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Blog sin publicidad

Blog de Turquía

Desde los inicios de este blog, y en otros que tuve antes, nunca me gustó poner publicidad. Nunca tuve como objetivo ganar dinero con ello, ni mucho ni poco, pues considero que la información debe ser libre y la inclusión de anuncios comerciales perturba y distrae a los lectores. Por eso no entiendo que wordpress.com haya decidido, unilateralmente y sin advertirlo, incluir en todos sus blogs publicidad de Google.

Por tal razón este blog finaliza aquí. Quien quiera seguirme puede hacerlo en errant.es. Desde donde continuaré publicando las noticias que considero interesantes.

Pero entonces, ¿los activistas de la flotilla eran buenos o malos?

Santiago Alba. Rebelión

Leía ayer en El Mundo una noticia estremecedora: en la ciudad petrolera de Hassi Messaud, en el sudeste de Argelia, decenas de trabajadoras solteras, divorciadas y viudas son cotidianamente insultadas, humilladas, robadas y agredidas por vivir solas. Este hostigamiento, apenas reprimido por la policía, se viene repitiendo desde hace muchos años y alcanzó su expresión más violenta la noche del 12 de julio de 2001 cuando 300 hombres armados asaltaron las casas de las pecadoras, las desnudaron y violaron, procediendo luego a quemar o a enterrar vivas a algunas de ellas. El pasado 25 de abril, la psicóloga Charifa Buata creó, junto a otras mujeres y organizaciones feministas, un Colectivo de Solidaridad para defender su derecho a vivir y trabajar en las condiciones que ellas elijan, sin la “protección” de un hombre.

En principio, la noticia me pareció impecable desde el punto de vista periodístico, pero enseguida reparé en que se ajustaba poco al modelo que se aplica a otras cuestiones. Por comparación, resultaba —cómo decirlo— poco “equidistante”. El responsable de la información, ¿no habría tenido que darnos también la versión de los 300 hombres justicieros o al menos de su portavoz autorizado? ¿No estaban defendiendo esos buenos padres de familia su virilidad amenazada, su identidad religiosa insultada, las tradiciones del país y el honor de su población? Y las mujeres así tratadas, ¿no eran en realidad unas provocadoras que daban el mal ejemplo de su criminal independencia? ¿No eran unas desvergonzadas fornicadoras? ¿No eran además violentas y agresivas? ¿No trataron quizás de protegerse mientras los 300 virtuosos las golpeaban y desnudaban o, aún más, no intentaron ellas mismas golpear con el puño a los que estaban salvándolas a cuchilladas de sus propios errores y desmanes? ¿No merecían tal vez lo que les pasó? Y en cuanto a esa tal Charifa Buata, ¿no es una entrometida a la que hay que parar los pies? ¿Una puta feminista, amiga de artistas y maricones, que viene de fuera a violar la paz de la ciudad?

Así contada, la noticia habría sido sin duda mucho más “equidistante”: si 300 hombres armados de cuchillos desnudan, violan y matan a mujeres solas en sus casas, esos hombres tendrán derecho a dar su versión, a justificarse, a degradar a las víctimas, a defender su conducta. Lo tendrán ante un juez, sí. ¿Pero también en los medios de comunicación?

La noticia de El Mundo sobre las mujeres de Messaud no es “equidistante”, pero sí de una razonable objetividad: describe hechos probados, constitutivos de delito, y excluye además toda posibilidad subjetiva de identificación con los agresores. Es verdad que, rescatada precisamente en este momento y en esa portada, su “objetividad” alimenta la visión islamófoba dominante y hasta cabe maliciarse que ésa es la verdadera razón de que los lectores tengan acceso ahora a una información que, en la distribución de la página, sólo bajo las declaraciones de Netanyahu contra el “terrorismo islámico” cobra vida y sentido. Pero es esta misma “objetividad” de la noticia argelina, tan refinadamente manipuladora, la que ilumina de pronto todo el refinamiento manipulador de la “equidistancia” aplicada a las noticias sobre Israel y la Flota de la Libertad. La objetividad de un caso contrasta con la equidistancia del otro y revela la intención fraudulenta de ambas. Una y otra —objetividad y equidistancia— pueden usarse, y se usan cotidianamente, contra la ética y contra la verdad.

Lo cierto es que, si la objetividad no es la regla que guía a nuestros periódicos, salvo para promocionar una mentira, tampoco lo es la equidistancia, salvo para minar la objetividad. Nadie puede negar que en estos días los medios han recogido el punto de vista de los activistas que viajaban en la Flotilla, han difundido sus declaraciones y no han silenciado las más contundentes condenas y denuncias. Quedarse ahí habría significado apostar por la objetividad. ¿Por qué había que recurrir en este caso a la “equidistancia”? Los medios de comunicación españoles no suelen hacerlo en el caso de Iraq, donde la resistencia permanece en la penumbra, o de Afganistán, cuyos talibanes son malvados mudos, ni tampoco con Hizbullah o Hamas, a los que nunca preguntan su “versión” de los hechos, aunque sus países sean bombardeados y sus conciudadanos asesinados; y tampoco —huelga decirlo— se usa con ETA, a la que jamás se ha cedido la palabra, en nombre de la equidistancia, después de un atentado mortal. ¿Por qué entonces sí con los asesinos de Yildirin, Bengi, Kiliçiar y sus compañeros turcos? Bueno, es muy sencillo: si de lo que se trata es de defender a Israel y no se puede silenciar a las víctimas, si hay que contar la verdad desactivando todos sus efectos, entonces la equidistancia es la herramienta adecuada.

Tras atacar mortalmente la Flota, Israel secuestró a los supervivientes, a los heridos y a los muertos; y secuestró también la información. Ningún medio denunció este colofón natural de los crímenes anteriores. Al contrario, todos aceptaron como “fuente” de información a los portavoces de los asesinos y los secuestradores, de manera que, como certeramente indica Samuel en su blog Quilombo (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=107240), el marco mismo de construcción de la noticia quedó en manos israelíes. El gobierno israelí no negó los hechos: reconoció que la nave estaba en aguas internacionales, reconoció haberla asaltado, reconoció haber matado a algunos de sus pasajeros. Reconoció, en definitiva, su crimen. Pero enseguida impuso la convicción de que, más allá de la objetividad, la verdadera cuestión era la de saber si los activistas eran buenos o malos chicos y si, por lo tanto, con arreglo a la definición religiosa de “terrorismo”, aceptada ya por casi todos, contra ellos estaba o no todo permitido. Sobre los hechos no había discusión, pero sobre la catadura moral de los muertos y los supervivientes sí. Aquí había por fin dos versiones, y se abría por tanto la posibilidad maravillosa, más allá de la objetividad, y mucho más decisiva, de la equidistancia. Los medios han aceptado con entusiasmo el debate; también el ministro Moratinos, que se ha declarado dispuesto a “escuchar lo que tengan que decir” los tres activistas españoles (como si tuviese que juzgar sus voces y su tono y esperar a penetrar su alma con la mirada para valorar lo ocurrido). Pero lo malo es que lo han aceptado los propios activistas.

De lo que se trata ahora es de saber si los pasajeros de la Flota de la libertad eran buenos o no, si eran realmente pacifistas, si llevaban o no armas y si su intención era sinceramente humanitaria. Israel, con la complicidad de los medios de comunicación, ha conseguido desplazar la atención de la objetividad de los hechos a la subjetividad de las voluntades; ha conseguido desplazar el centro de gravedad del derecho a la religión. Todas las religiones —incluidas las tres monoteístas— han insistido siempre en la necesidad de que la víctima sacrificial sea pura y sin tacha, porque es precisamente su pureza la que la hace digna de los dioses: la inclinación a hablar siempre bien de los muertos, y especialmente de los asesinados, es un residuo de esta mentalidad sacrificial que el Levítico reglamenta rigurosamente, pero que podemos encontrar igualmente en Grecia. La idea de justicia, tal y como la formuló primero Sócrates y más adelante el derecho penal, rompió con este concepto religioso de la víctima como catalizador subjetivo de la violencia. Lo que importa, a los ojos de la ley, no es la moralidad del agredido sino la acción del agresor. Israel, al negar no el acto sino la pureza de la víctima, restablece precisamente la lógica del sacrificio, en la que los propios activistas quedan atrapados con sus reclamaciones de inocencia. El resultado es que, al leer estos días los periódicos, uno tiene que estar muy atento para no dejarse arrastrar por tres falsas evidencias que se imponen con la aceptación misma del debate:

- La de que el delito era romper y no imponer el bloqueo de Gaza.

- La de que el delito era defender, y no atacar, el barco.

- La de que, en definitiva, es más violento el hecho de afirmar la legalidad que el de violarla.

Un gran éxito, como se ve, de la estrategia mediática, cuya “equidistancia” consigue el efecto prodigioso —abracadabra— de voltear por entero la objetividad de los hechos. A igual distancia de unos y otros, las víctimas no podrán ser nunca lo bastante inocentes —por más corazas y uñas que se quiten— como para no resultar fallidas y, por tanto, susceptibles de exterminio. Así lo decía el periódico italiano Il Giornale en su portada del 2 de mayo: “Mueren diez amigos de los terroristas. Israel hizo bien en disparar”. Dispararon infringiendo la ley, sí, pero dispararon contra los malos.

Cuanto menos se cumple, y justamente porque no se cumple, más creo en el derecho como mínima fuente de objetividad que nos impide deslizarnos al ámbito religioso, donde la partida la ganarán siempre los más fuertes. La violencia que la aniquila mancha además a la víctima: eso es religión. Frente a ella —y frente a la equidistancia proisraelí de los medios— es necesario recordar aquí, para terminar, lo que nadie se ha atrevido a decir:

- Que los principios ideológicos del movimiento Free Gaza y la Fundación IHH, así como la desigualdad asumida de fuerzas, excluyen la posibilidad de que los pasajeros de la nave asaltada llevasen armas. Si las hubiesen tenido —y destructivas y poderosas— quizás Israel se lo hubiese pensado dos veces antes de atacarlos. Pero lo que hay que decir es que si las hubiesen tenido, si los pacifistas hubiesen tenido armas e Israel les hubiese atacado, entonces habrían tenido el derecho y, aún más, la obligación de defenderse. Y a continuación también el derecho —también la obligación— de sentirse buenos.

No cabe esperar que la ONU tenga la decencia de condecorar y asignar sueldos póstumos a los nueve de Turquía por haber hecho lo que tendría que hacer ella. Pero lo cierto es que la Flota de la Libertad, con sus cincuenta nacionalidades a bordo, fue por unos días, navegando por el Mediterráneo, la ONU en la que todos queremos refugiarnos.

Censura en Internet: críticas a Turquía y cinismo de la OSCE

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

El lunes 18 de enero la OSCE convocó una rueda de prensa en su sede de Viena para criticar la ley de Turquía que regula los contenidos en Internet.

Rápida y diligentemente reproducida por agencias de prensa y periódicos, los titulares de la noticia eran inequívocos: La OSCE critica a Turquía por bloquear 3.700 páginas web por causas políticas (ABC); Turquía bloquea 3.700 webs por razones ideológicas (El Periódico); La OSCE afirma que Turquía mantiene bloqueadas al menos 3.700 páginas de Internet (Europa Press)…

En la comparecencia pública, el representante para la libertad de los medios de comunicación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Miklos Haraszti, aseguró que “en la actualidad, al menos 3.700 páginas de Internet son bloqueadas en Turquía (…), Además, bloquear el acceso a páginas enteras de Turquía paraliza el acceso a un gran número de redes sociales o lugares de uso compartido de archivos”.

Haraszti afirmó igualmente que, mientras estuvo en Turquía (unos días antes), no pudo acceder a la página web que la OSCE tiene en YouTube. “Bloquear el acceso dentro de Turquía es una afrenta a un derecho de la sociedad”, aseguró. “Además, algunas de las razones oficiales para bloquear Internet son arbitrarias y políticas y, por tanto, incompatibles con la libertad de expresión que defiende la OSCE”, afirmó.

“Nuestra principal recomendación es que se reforme o elimine la ley de Internet. Espero que las autoridades turcas retiren pronto las disposiciones que impiden que los ciudadanos turcos no puedan ser parte de la sociedad global de la información”, concluyó.

Hasta aquí la noticia.

Los hechos

Las afirmaciones de Haraszti provenían del informe “Turquía y la censura en Internet” preparado por el académico turco Yaman Akdeniz, experto en legislación y Derechos Humanos y profesor en la Universidad de Bilgi en Estambul. Pero el responsable de la OSCE malinterpretó algunas de las conclusiones del riguroso y detallado informe. Para empezar porque no es cierto que “en la actualidad, al menos 3.700 páginas de Internet son bloqueadas en Turquía” sino que desde la entrada en vigor de la Ley 5651 (Ley de Internet) en Turquía, en mayo de 2007 y, hasta diciembre de 2009 “aproximadamente 3.700 sitios web han sido bloqueados” (página 2 del informe), lo cual es sensiblemente diferente, y más si se tiene en cuenta que esos bloqueos son temporales hasta ser retirados los contenidos que motivaron la sanción. A este respecto la ley, en su artículo 8, tipifica como punibles: la inducción e incitación al suicidio, la explotación y el abuso sexual de niños, facilitar el uso de drogas, suministrar sustancias peligrosas para la salud, la obscenidad, el juego [prohibido en términos generales en Turquía] y los delitos cometidos contra [el fundador de la República] Atatürk.

Por otra parte lo que el informe reclama a las autoridades turcas es “transparencia, publicidad e información” de las decisiones, tanto judiciales como administrativas, que imponen los bloqueos. Algo que actualmente se da la menor parte de las veces.

“El estudio ha demostrado que la falta de transparencia judicial y administrativa en lo que se refiere a las órdenes de bloqueo de los tribunales y de la TIB [organismo público ejecutivo de la ley] sigue siendo un problema importante. Por otra parte, las decisiones de la TIB de no revelar las estadísticas de bloqueo es un paso atrás, y en ausencia de información, veracidad y transparencia, es difícil controlar y evaluar las prácticas jurídicas del régimen legal actual en Turquía” (p. 35).

Por lo que en sus conclusiones pide que “cesen los bloqueos fuera del ámbito de aplicación de la ley”, se aseguren las garantías jurídicas en los procesos sancionadores y se adapte la legislación “a las normas internacionales sobre la libertad de expresión, o de otro modo se considere la abolición de la ley”.

Ciertamente la libertad de expresión en Turquía es un derecho en constante estado de amenaza, y la legislación aporta más herramientas para controlarlo que garantías para su ejercicio. Sin embargo, este derecho no puede ser invocado para Internet en su conjunto puesto que, debido a sus características, en la red se pueden hallar todo tipo de mensajes, productos y servicios no siempre legales atendiendo a las legislaciones de cada país. Tampoco se puede pasar por alto que lo que Turquía realiza de forma “burda” a través mecanismos estatales creados para ello, los países más poderosos lo llevan a cabo de manera más “limpia” usando subterfugios y eufemismos que provocan el mismo o mayor daño, aunque para ello cuenten con la colaboración de “herramientas” más potentes y discretas como son las multinacionales del ocio.

Por poner unos ejemplos: cuando en mayo de 2008 el Juzgado Penal Nº1 de Ankara impuso la sentencia de prohibir el acceso a YouTube en tanto no retirara 111 vídeos considerados ilegales, el servidor (ahora de Google) procedió a retirar 67, hasta el día de hoy; por las mismas fechas YouTube decidió cerrar de manera unilateral la cuenta que tenía aporrea.org (el periódico alternativo más leído de la red en castellano); unos meses antes (noviembre de 2007) YouTube canceló la cuenta de Wael Abbas, un activista egipcio contra la tortura, que contaba con más de 100 vídeos, entre ellos algunos que mostraban la violencia policial, acusaciones sobre irregularidades electorales y manifestaciones contrarias al gobierno de su país; cinco meses antes (junio de 2007) YouTube cerró la cuenta de Luigino Bracci, con más de 450 vídeos, fundamentalmente centrados en defender el proceso revolucionario de Venezuela; hace ahora dos meses (noviembre de 2009) YouTube cerró la cuenta del semanario satírico El Jueves que contaba con centenares de vídeos; hace un mes YouTube canceló y borró los numerosos vídeos de producción propia que tenía el portal StereoZona.tv; por contra, en agosto de 2007, YouTube mantuvo en Alemania un vídeo que incluía fragmentos de la película de propaganda antisemita de 1940 “Jud Süss” y dos vídeos musicales de la proscrita banda de rock alemana de ultraderecha Landser, que muestran material de la Segunda Guerra Mundial con operaciones militares nazis, pese a la fuerte presión de diversas organizaciones sociales para que fueran retirados… Pero de todo esto nada dijo Miklos Haraszti.

Una curiosidad. Mientras el bloqueo en Turquía de YouTube tiene más de virtual que de real, puesto que se puede sortear utilizando proxy servers, la cancelación y borrado de cuentas elimina el trabajo de años y la posibilidad de recuperar el material alojado en el servidor. Sólo añadir que durante todos estos meses, y a pesar de la prohibición en Turquía, YouTube ha seguido estando entre las 10 páginas más visitadas de internet por los internautas turcos.

Otras actuaciones. Un buen número de las prohibiciones en Turquía se basan en la violación de derechos de autor (entre ellas las referentes a las denominadas redes sociales), algo muy común en otras latitudes pero al parecer sólo criticado en determinados países. Mucho más grave fue el cierre de los servidores eDonkey en Alemania y Razorback2 en Bélgica, que desde luego no podían ser acusados más que de facilitar el intercambio de archivos entre particulares, y sin embargo las noticias no causaron tanto revuelo.

Tampoco lo causó el bloqueo de la empresa estatal sueca Telia, proveedora de servicios de telefonía e internet, cuando en marzo de 2008 impidió el acceso a numerosas páginas españolas y latinoamericanas (el periódico digital Rebelión o la Agencia Boliviana de Información, entre otras), siguiendo el camino de censura previa que sobre las mismas webs había iniciado la empresa norteamericana CogNet.

Ni mucho menos el caso del gobierno de los Estados Unidos contra Steve Marshall. En 2007 Marshall, un agente de viajes inglés residente en España, se encontró con que cerca de 80 de sus sitios Web dejaron de funcionar -Washington mediante- por publicitar entre sus ofertas vacacionales la isla de Cuba. Páginas en inglés, francés y español que llevaban funcionando desde 1998, y algunas de las cuales (www.cuba-hemingway.com, www.cuba-havanacity.com, entre otras) trataban temas de historia y cultura de Cuba. También en este caso podría hacerse un extenso relato, pero basta con visitar la lista negra del Departamento del Tesoro (sólo una lista de entre las muchas existentes en las instituciones del Estado norteamericano) para hacerse una idea.

¿Qué es la OSCE?

¿Sorprende entonces la denuncia hecha por la OSCE? No, si se conocen los antecedentes de esta institución creada en plena guerra fría, remozada en 1975 y “refundada” 20 años después.

De sus objetivos iniciales como organismo multilateral (que reunía a países socialistas y capitalistas del hemisferio norte) en pos de la denominada “política de disuasión”, evolucionó hacia la defensa del expansionismo económico de las empresas del Occidente capitalista, para favorecer la penetración de las estructuras económicas de mercado en las regiones periféricas poco explotadas por las grandes multinacionales. En este sentido el papel desempeñado en la defensa del credo democrático-liberal no es algo irrelevante.

El caso de Yugoslavia es paradigmático. Durante su violento proceso de desintegración la OSCE maniobró para conseguir algo hasta ese momento inédito: que “nacionalistas” de todos los bandos (croatas, eslovenios, serbios, albaneses, bosnios) defendieran con convicción las inversiones extranjeras y la entrada del capital multinacional en su territorio. Entre otras contrapartidas, la OSCE modificó las reglas del escrutinio en las elecciones municipales de Bosnias de 1997 para favorecer a los nacionalistas croatas, y colaboró en el “montaje” de la matanza de Racak (que sirvió como “justificación” para la invasión de Yugoslavia por la OTAN en 1999) como más tarde se llegó a saber.

Algunas perlas. “Experta” en procesos electorales, la OSCE criticó con virulencia las elecciones en Bielorrusia y Moldavia (donde se impusieron los candidatos equivocados) mientras alabó las celebradas en Ucrania sólo cuando venció el pro-occidental Víctor Yushchenko. Por supuesto nada dijo del fraude electoral de George W. Bush en 2004. En numerosas ocasiones ha criticado la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, en los países donde son minoría, pero se ha abstenido de hacer lo propio con los musulmanes. En septiembre de 2007 Amnistía Internacional denunció la negativa de la OSCE a aceptar la participación de la ONG de derechos humanos “Sociedad de Amistad Ruso-Chechena” en la reunión de alto nivel sobre víctimas de terrorismo, celebrada en su sede de Viena. Más recientemente (julio de 2009) la OSCE emitió una declaración en la que equiparaba fascismo y comunismo tratando de ese modo de reescribir la historia reciente de Europa.

Conclusión

El pasado 14 de enero (cuatro días antes de su rueda de prensa con la que se inicia este artículo), Miklos Haraszti mostró su preocupación en la Universidad de Bilgi en Estambul ante “las restricciones a la liberalización total de los medios de comunicación del país [Turquía]”. Haraszti consideró injustificable cualquier intromisión gubernamental contra un medio de prensa.

Durante su conferencia también se refirió a la crisis provocada por la publicación de las caricaturas del profeta Mahoma en Dinamarca en 2005. Haraszti consideró que la respuesta de Dinamarca y de otros países de la UE a la dura reacción de sectores musulmanes fue la correcta, pues a su modo de ver “hay una clara diferencia entre la instigación a la violencia y las duras críticas de la religión”.

La contundencia de sus declaraciones ante los despropósitos del Estado turco no compensan, sin embargo, el silencio mantenido cuando el FBI confiscó en Londres los ordenadores de la Red Indymedia, cerrando una veintena de páginas web asociadas, y en tantas otras ocasiones en que los perjudicados han sido medios comunitarios o páginas alternativas “antisistema”.

Pero también pudiera ocurrir que el objetivo perseguido fuera el de abrir una brecha por el que introducir inversores extranjeros en el sector de los medios de comunicación en Turquía. Un negocio, por el momento, en manos del capital local.

¿Manipulación en los medios alternativos?

Un feo gesto de lahaine.org con el problema kurdo de fondo

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

El pasado domingo Andrés Mourenza publicaba en El Periódico de Catalunya una entrevista con los comandantes, Bozan Tekin y Ronahi Serhat, del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

La entrevista apareció en ese periódico y en otros diarios regionales bajo el titular: “España puede ser un modelo para arreglar el conflicto kurdo”. Rebelión.org la publicó al día siguiente modificando el encabezamiento (“El PKK está en contra de un estado nacional para los kurdos”), pero manteniendo íntegra la entrevista e incluyendo el enlace a la noticia original. La sorpresa llegó para mi con la publicación en lahaine.org. Con un nuevo título (esta vez “El Gobierno aún ve al PKK como una fuerza a destruir, no como un interlocutor”), el cambio más notorio era sin embargo la eliminación de la pregunta que, precisamente, Rebelión había encontrado más destacada.

En concreto la redacción del párrafo censurado era ésta:

–¿Ha abandonado el PKK sus demandas independentistas?

–B.T.: El sistema de los estados-nación ha sido superado. Fue un sistema impuesto por Europa a Oriente Próximo, que no ha funcionado porque esta región es un mosaico de culturas. Por eso el PKK está en contra de un estado nacional (para los kurdos). Lo que apoyamos es una solución confederal que nos garantice vivir de forma libre y democrática. Por ejemplo, la Constitución española de 1978 puede servir de modelo para arreglar el conflicto kurdo [Ronahi Serhat cita de memoria varios artículos de la Constitución española]. También los modelos británico o el canadiense podrían servir de ejemplo.

No tengo nada en contra de que cualquier medio modifique el titular de una entrevista, siempre y cuando recoja las palabras y el sentido de lo dicho por el entrevistado. El titular no es más que un detalle de presentación o reclamo para los potenciales lectores. Pero no puedo decir lo mismo de amputar, al antojo del editor, las afirmaciones incómodas para el medio donde se publica. Es una forma bastante fea de seguir la máxima que la realidad no te estropee un buen titular.

Hay una forma más honesta de actuar y es no publicar ese tipo de textos. Al fin y al cabo para un medio que se dice libre o alternativo no hay ninguna obligación en ello. Lahaine, además, ni aclaraba que la entrevista publicada por ellos estaba extractada ni facilitaba a sus lectores la fuente y/o procedencia de la misma.

Desde hace bastante tiempo vengo observando que en la cuestión kurda determinados medios alternativos e independentistas del estado español, fortalecen la tesis de que el PKK, y por extensión el pueblo kurdo, lucha por su independencia del estado turco. Pero una y otra vez, tanto el DTP (el Partido de la Sociedad Democrática -pro kurdo- de Turquía) como el PKK declaran que su lucha no es para lograr, algún día, una república independiente. El domingo Bozan Tekin, considerado el número 2 del grupo guerrillero, lo dijo aún más claro: El PKK está en contra de un estado nacional para los kurdos.

Bozan Tekin es un hombre inteligente, instruido (me consta que durante su entrevista citaba tanto a Louis Aragón y Neruda como la constitución española), apuesto (con cierto parecido con Charlton Heston) y valiente. No sólo porque se enfrenta a diario, con las armas en la mano, al ejército turco, sino porque tiene muy claro por qué lucha. Su afirmación contra el modelo liberal de estado-nación en la región es de una obviedad tan grande, para cualquiera que conozca mínimamente el espacio ex-Otomano, que sorprende la defensa acérrima que se hace del mismo desde ciertos ámbitos de la izquierda.

En este sentido el intelectual norteamericano Noam Chomsky recordaba en Estado peligrosos. Oriente Medio y la política exterior estadounidense (Paidós, 2007) que:

Las grandes potencias los utilizarán [a los kurdos] sirviéndose de ellos para sus propósitos, pero si los kurdos llegaran a oponerse a sus propósitos les quitarían sin ningún miramiento la alfombra de debajo de los pies y los volverían a masacrar como si tal cosa. (p. 155)

Desde luego que no será la corrupta y mafiosa dirigencia kurdo-iraquí quien plantee algo mínimamente inconveniente para Washington.

En el mismo libro -una larga entrevista con el periodista Gilbert Achcar- Chomsky desgrana de manera muy extensa y pormenorizada todas las crueldades cometidas durante décadas por el estado turco contra los kurdos, hasta llegar a afirmar:

Así pues, si la pregunta es ¿cuál es el mejor sistema para el Kurdistán?, yo creo que sería algo semejante a la erosión del sistema de la nación-Estado, del Estado nacional si se quiere, con el incremento de la autonomía local y regional, incluso dentro de una misma ciudad. Es algo que puede funcionar, que puede funcionar de una manera amistosa, mucho más que el sistema del estado nacional. (pp. 164-165)

Hace falta estar muy ciego para pensar que la solución en esta región del planeta consiste en hacer bantustanes étnicamente homogéneos y dotarlos de fronteras y reconocimiento internacional. ¿No hemos tenido bastante con los conflictos armados en los Balcanes, el Caúcaso, Nagorno-Karabah, Chipre…? ¿Será la solución en Palestina o en Iraq?

Chomsky se encarga de recordarnos un anatema que a buen seguro levanta ampollas, y cuya síntesis es la de rescatar algunos de los elementos del antiguo Imperio Otomano:

En el Imperio Otomano, para viajar de El Cairo a Estambul y a Bagdad, no había que pasar ninguna frontera. Los griegos de cada ciudad se ocupaban del barrio griego; los armenios dirigían las zonas armenias. Toda la región era un mosaico de gran complejidad y en lo fundamental se dejaba en paz al pueblo. […] Sí, desde luego que era un sistema brutal, y ocasionalmente se llevaba a cabo con alguna atrocidad, pero las más de las veces funcionaba bien. Más o menos dejaban en paz al pueblo. Ésa es la clase de solución idónea para un complejo mosaico de poblaciones. De hecho, creo que eso mismo sucede en Europa; imponer el sistema de la nación-Estado en Europa es un proceso que ha necesitado siglos de violencia extrema. Es un sistema antinatural: ¿en dónde se trazan las fronteras? (p. 163)

En muchos libros y artículos escritos en defensa del pueblo kurdo (no me atrevería a decir que en todos) se insiste machaconamente en que el Tratado de Sèvres reconoció los derechos históricos y límites territoriales de lo que sería un futuro estado kurdo. Nada más lejos de la realidad. El Tratado de Sèvres fue el intento de desmebrar el Imperio Otomano (en tanto que perdedor de la 1ª Guerra Mundial) y su reparto entre las potencias victoriosas y hegemónicas europeas. Su validez y legitimidad era tanta como el plan estadounidense de partición para el actual Iraq. Además el territorio asignado a los kurdos era una estrecha franja en el sureste del actual territorio turco, y quedaría administrativamente como un protectorado bajo control franco-británico. Francia se adjudicaba, además, lo que llegaría a convertirse en Siria (incluyendo por supuesto la zona kurda de ese territorio) y Gran Bretaña se apropiaba de toda Mesopotamia (actual Iraq), más interesante sin duda debido a las reservas de petróleo, con su correspondiente Kurdistán iraquí. De modo que flaco favor se le hacía al pueblo kurdo.

Otra de las incongruencias sobre los derechos o los límites del Kurdistán se expresa mediante mapas. En todos ellos una buena parte del territorio se superpone a las demandas del nacionalismo armenio sobre lo que consideran la Armenia histórica. ¿Cómo es posible olvidar que hasta 1915 kurdos y armenios poblaban y compartían casi exactamente el territorio oriental de Anatolia? ¿A quién habría que asignarlo? ¿Y cómo?

Demasiadas preguntas para ser respondidas con las, inconsistentes y eurocéntricas, respuestas ofrecidas hasta ahora desde el ámbito occidental. Es difícil escapar al esquema dominante del Estado-nación, pero el único ejercicio honesto de pensamiento disidente es el de proponer otras formas de organización comunitaria y entre pueblos, allí donde se ha venido compartiendo un mismo territorio.

Este mes en El Ecologista balance sobre el V Foro Mundial del Agua

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

El número 61 de la revista El Ecologista incluye en esta ocasión un artículo de mi autoría (Sin derecho al agua)  sobre el V Foro Mundial del Agua celebrado en Estambul el pasado mes de marzo.

El artículo hace un balance sobre lo que ha significado la quinta edición de un encuentro marcado por la crítica y el disenso entre quienes consideran el agua un bien con el que hacer negocio y quienes luchan porque sea reconocido como un derecho humano básico.

El movimiento social y un creciente número de países abanderan esta última posición, y en un futuro próximo veremos iniciativas en defensa de la vida y contra la comercialización de los recursos básicos naturales.

El Ecologista está editado por Ecologistas en Acción y todos sus ingresos se destinan a la lucha por la conservación del medio ambiente.

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Ver también:

Editorial

Sumario

El gobierno turco y la Unión Europea arrinconan a los kurdos

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

A medida que el gobierno de Turquía y la UE estrechan vínculos, comienza a desvelarse una cierta sintonía entre ambos que evidencia el modus operandi del organismo europeo todavía insuficientemente conocido, cuando no abiertamente ignorado, por los ciudadanos turcos.

La clave es acercar posiciones entre el aspirante a país miembro y los órganos de decisión de la UE. De este modo mientras el primero suaviza o relaja -real o aparentemente- su legislación, el segundo endurece su discurso y sus directivas. Como resultado el punto de convergencia se halla en la agenda de lo realmente sustantivo para ambos. Recordemos que el Tratado de la Unión tiene como objetivo principal -y en la práctica único- el establecimiento de un espacio de libre mercado, dentro del cual toda norma que dificulte o impida el desarrollo del mismo debe ser abolida.

Las libertades sociales y laborales, los derechos inalienables, el respeto a los principios democráticos tienen un valor inversamente proporcional a los intereses del sistema capitalista, y nulo cuando abiertamente se oponen a su expansión o a los dogmas neoliberales. La reforma de la jornada laboral, la normativa contra la inmigración, la mercantilización de las universidades… son cuestiones concomitantes con la abierta connivencia hacia los movimientos especulativos de capital, los paraísos fiscales, la financiación de empresas privadas con dinero público, etc.

Qué importa entonces que un socio fiel a estos principios viole los principios del derecho con su Ley de Partidos o se retrotraiga varias décadas endureciendo su Código Penal, a un nivel aún peor que durante la dictadura franquista.

Turquía ya puede ir aprendiendo, pero las organizaciones y partidos kurdos están amenazados de saltar por los aires, pese a encontrarse entre los más abiertamente europeistas.

El pasado martes dos noticias daban muestra de esta práctica. Así, mientras el Ministro de Justicia turco, Mehmet Ali Sahin, anunciaba el relajamiento -bajo severas condiciones- del régimen penitenciario de Abdullah Öcalan, líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), el Vicepresidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, Hannes Swoboda, advertía a los representantes del Partido de la Sociedad Democrática (DTP), pro kurdo, ante su aparente complicidad con la organización “terrorista” del PKK.

Las autoridades turcas consideran un “gesto” positivo el hecho de condicionar el trato digno y humanitario hacia un prisionero, a la renuncia de sus convicciones. Según el abogado Selçuk Kozagaçli, la petición del gobierno a Öcalan es “degradante” y “muestra claramente la mentalidad del sistema penal”. El ministro anunció estar dispuesto a relajar el régimen de aislamiento del líder kurdo a cambio de que éste haga un llamamiento a su organización para que abandone las armas. “No es suficiente obedecer las normas de la prisión, se trata de que muestre arrepentimiento y sumisión”, aseguró el jurista, “como si no fuera bastante con la privación de libertad, también querrían que renunciara a su identidad política y cultural. Desde la perspectiva del convicto esto es degradante e inaceptable”.

Öcalan cumple una condena de cadena perpetua en la isla de Imrali, donde se encuentra en aislamiento absoluto. La cárcel fue construida especialmente para su reclusión y no alberga más prisioneros.

El ofrecimiento gubernamental (que bien podría ser denominado chantaje) viene después de semanas de movilizaciones, en muchas localidades del país y en Estambul, tras conocerse la continua tortura psicológica a la que se somete al prisionero. Como resultado: numerosos heridos, decenas de detenidos y un manifestante muerto por los disparos de la policía el pasado 20 de octubre en Dogubeyazit.

La Unión Europea a la carga

Swoboda y otros miembros del Parlamento Europeo se reunieron el martes con Presidente de la Comisión parlamentaria de Asuntos Exteriores, Mehmet Ceylan. Durante la reunión, el diputado turco aseguró que el avance en las negociaciones de acceso es claro y que no cuentan con más objetivo que el de llegar a ser miembros de la UE de pleno derecho. Negó que existiera en su país ningún ‘problema kurdo’, regional o étnico, “lo que tenemos es un problema de terrorismo”. Es cierto que “las provincias del este y del sudeste del país son las menos desarrolladas”, aseguró Ceylan, “pero ello se debe a lo montañoso de la región, lo limitado de las comunicaciones y a 30 años de terrorismo”.

Lo más elocuente de esta representación fue el firme apoyo de la UE a la torticera explicación sobre la cuestión kurda. Swoboda, felicitó a Turquía por su política exterior y avaló los informes del país sobre el problema del terrorismo, culpando al PKK de todos los males que sufre la población kurda. “Si sólo fuera una cuestión de subdesarrollo económico regional, entonces el gobierno turco no habría tomado medidas como la reciente inauguración de un canal de televisión en lengua kurda”, aseguró, “desde luego, hay problemas económicos y sociales. Pero, por esta razón, nos alegramos de ver que el gobierno ha estado tomando medidas para mejorar la situación de la región”.

Sin embargo, Swoboda se mostró más duro con los legítimos representantes políticos kurdos. Si bien deseó que el Partido de la Sociedad Democrática (DTP) no fuera ilegalizado, advirtió a sus representantes para que “tracen una línea muy clara y firme entre la cuestión kurda y el terrorismo y hagan algo por su propia gente distanciándose de Öcalan”.

Con sus declaraciones Swoboda trata de ocultar el carácter político del juicio que se sigue contra el DTP. Así como el trabajo inequívoco de este partido por encontrar una solución no violenta al conflicto kurdo.

Así lo explicó Ali Simsek, asesor del DTP, en una reciente entrevista: “quieren cerrar el DTP porque puede ser un puente entre el pueblo kurdo y el Gobierno turco para conseguir la paz y encontrar una salida al conflicto, y esto no interesa. Lo que realmente quiere el Gobierno es que la sociedad kurda quede fuera de la política, pero entonces empujan a los kurdos a luchar por otras vías. Además, al encontrarnos ante unas elecciones, es una forma de hacen propaganda y buscar que la gente tenga miedo. La ilegalización de partidos kurdos no es una cosa nueva, se ha ido repitiendo continuamente, y se ha ido cambiando el nombre del partido”.

En las elecciones de julio de 2007, y tras 16 años de ausencia, el Partido de la Sociedad Democrática (DTP) -heredero de los anteriores partidos kurdos clausurados- consiguió superar los obstáculos del sistema electoral turco y obtuvo 21 diputados. Pero en noviembre del mismo año la justicia comenzó un proceso de ilegalización contra el DTP acusándolo de amenazar la integridad de Turquía, de estar vinculado al PKK y seguir sus directrices. No hay fecha para la resolución del caso, pero parece seguro que será ilegalizado, excluyendo de ese modo la opción política para la superación del conflicto.

En cualquier caso, el representante europeo no está solo pues las empresas mediáticas también realizan su misión de apoyo. Ahora hace un año, el DTP propuso un marco autonómico en Turquía y el fin de las operaciones militares, que pasó totalmente inadvertido pues ningún medio quiso informar de la oferta. Por el contrario hubo alguno (Antena 3) que, en aquellos días, aprovechó para cargar contra el DTP.

Las iniciativas parlamentarias de este partido sobre el problema kurdo son sistemáticamente silenciadas en la prensa, pese a que su agenda política en esta cuestión es, sin lugar a dudas, la más coherente, honesta y pacífica de cuantas ofrecen los grupos que integran el Parlamento de Turquía.

El Ejército afronta por primera vez duras críticas en su actuación frente al PKK

Un declive del poder político del Ejército podría facilitar la democratización y una nueva perspectiva civil ante la cuestión kurda

Política. Europa Press. 30 oct

Las Fuerzas Armadas turcas, una de las instituciones tradicionalmente más respetadas por su defensa del laicismo, parece ahora estar a la defensiva a raíz del juicio abierto por la red Ergenekon, una supuesta trama de antiguos militares y ultranacionalistas turcos para desplazar del poder al Partido Justicia y Desarrollo, islamista moderado. Con el tambaleo de este pilar del Estado laico turco podrían llegar más cambios para una de las potencias clave de su región.

El último informe sobre Turquía de la Red de Relaciones Internacionales y Seguridad (International Relations and Security Network, ISN) destaca que por primera vez en muchos años la opinión pública turca y los medios de comunicación están criticando abiertamente la labor de las Fuerzas Armadas.

Todo comenzó el pasado 3 de octubre, cuando milicianos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) atacaron un puesto militar y mataron a 17 soldados en el sureste del país. Entonces comenzaron a escucharse voces que acusaban a los mandos militares de negligencia por este incidente concreto y por su planteamiento de la lucha contra insurgente, aparentemente ineficaz a pesar de las frecuentes incursiones en territorio iraquí.

Al día siguiente de la matanza la prensa turca publicó una fotografía del jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, el general Aydogan Babaoglu, jugando apaciblemente al golf precisamente en el momento en el que se desarrollaban las operaciones de represalia contra el PKK. “Dimita, mi pachá”, “dimita, mi general” fue el titular de portada del diario ‘Vatan’, un dato muy significativo en un país en el que las Fuerzas Armadas y sus hazañas son reverenciadas.

“Puede considerarse un punto de inflexión, en el sentido de que se trata de la primera vez que los medios de comunicación cuestionan la actuación de las Fuerzas Armadas en su lucha contra el PKK”, opinó Lale Sariibrahimoglu, un analista militar que vive en Ankara. “Hasta ahora ha sido muy difícil cuestionar las acciones y errores de la lucha contra el PKK”, agregó.

Algunos expertos apuntan ya a que estas críticas son un indicio del declive del formidable poder político de las Fuerzas Armadas y un importante paso para fortalecer el proceso de democratización. Incluso podría dar paso al desarrollo de nuevas estrategias lideradas por fuerzas civiles para abordar la problemática kurda.

Situación inédita

Las Fuerzas Armadas turcas se encuentran ahora ante una situación inédita. Desde hace décadas, el Ejército ha sido la fuerza política dominante con su defensa del laicismo y el nacionalismo nacidos de la revolución de Mustafá Kemal ‘Ataturk’ que acabó con el Imperio Otomano y dio paso a la República de Turquía.

Desde la década de 1960 los generales han depuesto y nombrado gobiernos a voluntad. “Han intervenido mucho en política interna”, reconoció un investigador militar de la Fundación Turca de Estudios Económicos y Sociales, Volkan Aytar. “El Ejército ha sido un freno en el proceso de democratización de Turquía. Siempre que había perspectivas de reformas democráticas, (los generales) se quejaban de que afectaría a su capacidad militar”, explicó.

Sin embargo, las reformas introducidas para adecuarse a los criterios de la UE para su posible ingreso han contribuido a disminuir la influencia política de las Fuerzas Armadas gracias a la inclusión de civiles en la elaboración de políticas de seguridad y a la mayor supervisión del Parlamento sobre el presupuesto militar.

Otro diario, ‘Taraf’, acusó al Ejército de no haber podido descubrir a través de los aparatos de espionaje la preparación del ataque del PKK y publicó en su portada fotografías tomadas por un avión no tripulado (UAV, por sus siglas en inglés) que supuestamente muestra a guerrilleros del PKK preparándose para el ataque.

“Podemos decir que estamos entrando en una nueva fase de la relación entre civiles y militares”, indicó un analista político, Mehmet Ali Birand, durante una intervención en la televisión Kanal D.

“La prensa tenía miedo de criticar al Ejército. Se cuidaba mucho de no hacerlo. Ahora es justo al revés. Nunca antes hemos visto críticas como estas (…). Es una nueva era”, dijo.

Reacción militar

A pesar de esta novedosa situación, el Ejército no parece amilanarse en exceso. En una rueda de prensa, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas turcas, el general Ilker Basbug, aseguró que adoptarán las medidas legales apropiadas contra quienquiera que filtre material sobre el ataque del PKK a la prensa.

“Es mi última palabra: invito a todos a ser cautos y a mantener una postura adecuada”, afirmó Basbug, visiblemente enfadado. “Los ataques sistemáticos que han aumentado en los últimos días no consiguen más que incrementar la fuerza, la determinación y la voluntad de las Fuerzas Armadas turcas”, dijo.

Aytar, sin embargo, destacó que las amenazas de los militares son ahora menos graves de lo que eran antes. “Los esfuerzos del Ejército para contrarrestar estas críticas, calificándolas de intentos de debilitar a los militares, ya no funcionan. No encuentran eco en la opinión pública”, indicó.

“Creo que los turcos ahora ven claramente que la ingerencia en la política interna, incluso la más nimia, perjudica la labor principal del Ejército: la defensa de la frontera ante los ataques del PKK”, dijo.

El debate público sobre la función de las Fuerzas Armadas también podría tener consecuencias positivas y propiciar una nueva vía –civil– para resolver el conflicto con el PKK, que ya dura décadas. “Es un buen comienzo para la cuestión del PKK. Podría forzar a las autoridades a cortar la implicación política del Ejército en la cuestión kurda y facilitar el surgimiento de más opciones políticas”, explicó Sariibrahimoglu.

Un analista para Turquía del Grupo Internacional de Crisis (International Crisis Group, ICG), Hugh Pope, cree que “ya no es válido el cliché de Turquía como país gobernado por generales, establecido hace mucho tiempo”. “Se ha generado un aperturismo para nuevos planteamientos. Todo el discurso de la fácil solución militar para la cuestión del PKK se ha visto desacreditada”, aseguró.


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