miembros detenidos del grupo terrorista, y también en el exterior de Turquía, demostraría que el Mossad organizó acciones contra el gobierno.

Los investigadores descubrieron estas evidencias a través del rabino turco, Tuncay Güney, quien se infiltró en Ergenekon mientras trabajaba para los servicios secretos turcos (MIT) y el Mossad, huyendo en 2004 a Canadá.

Güney habría estado facilitando información al MIT sobre el grupo ultranacionalista y sobre el Servicio de Inteligencia y Contraterrorismo de la Gendarmería (JITEM), un organismo estatal clandestino del que se sospecha que pudiera haber cometido cientos de asesinatos, secuestros y desapariciones.

Además el diario Yeni Safak demandó información a las fuerzas de seguridad turcas sobre los documentos incautados en la vivienda de Güney, y en los que se detallarían actividades económicas e inversiones sospechosas de ciertos hombres de negocios judíos en Turquía, ligados a personas, grupos políticos o asociaciones vinculadas con la red Ergenekon.

La justicia turca ha detenido a muchos miembros de este grupo, acusado de intentar derribar el gobierno de Recep Tayyip Erdogan. entre los que se encuentran generales jubilados del ejército, políticos, abogados y periodistas famosos.

Sin solución para el Kurdistán turco

Daniel Cardona. Diagonal

El Partido de la Sociedad Democrática, único representante de los kurdos en el Parlamento de Turquía, está en peligro de ilegalización acusado de “separatismo” y vínculos con la guerrilla kurda del PKK.

Con las elecciones de julio de 2007 se abrían nuevas esperanzas para el pueblo kurdo: después de 16 años, sus representantes volvían a entrar en el Parlamento de Ankara. El Partido de la Sociedad Democrática (DTP), heredero de los anteriores partidos kurdos clausurados, consiguió superar los obstáculos que impone el sistema electoral turco y obtenía 21 diputados. Pero a más de un año de las elecciones, en nada se ha avanzado: en noviembre de 2007, el Tribunal Supremo de Apelaciones presentó al Tribunal Constitucional una solicitud de cierre del partido alegando que es un peligro para la integridad de Turquía. Además, el Tribunal vincula al DTP con la guerrilla independentista y marxista del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistan) y lo acusa de seguir sus directrices y de no querer etiquetarlo como organización terrorista. Sin saberse aún cuándo se hará pública la resolución del caso, parece claro que el partido será ilegalizado, excluyéndose una vez más la posibilidad de que los kurdos tengan una voz propia en el Parlamento.

Las promesas hechas por el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), en el poder desde 2002, de buscar una solución política para el “problema kurdo” no se concretaron: la fuerza policial y los ataques militares, tanto en territorio turco como iraquí, han sido las únicas herramientas que se han utilizado para “solucionar” el problema. Las “mejoras democráticas” que Europa exige para la adhesión de Turquía a la UE se han limitado a medidas “de mínimos”, tal y como denuncian organizaciones de defensa de los derechos humanos. Además de legalizar la utilización del idioma kurdo, el Gobierno ha reformado el artículo 301 del Código Penal, que condenaba a tres años de cárcel por insultar públicamente la “turquinidad”: ahora la pena por insultar a la nación turca es de dos años. Mientras tanto, continúa la política de persecución y negación del pueblo kurdo: exhibir la bandera kurda es motivo suficiente para terminar en la cárcel; se cierran periódicos en kurdo; las denuncias por torturas y palizas a detenidos y presos son continuas, al tiempo que miles de páginas web son censuradas. A esta situación se le suma el alto nivel de pobreza, trabajo infantil y analfabetismo presente en el sudeste del país, causado sobre todo por la falta de inversiones del Gobierno central en la zona y los millones de desplazados por el Ejército en su lucha contra el PKK en los años ‘90.

Todos estos problemas políticos y sociales han llevado a una situación de violencia y tensión que se han traducido recientemente en movilizaciones en muchas localidades del kurdistán y en Estambul, con el resultado de cientos de heridos, detenidos y un manifestante muerto por los disparos de la Policía el pasado 20 de octubre en Dogubayazit. Además, las guerrillas del PKK, desde sus bases en la Región Autónoma Kurda del norte de Iraq, han intensificado los ataques contra el Ejército y la Policía.

Según denuncian diversas organizaciones kurdas, el Gobierno, el Ejército y el poder judicial alimentan día a día un nacionalismo turco exacerbado, incrementando el odio antikurdo y la mitificación del PKK como causante de todos los males del país (distribución de droga en las puertas de las escuelas, los incendios forestales del verano, ligándolos a la trama golpista ultranacionalista turca de Ergenekon…), lo que lleva al aumento de ataques racistas y enfrentamientos violentos entre miembros de ambas comunidades en poblaciones del oeste de Turquía y provoca que cada vez sean más los kurdos residentes en el oeste que tienen que volver a su tierra.


ENTREVISTA A ALI SIMSEK, ASESOR DEL PRESIDENTE DEL PARTIDO DE LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA (DTP)

“Quieren dejar fuera a la sociedad kurda”

A cuatro meses de las elecciones municipales continúa la incertidumbre sobre si el Partido de la Sociedad Democrática (DTP), acusado de tener relaciones con la guerrilla kurda del PKK, va a poder presentarse.

DIAGONAL: ¿Qué destacarías de la actualidad política?

ALI SIMSEK: Se está dando una situación de enfrentamiento entre turcos y kurdos, sobre todo en el oeste del país, en algunos casos con consecuencias muy graves. También se han dado casos de violencia contra miembros de nuestro partido y contra nuestras sedes. No se trata de hechos aislados, sino que son consecuencia de la estrategia del Gobierno, que provoca a ambas partes porque no quiere encontrar una solución al ‘problema kurdo’. La última provocación son las agresiones sufridas por Abdullah Ocalan en la cárcel de la isla de Imrali, donde cumple cadena perpetua totalmente aislado.

D.: Ahora el DTP está en un proceso de ilegalización…

A.S.: Quieren cerrar el DTP porque puede ser un puente entre el pueblo kurdo y el Gobierno turco para conseguir la paz y encontrar una salida al conflicto, y esto no interesa. Lo que realmente quiere el Gobierno es que la sociedad kurda quede fuera de la política, pero entonces empujan a los kurdos a luchar por otras vías. Ademas, al encontrarnos ante unas elecciones, es una forma de hacen propaganda y buscar que la gente tenga miedo. La ilegalización de partidos kurdos no es una cosa nueva, se ha ido repitiendo continuamente, y se ha ido cambiando el nombre del partido.

D.: Se acusa al DTP de “separatismo”, pero también de estar vinculado con el PKK.

A.S.: Nosotros no tenemos ninguna relación con el PKK. Somos partidos diferentes, aunque sí tenemos puntos en común en cuanto a los objetivos de nuestra lucha.

D.: ¿Cuál es la posición del actual partido en el Gobierno, el AKP, que también vivió un proceso de ilegalización?

A.S.: Cuando el AKP se encontraba dentro del proceso de ilegalización hablaba mucho sobre la libertad de partidos y hacía mucha propaganda sobre la libertad y la democracia, pero ahora que han superado el proceso se han olvidado de toda aquella retórica y están a favor de ilegalizar al DTP. En las últimas elecciones, Erdogan visitó la zona y habló del “problema kurdo” y prometió que si ganaba las elecciones buscaría una solución al conflicto. Era la primera vez en la historia que un primer ministro turco reconocía la existencia de un “problema kurdo”, por lo que mucha gente, esperanzada, le dio su confianza. Una vez en el Gobierno, no ha hecho nada al respecto. Han engañado a la gente, por lo que estamos convencidos de que muchos ya no les votarán.

El Ejército afronta por primera vez duras críticas en su actuación frente al PKK

Un declive del poder político del Ejército podría facilitar la democratización y una nueva perspectiva civil ante la cuestión kurda

Política. Europa Press. 30 oct

Las Fuerzas Armadas turcas, una de las instituciones tradicionalmente más respetadas por su defensa del laicismo, parece ahora estar a la defensiva a raíz del juicio abierto por la red Ergenekon, una supuesta trama de antiguos militares y ultranacionalistas turcos para desplazar del poder al Partido Justicia y Desarrollo, islamista moderado. Con el tambaleo de este pilar del Estado laico turco podrían llegar más cambios para una de las potencias clave de su región.

El último informe sobre Turquía de la Red de Relaciones Internacionales y Seguridad (International Relations and Security Network, ISN) destaca que por primera vez en muchos años la opinión pública turca y los medios de comunicación están criticando abiertamente la labor de las Fuerzas Armadas.

Todo comenzó el pasado 3 de octubre, cuando milicianos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) atacaron un puesto militar y mataron a 17 soldados en el sureste del país. Entonces comenzaron a escucharse voces que acusaban a los mandos militares de negligencia por este incidente concreto y por su planteamiento de la lucha contra insurgente, aparentemente ineficaz a pesar de las frecuentes incursiones en territorio iraquí.

Al día siguiente de la matanza la prensa turca publicó una fotografía del jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, el general Aydogan Babaoglu, jugando apaciblemente al golf precisamente en el momento en el que se desarrollaban las operaciones de represalia contra el PKK. “Dimita, mi pachá”, “dimita, mi general” fue el titular de portada del diario ‘Vatan’, un dato muy significativo en un país en el que las Fuerzas Armadas y sus hazañas son reverenciadas.

“Puede considerarse un punto de inflexión, en el sentido de que se trata de la primera vez que los medios de comunicación cuestionan la actuación de las Fuerzas Armadas en su lucha contra el PKK”, opinó Lale Sariibrahimoglu, un analista militar que vive en Ankara. “Hasta ahora ha sido muy difícil cuestionar las acciones y errores de la lucha contra el PKK”, agregó.

Algunos expertos apuntan ya a que estas críticas son un indicio del declive del formidable poder político de las Fuerzas Armadas y un importante paso para fortalecer el proceso de democratización. Incluso podría dar paso al desarrollo de nuevas estrategias lideradas por fuerzas civiles para abordar la problemática kurda.

Situación inédita

Las Fuerzas Armadas turcas se encuentran ahora ante una situación inédita. Desde hace décadas, el Ejército ha sido la fuerza política dominante con su defensa del laicismo y el nacionalismo nacidos de la revolución de Mustafá Kemal ‘Ataturk’ que acabó con el Imperio Otomano y dio paso a la República de Turquía.

Desde la década de 1960 los generales han depuesto y nombrado gobiernos a voluntad. “Han intervenido mucho en política interna”, reconoció un investigador militar de la Fundación Turca de Estudios Económicos y Sociales, Volkan Aytar. “El Ejército ha sido un freno en el proceso de democratización de Turquía. Siempre que había perspectivas de reformas democráticas, (los generales) se quejaban de que afectaría a su capacidad militar”, explicó.

Sin embargo, las reformas introducidas para adecuarse a los criterios de la UE para su posible ingreso han contribuido a disminuir la influencia política de las Fuerzas Armadas gracias a la inclusión de civiles en la elaboración de políticas de seguridad y a la mayor supervisión del Parlamento sobre el presupuesto militar.

Otro diario, ‘Taraf’, acusó al Ejército de no haber podido descubrir a través de los aparatos de espionaje la preparación del ataque del PKK y publicó en su portada fotografías tomadas por un avión no tripulado (UAV, por sus siglas en inglés) que supuestamente muestra a guerrilleros del PKK preparándose para el ataque.

“Podemos decir que estamos entrando en una nueva fase de la relación entre civiles y militares”, indicó un analista político, Mehmet Ali Birand, durante una intervención en la televisión Kanal D.

“La prensa tenía miedo de criticar al Ejército. Se cuidaba mucho de no hacerlo. Ahora es justo al revés. Nunca antes hemos visto críticas como estas (…). Es una nueva era”, dijo.

Reacción militar

A pesar de esta novedosa situación, el Ejército no parece amilanarse en exceso. En una rueda de prensa, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas turcas, el general Ilker Basbug, aseguró que adoptarán las medidas legales apropiadas contra quienquiera que filtre material sobre el ataque del PKK a la prensa.

“Es mi última palabra: invito a todos a ser cautos y a mantener una postura adecuada”, afirmó Basbug, visiblemente enfadado. “Los ataques sistemáticos que han aumentado en los últimos días no consiguen más que incrementar la fuerza, la determinación y la voluntad de las Fuerzas Armadas turcas”, dijo.

Aytar, sin embargo, destacó que las amenazas de los militares son ahora menos graves de lo que eran antes. “Los esfuerzos del Ejército para contrarrestar estas críticas, calificándolas de intentos de debilitar a los militares, ya no funcionan. No encuentran eco en la opinión pública”, indicó.

“Creo que los turcos ahora ven claramente que la ingerencia en la política interna, incluso la más nimia, perjudica la labor principal del Ejército: la defensa de la frontera ante los ataques del PKK”, dijo.

El debate público sobre la función de las Fuerzas Armadas también podría tener consecuencias positivas y propiciar una nueva vía –civil– para resolver el conflicto con el PKK, que ya dura décadas. “Es un buen comienzo para la cuestión del PKK. Podría forzar a las autoridades a cortar la implicación política del Ejército en la cuestión kurda y facilitar el surgimiento de más opciones políticas”, explicó Sariibrahimoglu.

Un analista para Turquía del Grupo Internacional de Crisis (International Crisis Group, ICG), Hugh Pope, cree que “ya no es válido el cliché de Turquía como país gobernado por generales, establecido hace mucho tiempo”. “Se ha generado un aperturismo para nuevos planteamientos. Todo el discurso de la fácil solución militar para la cuestión del PKK se ha visto desacreditada”, aseguró.

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