Archivos para 24 enero 2010

El Tribunal Constitucional de Turquía evita que los militares puedan ser procesados por la justicia civil

Andrés Mourenza. El Periódico

El Tribunal Constitucional de Turquía cerró ayer el paso a que los militares rindan cuentas ante la justicia ordinaria. Considera así contraria a la Carta Magna una reforma legal aprobada por el Parlamento turco en julio que permitía a los tribunales civiles juzgar a personal militar e impedía a las cortes castrenses juzgar a civiles en tiempos de paz.

En su informe sobre los progresos anuales de Turquía publicado el pasado octubre, la Comisión Europea aplaudió la reforma impulsada por el Gobierno del conservador Recep Tayyip Erdogan, ya que suponía «alinear Turquía con las prácticas de la UE». Pero en un país donde los generales, autores de cuatro golpes de Estado en los últimos 50 años, conservan un gran poder político y económico, esta reforma no fue del todo bienvenida y la principal formación de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP, kemalista laico), decidió plantear un recurso de inconstitucionalidad que ayer el alto tribunal aceptó por unanimidad.

DISCREPANCIA

La sentencia del Constitucional ha sentado mal en el Gobierno, que ha manifestado su discrepancia a través de varios ministros. Al parecer del Ejecutivo se ha sumado el pequeño grupo de jueces demócratas, que ha indicado que el fallo es contrario «al principio natural del Derecho» y supone «impedir la posibilidad de luchar de manera legal contra los golpes de Estado». Y es que esta sentencia tendrá un efecto inmediato en los juicios contra la trama Ergenekon, una supuesta red golpista de ideología ultranacionalista en la que estarían implicados altos mandos del Ejército, cuya investigación había sido saludada desde la UE como «el primer intento en la historia moderna de Turquía de llevar a golpistas ante la justicia».

El veredicto constitucional es, además, un nuevo varapalo al Gobierno de Erdogan después de que, en diciembre, los jueces ilegalizasen la principal formación kurda, el Partido de la Sociedad Democrática, dejando así malherido el incipiente proceso de paz con los kurdos. La normalización diplomática con la vecina Armenia también ha quedado estancada, así como las negociaciones sobre la dividida isla de Chipre, dos asuntos en los que el Gobierno de Ankara había complacido a la comunidad internacional.

En su memoria anual, la oenegé Human Rights Watch (HRW) denunció ayer que los fallos de la justicia turca continúan «desoyendo las leyes internacionales de derechos humanos y la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos» y que el «sistema judicial [de Turquía] es aún un foco de resistencia institucionalizada a las reformas».

REFORMA

Las últimas decisiones judiciales han reforzado en Turquía el frente de la oposición, formado por los partidos kemalistas y nacionalistas, junto a miembros de las Fuerzas Armadas y la judicatura, por lo que al Gobierno de Erdogan solo le queda jugar su última carta: aprobar una nueva Constitución. Tras su reelección en el 2007 y siguiendo las recomendaciones de intelectuales, organizaciones de derechos humanos y la UE, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) prometió una nueva Carta Magna que sustituya a la actual (redactada en 1982 por la Junta Militar), pero esa promesa ha quedado en el aire por el recelo que despierta entre los sectores más inmovilistas.

Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=680791&idseccio_PK=1007&h=

Censura en Internet: críticas a Turquía y cinismo de la OSCE

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

El lunes 18 de enero la OSCE convocó una rueda de prensa en su sede de Viena para criticar la ley de Turquía que regula los contenidos en Internet.

Rápida y diligentemente reproducida por agencias de prensa y periódicos, los titulares de la noticia eran inequívocos: La OSCE critica a Turquía por bloquear 3.700 páginas web por causas políticas (ABC); Turquía bloquea 3.700 webs por razones ideológicas (El Periódico); La OSCE afirma que Turquía mantiene bloqueadas al menos 3.700 páginas de Internet (Europa Press)…

En la comparecencia pública, el representante para la libertad de los medios de comunicación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Miklos Haraszti, aseguró que “en la actualidad, al menos 3.700 páginas de Internet son bloqueadas en Turquía (…), Además, bloquear el acceso a páginas enteras de Turquía paraliza el acceso a un gran número de redes sociales o lugares de uso compartido de archivos”.

Haraszti afirmó igualmente que, mientras estuvo en Turquía (unos días antes), no pudo acceder a la página web que la OSCE tiene en YouTube. “Bloquear el acceso dentro de Turquía es una afrenta a un derecho de la sociedad”, aseguró. “Además, algunas de las razones oficiales para bloquear Internet son arbitrarias y políticas y, por tanto, incompatibles con la libertad de expresión que defiende la OSCE”, afirmó.

“Nuestra principal recomendación es que se reforme o elimine la ley de Internet. Espero que las autoridades turcas retiren pronto las disposiciones que impiden que los ciudadanos turcos no puedan ser parte de la sociedad global de la información”, concluyó.

Hasta aquí la noticia.

Los hechos

Las afirmaciones de Haraszti provenían del informe “Turquía y la censura en Internet” preparado por el académico turco Yaman Akdeniz, experto en legislación y Derechos Humanos y profesor en la Universidad de Bilgi en Estambul. Pero el responsable de la OSCE malinterpretó algunas de las conclusiones del riguroso y detallado informe. Para empezar porque no es cierto que “en la actualidad, al menos 3.700 páginas de Internet son bloqueadas en Turquía” sino que desde la entrada en vigor de la Ley 5651 (Ley de Internet) en Turquía, en mayo de 2007 y, hasta diciembre de 2009 “aproximadamente 3.700 sitios web han sido bloqueados” (página 2 del informe), lo cual es sensiblemente diferente, y más si se tiene en cuenta que esos bloqueos son temporales hasta ser retirados los contenidos que motivaron la sanción. A este respecto la ley, en su artículo 8, tipifica como punibles: la inducción e incitación al suicidio, la explotación y el abuso sexual de niños, facilitar el uso de drogas, suministrar sustancias peligrosas para la salud, la obscenidad, el juego [prohibido en términos generales en Turquía] y los delitos cometidos contra [el fundador de la República] Atatürk.

Por otra parte lo que el informe reclama a las autoridades turcas es “transparencia, publicidad e información” de las decisiones, tanto judiciales como administrativas, que imponen los bloqueos. Algo que actualmente se da la menor parte de las veces.

“El estudio ha demostrado que la falta de transparencia judicial y administrativa en lo que se refiere a las órdenes de bloqueo de los tribunales y de la TIB [organismo público ejecutivo de la ley] sigue siendo un problema importante. Por otra parte, las decisiones de la TIB de no revelar las estadísticas de bloqueo es un paso atrás, y en ausencia de información, veracidad y transparencia, es difícil controlar y evaluar las prácticas jurídicas del régimen legal actual en Turquía” (p. 35).

Por lo que en sus conclusiones pide que “cesen los bloqueos fuera del ámbito de aplicación de la ley”, se aseguren las garantías jurídicas en los procesos sancionadores y se adapte la legislación “a las normas internacionales sobre la libertad de expresión, o de otro modo se considere la abolición de la ley”.

Ciertamente la libertad de expresión en Turquía es un derecho en constante estado de amenaza, y la legislación aporta más herramientas para controlarlo que garantías para su ejercicio. Sin embargo, este derecho no puede ser invocado para Internet en su conjunto puesto que, debido a sus características, en la red se pueden hallar todo tipo de mensajes, productos y servicios no siempre legales atendiendo a las legislaciones de cada país. Tampoco se puede pasar por alto que lo que Turquía realiza de forma “burda” a través mecanismos estatales creados para ello, los países más poderosos lo llevan a cabo de manera más “limpia” usando subterfugios y eufemismos que provocan el mismo o mayor daño, aunque para ello cuenten con la colaboración de “herramientas” más potentes y discretas como son las multinacionales del ocio.

Por poner unos ejemplos: cuando en mayo de 2008 el Juzgado Penal Nº1 de Ankara impuso la sentencia de prohibir el acceso a YouTube en tanto no retirara 111 vídeos considerados ilegales, el servidor (ahora de Google) procedió a retirar 67, hasta el día de hoy; por las mismas fechas YouTube decidió cerrar de manera unilateral la cuenta que tenía aporrea.org (el periódico alternativo más leído de la red en castellano); unos meses antes (noviembre de 2007) YouTube canceló la cuenta de Wael Abbas, un activista egipcio contra la tortura, que contaba con más de 100 vídeos, entre ellos algunos que mostraban la violencia policial, acusaciones sobre irregularidades electorales y manifestaciones contrarias al gobierno de su país; cinco meses antes (junio de 2007) YouTube cerró la cuenta de Luigino Bracci, con más de 450 vídeos, fundamentalmente centrados en defender el proceso revolucionario de Venezuela; hace ahora dos meses (noviembre de 2009) YouTube cerró la cuenta del semanario satírico El Jueves que contaba con centenares de vídeos; hace un mes YouTube canceló y borró los numerosos vídeos de producción propia que tenía el portal StereoZona.tv; por contra, en agosto de 2007, YouTube mantuvo en Alemania un vídeo que incluía fragmentos de la película de propaganda antisemita de 1940 “Jud Süss” y dos vídeos musicales de la proscrita banda de rock alemana de ultraderecha Landser, que muestran material de la Segunda Guerra Mundial con operaciones militares nazis, pese a la fuerte presión de diversas organizaciones sociales para que fueran retirados… Pero de todo esto nada dijo Miklos Haraszti.

Una curiosidad. Mientras el bloqueo en Turquía de YouTube tiene más de virtual que de real, puesto que se puede sortear utilizando proxy servers, la cancelación y borrado de cuentas elimina el trabajo de años y la posibilidad de recuperar el material alojado en el servidor. Sólo añadir que durante todos estos meses, y a pesar de la prohibición en Turquía, YouTube ha seguido estando entre las 10 páginas más visitadas de internet por los internautas turcos.

Otras actuaciones. Un buen número de las prohibiciones en Turquía se basan en la violación de derechos de autor (entre ellas las referentes a las denominadas redes sociales), algo muy común en otras latitudes pero al parecer sólo criticado en determinados países. Mucho más grave fue el cierre de los servidores eDonkey en Alemania y Razorback2 en Bélgica, que desde luego no podían ser acusados más que de facilitar el intercambio de archivos entre particulares, y sin embargo las noticias no causaron tanto revuelo.

Tampoco lo causó el bloqueo de la empresa estatal sueca Telia, proveedora de servicios de telefonía e internet, cuando en marzo de 2008 impidió el acceso a numerosas páginas españolas y latinoamericanas (el periódico digital Rebelión o la Agencia Boliviana de Información, entre otras), siguiendo el camino de censura previa que sobre las mismas webs había iniciado la empresa norteamericana CogNet.

Ni mucho menos el caso del gobierno de los Estados Unidos contra Steve Marshall. En 2007 Marshall, un agente de viajes inglés residente en España, se encontró con que cerca de 80 de sus sitios Web dejaron de funcionar -Washington mediante- por publicitar entre sus ofertas vacacionales la isla de Cuba. Páginas en inglés, francés y español que llevaban funcionando desde 1998, y algunas de las cuales (www.cuba-hemingway.com, www.cuba-havanacity.com, entre otras) trataban temas de historia y cultura de Cuba. También en este caso podría hacerse un extenso relato, pero basta con visitar la lista negra del Departamento del Tesoro (sólo una lista de entre las muchas existentes en las instituciones del Estado norteamericano) para hacerse una idea.

¿Qué es la OSCE?

¿Sorprende entonces la denuncia hecha por la OSCE? No, si se conocen los antecedentes de esta institución creada en plena guerra fría, remozada en 1975 y “refundada” 20 años después.

De sus objetivos iniciales como organismo multilateral (que reunía a países socialistas y capitalistas del hemisferio norte) en pos de la denominada “política de disuasión”, evolucionó hacia la defensa del expansionismo económico de las empresas del Occidente capitalista, para favorecer la penetración de las estructuras económicas de mercado en las regiones periféricas poco explotadas por las grandes multinacionales. En este sentido el papel desempeñado en la defensa del credo democrático-liberal no es algo irrelevante.

El caso de Yugoslavia es paradigmático. Durante su violento proceso de desintegración la OSCE maniobró para conseguir algo hasta ese momento inédito: que “nacionalistas” de todos los bandos (croatas, eslovenios, serbios, albaneses, bosnios) defendieran con convicción las inversiones extranjeras y la entrada del capital multinacional en su territorio. Entre otras contrapartidas, la OSCE modificó las reglas del escrutinio en las elecciones municipales de Bosnias de 1997 para favorecer a los nacionalistas croatas, y colaboró en el “montaje” de la matanza de Racak (que sirvió como “justificación” para la invasión de Yugoslavia por la OTAN en 1999) como más tarde se llegó a saber.

Algunas perlas. “Experta” en procesos electorales, la OSCE criticó con virulencia las elecciones en Bielorrusia y Moldavia (donde se impusieron los candidatos equivocados) mientras alabó las celebradas en Ucrania sólo cuando venció el pro-occidental Víctor Yushchenko. Por supuesto nada dijo del fraude electoral de George W. Bush en 2004. En numerosas ocasiones ha criticado la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, en los países donde son minoría, pero se ha abstenido de hacer lo propio con los musulmanes. En septiembre de 2007 Amnistía Internacional denunció la negativa de la OSCE a aceptar la participación de la ONG de derechos humanos “Sociedad de Amistad Ruso-Chechena” en la reunión de alto nivel sobre víctimas de terrorismo, celebrada en su sede de Viena. Más recientemente (julio de 2009) la OSCE emitió una declaración en la que equiparaba fascismo y comunismo tratando de ese modo de reescribir la historia reciente de Europa.

Conclusión

El pasado 14 de enero (cuatro días antes de su rueda de prensa con la que se inicia este artículo), Miklos Haraszti mostró su preocupación en la Universidad de Bilgi en Estambul ante “las restricciones a la liberalización total de los medios de comunicación del país [Turquía]”. Haraszti consideró injustificable cualquier intromisión gubernamental contra un medio de prensa.

Durante su conferencia también se refirió a la crisis provocada por la publicación de las caricaturas del profeta Mahoma en Dinamarca en 2005. Haraszti consideró que la respuesta de Dinamarca y de otros países de la UE a la dura reacción de sectores musulmanes fue la correcta, pues a su modo de ver “hay una clara diferencia entre la instigación a la violencia y las duras críticas de la religión”.

La contundencia de sus declaraciones ante los despropósitos del Estado turco no compensan, sin embargo, el silencio mantenido cuando el FBI confiscó en Londres los ordenadores de la Red Indymedia, cerrando una veintena de páginas web asociadas, y en tantas otras ocasiones en que los perjudicados han sido medios comunitarios o páginas alternativas “antisistema”.

Pero también pudiera ocurrir que el objetivo perseguido fuera el de abrir una brecha por el que introducir inversores extranjeros en el sector de los medios de comunicación en Turquía. Un negocio, por el momento, en manos del capital local.

Es tiempo de hablar de paz

Abdullah Öcalan. Il Manifesto

El líder del PKK analiza el Estado turco

Saludo con gran respeto a todos los lectores de Il Manifesto y a las amigas y amigos de Italia. Mi agradecimiento particular a Il Manifesto, que me brinda de esta manera la posibilidad de expresar mis opiniones.

Italia tiene para mí un significado particular, no sólo porque en 1998 la búsqueda de una solución democrática de la cuestión kurda me llevó a Roma, sino también por la gran consideración que tengo de la historia italiana y de las luchas de liberación que allí se han desarrollado. En mi libro más reciente, titulado La democratización de la cultura de Oriente Medio, he dedicado algunas páginas a este tema. Espero que pronto tendré la oportunidad de compartirlo con los lectores. En primera persona, quizás, una comunicación directa no será nunca posible, a raíz de mi aislamiento.

De la conjura internacional que desde Roma me ha llevado a la isla de Imrali quisiera hablar en otra ocasión. No sólo para discutir sobre el significado histórico de este acontecimiento para los kurdos, sino también sobre las estructuras de poder del sistema global y el carácter de las relaciones internacionales. Pienso que eso podría interesar también a la parte progresista de la opinión pública europea. Yo mismo he recibido enseñanzas históricas de la odisea que durante tres meses me llevó a Atenas, Moscú y Roma.

El concepto central que se puede encontrar en mis libros más recientes es el de «espíritu moderno capitalista», que en esta mi aventura he conocido de cerca, junto a sus mil y una máscaras y armaduras. Si no hubiera sido así, no habría llegado nunca a las conclusiones a las que he llegado. Quizás me habría quedado agarrado a un sencillo nacionalismo de tipo estatalista o, al final, habría llegado a ser parte de un movimiento clásico de izquierda, como muchos antes que yo. Como persona orientada hacia la ciencias sociales, no quiero sacar una conclusión definitiva, todavía tengo la convicción de que nunca habría podido llegar a mis análisis actuales.

Sin embargo, querría subrayar una conclusión fundamental. La verdadera fuerza del espíritu moderno capitalista no se encuentra ni en su dinero ni en sus armas. Su verdadera fuerza es representada por la capacidad de sofocar como por arte de magia en su propio liberalismo todas las utopías, incluida la utopía más reciente y fuerte, la del socialismo. Mientras no consigamos entender cómo la humanidad entera puede ser retenida en el vértigo del liberalismo, incluso la más consciente escuela de pensamiento no podrá ser otra cosa que un lacayo del capitalismo, y qué decir de la posibilidad de combatirlo.

Junto al pueblo kurdo, lucho no sólo por nuestra identidad y nuestra existencia. Nuestra batalla está dirigida también contra la ideología dominante del espíritu moderno capitalista, y busca llevar en Mesopotamia, la cuna de la humanidad, una contribución para la creación de una alternativa que nosotros llamamos «espíritu moderno democrático».

En un contexto de paranoia global de terrorismo, las tentativas del Estado turco de marcar nuestra lucha democrática como «terrorista» para nosotros no son otra cosa que el juego de propaganda que ya conocemos desde hace tiempo. La mentalidad del Estado turco de negar hasta hoy al pueblo kurdo los derechos humanos fundamentales está muy cerca de la mentalidad autoritaria y también fascista que en el siglo XX se implantó en Alemania e Italia.

También hoy el Estado turco practica un genocidio político, económico y cultural con los kurdos, frente a lo cual el pueblo kurdo opone una resistencia dura y organizada. Ante el nacionalismo chovinista y fascistoide que mientras tanto lleva a cabo una cultura de linchamiento allí donde viven los kurdos, sigo en mi búsqueda de una solución pacifica y democrática. Desde 1993 hasta hoy he hecho numerosas propuestas y pasos concretos. El alto el fuego unilateral de 1999, el año de la crisis, mantenido a pesar de los diversos ataques, la retirada de la guerrilla del territorio de Turquía y las delegaciones de paz simbólicas desde Europa y desde los montes Kandil son sólo una pequeña parte de las tentativas de paz. El hecho de que también en 2009 las armas callaran unilateralmente y una delegación de guerrilleros llagara a Turquía desde los montes Kandil debe servir como prueba de la continuidad y de la perseverancia de mis tentativas de paz.

No obstante, la actitud del Estado turco no ha cambiado. Nuestros esfuerzos hacia la paz continúan siendo minusvalorados y son considerados como signo de debilidad. Continúan las operaciones militares y los ataques contra la población. Todas las instituciones estatales siguen gritando: «Liquidadlos». La maniobra diversiva más engañosa la está llevando a cabo el actual Gobierno del AKP, que quiere hacer creer a los estados europeos que trabaja para la democratización y la solución del cuestión kurda.

Es el mismo Gobierno que ha hecho leyes gracias a las cuales las prisiones turcas están llenas de niños kurdos y hace poco, en Sirnak, cinco niños han sido condenados a 305 años de cárcel. Gracias a este Gobierno ha sido posible prohibir el Partido para una Sociedad Democrática (DTP). Y es siempre este Gobierno el que humilla a los kurdos, llevándose esposados a los alcaldes kurdos que ellos han elegido, evocando imágenes de deportaciones en campos de concentración. El pueblo kurdo no dejará nunca de luchar por sus derechos fundamentales. Seguirá organizándose para conseguir la dignidad y una vida libre. Ganará la libertad luchando a través de medios democráticos, pero, también, revindicando el derecho a la autodefensa. No tengo la menor duda. A modo de conclusión de este primer artículo escrito a comienzo del año nuevo, deseo al pueblo italiano un feliz 2010. Ojalá este año pueda llevar a la liberación de los pueblos, de las clases y del sexo oprimidos.

Campaña internacional “Libertad para los políticos kurdos” detenidos en Turquía

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

La Asociación de Derechos Humanos (İHD) de Turquía ha puesto en marcha una campaña dirigida a la comunidad internacional con el fin de recoger firmas a través de Internet, que sirvan para conseguir la liberación de los 47 cargos públicos y políticos encarcelados pertenecientes al Partido Paz y Democracia (BDP, por sus siglas en turco).

Ver: Estado turco, cuestión kurda: detenciones contra el diálogo

Los apoyos recabados en la campaña serán enviados al Secretario General de las Naciones Unidas, a la presidencia de la Unión Europea y a la organización humanitaria Amnistía Internacional. El formulario de apoyo insta a estas instituciones a que reclamen la liberación inmediata de los políticos y electos detenidos en Turquía, así como el respeto la voluntad del pueblo kurdo. En el momento de elaborar esta noticia, unas horas después de que se colgara la campaña en Internet, el número de firmas se acercaba a 900.

İHD envió además copia de los documentos a las más altas instituciones del gobierno turco.

Petición de las organizaciones culturales de Diyarbakır

Además siete organizaciones culturales de Diyarbakır se sumaron a la demanda según dieron a conocer el pasado martes.

La Asociación de Escritores de kurdos, la Representación en Diyarbakır del PEN Club de Turquía, el Centro de Artes de Diyarbakir (DSM-DER), el Centro Cultural Dicle-Fırat, el Centro Cultural de la Juventud, el Instituto Kurdo de Diyarbakır y la asociación Kurdi-Der, realizaron una declaración conjunta en la que recordaban que el pasado 24 de diciembre 34 personas fueron encarceladas en la ciudad, dos días después se produjeron 23 nuevas detenciones, entre todas ellas se encontraban 7 alcaldes.

Estos cargos públicos -explicaba la nota- fueron electos con un 70% de apoyo electoral, como legítimos representantes de la población kurda. Manteniendo a estas personas en prisión se vulneran los principios de la democracia. Amenazar a un amplio grupo de personas y exponerlas públicamente esposadas constituye una grave violación de los Derechos Humanos.

Como intelectuales, escritores y artistas -continuaba la denuncia- protestamos contra esa violación de derechos realizada por la aplicación de una medida que recuerda a los tiempos del golpe de Estado, suspendidas las garantías legales. Ello es inaceptable, considerando además que los detenidos son cargos públicos electo.

Por último los demandantes exigieron la liberación de los detenidos y garantías democráticas y constitucionales para resolver los problemas sociales existentes en la región.

Detienen a 23 personas por solidarizarse con el objetor de conciencia Enver Aydemir

Antonio Cuesta. Blog de Turquía

Durante la mañana de ayer 23 personas fueron detenidas por la policía en Ankara, mientras participaban en una concentración que exigía la liberación inmediata del objetor de conciencia Enver Aydemir.

Durante la protesta se gritaron consignas como “Mientras uno de nosotros no sea libre estaremos todos presos”, “No calléis ante el militarismo” y “Enver Aydemir libertad”. Después de la lectura de un comunicado, la policía quiso llevar a cabo identificaciones, a lo que se opusieron los concentrados, deteniendo finalmente a una veintena de ellos.

Para hoy está convocada una nueva concentración, esta vez ante el instituto Galatasaray en Estambul, para exigir la liberación de los detenidos en el día de ayer y la de Enver Aydemir.

La protesta se organiza conjuntamente con otros grupos antimilitaristas, antiautoritarios y solidarios, como la “Iniciativa de solidaridad con el insumiso Enver Aydemir”.

Persecución desde 2007

Aydemir fue detenido en Estambul el pasado 24 de diciembre cuando se dirigía a una conferencia sobre la objeción de conciencia. Sobre él pesaba una orden de arresto por insubordinación y deserción, que se remonta a su anterior paso por prisión en 2007.

Tras pasar por comisaría se e trasladó a la prisión militar de Maltepe, donde en 2008 fue torturado Ismail Saygi (otro objetor de conciencia).

Según denunció su abogado, Davut Erkan, Aydemir fue golpeado por negarse a vestir el uniforme de la prisión. Posteriormente, fue despojado de su ropa y mantenido en ropa interior hasta la mañana siguiente. Como protesta por las vejaciones recibidas el joven insumiso comenzó una huelga de hambre.

El sábado 26 fue trasladado por la fuerza a la enfermería y alimentado por vía intravenosa contra su voluntad.

En julio de 2007 Aydemir se declaró objetor de conciencia alegando convicciones religiosas y negándose a realizar el servicio militar obligatorio en Turquía. Encarcelado en la prisión de Erzurum 1, donde fue agredido, permaneció durante más de dos meses en espera de juicio por insubordinación. Tras la vista judicial, en octubre del mismo año, fue puesto en libertad. La nueva detención se basa en los mismos cargos.

La organización War Resisters’ International ha puesto en marcha una campaña a través de internet para conseguir la libertad de Enver Aydemir.

Turquía se acerca a un estratégico cruce de caminos

Txente Rekondo. Gara

Diversos acontecimientos durante las últimas semanas han enredado todavía más la ya de por sí delicada situación de Turquía. El conflicto con el pueblo kurdo, el juicio en torno a la «red Ergenekon», las tensiones entre diferentes instituciones del Estado y el supuesto intento de atentado contra el viceprimer ministro y las posteriores detenciones de militares, son algunas de las fichas del panorama turco, que podría estar situando al puente entre Asia y Europa en una encrucijada.

El año que acaba de finalizar ha estado marcado en buena medida por las diferentes iniciativas en torno al pueblo kurdo. La decidida apuesta de los representantes del norte de Kurdistán para buscar una solución negociada a tantos años de conflicto político y militar motivó la apertura de una ventana a la esperanza. En un primer momento, desde el Gobierno de Ankara se optó por el silencio, pero según iba tomando cuerpo la iniciativa kurda, los dirigentes del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) pusieron sobre la mesa su propuesta.

Ese paso dado por el Gobierno turco encontró importantes reticencias y rechazos dentro de la oposición parlamentaria turca entre las filas del propio Ejército, ambos, junto con la burocracia kemalista, defensores de un status quo que excluye toda salida negociada con el pueblo kurdo. Esas dificultades, añadidas a la postura indecisa dentro de las propias filas del AKP (que vio cómo su estrategia de desbancar electoralmente a los partidos kurdos fracasaba), pondría la llamada «iniciativa democrática» en una difícil tesitura.

Mientras que los representantes kurdos (Abdullah Öcalan, DTP y sectores de la sociedad del norte de Kurdistán) daban muestras fehacientes de su decisión de encontrar las vías para encaminar la solución al conflicto, las provocaciones militares (que encontraban respuesta en algunas unidades del PKK) y las presiones de los poderes fácticos turcos frenaban cualquier avance serio.

La ilegalización del Partido de la Sociedad Democrática (DTP), las posteriores detenciones de decenas de dirigentes y representantes civiles del norte de Kurdistán, los escasos o nulos avances en materia de derechos lingüísticos (el uso de otras lenguas diferentes al turco es un delito) o culturales, las continuas operaciones militares (buscando «crear una atmósfera que impida cualquier solución pacífica»), el régimen de aislamiento y encarcelamiento de Öcalan, son algunas muestras que impiden presentar la supuesta buena fe del Gobierno turco en este asunto.

El pueblo kurdo, a través de sus representantes, sigue manifestando su clara apuesta por encontrar una solución negociada. El propio Öcalan manifestó hace semanas que su liderazgo era meramente «sociológico», dadas las condiciones de encarcelamiento que soportaba, que hacían «imposible en la práctica, actuar como un líder político». En ese sentido hizo un llamamiento a buscar la interlocución en los dirigentes del DTP, o incluso en otros sectores de la sociedad kurda, siempre son el firme propósito de avanzar hacia la resolución del conflicto.

En unas recientes declaraciones, el líder del PKK ha señalado que nos encontramos ante «una búsqueda de solución para un problema de derechos colectivos» y que, de no afrontarse en esos parámetros, probablemente el conflicto seguirá latente durante «otros 50, 500 ó 1.000 años».

El propio Öcalan ha señalado que «nuestro principal problema es ontológico, en otras palabras, el problema de existencia. Nuestro problema es ser capaces de existir. Estamos luchando por nuestra existencia».

Algunos actores han señalado la necesidad de «acabar con las barreras legales que coartan la libre expresión; mantener las puertas abiertas al diálogo; y finalizar con las operaciones miliares» como pasos para avanzar en un proceso resolutivo. Evidentemente, la ilegalización de organizaciones políticas kurdas dificulta ese escenario, como también lo hacen las maniobras de los partidos kemalistas y los militares con posturas involucionistas y de bloqueo permanente a cualquier intento de buscar puentes negociadores.

Las tensiones en Turquía también anidan en otro frente. Si para algunos medios próximos al Gobierno turco 2009 ha sido el año «de la iniciativa democrática» (habría que ver qué se entiende en esos círculos por democracia), este 2010 debería ser el «de la reforma militar». Si los intentos de soluciones negociadas al conflicto kurdo levantan sarpullidos y maniobras de los poderes fácticos, cualquier intento de reformar uno de los pilares del status quo turco puede provocar reacciones golpistas contra el AKP.

El supuesto intento de atentado contra el viceprimer ministro iría en esa línea. Por ello destaca la decidida respuesta del Gobierno y de algunos de sus aliados (Policía y algún sector del poder judicial) que no han dudado en actuar contra varios militares, e incluso han «osado» por primera vez en la historia moderna de Turquía a registrar los cuarteles militares del Comando de Fuerzas Especiales, todo un icono dentro del aparato del status quo del país.

Estos movimientos permiten entrever un importante pulso entre las diferentes instituciones del Estado turco, centrando la atención en el que mantiene el Gobierno del AKP con los militares, presentándose éstos como los más firmes garantes del régimen reaccionario que ha dominado la política turca en las últimas décadas.

En los últimos años, una serie de incidentes (2007, varios generales retirados son detenidos por su vinculación a la «red Ergenekon»; 2009, el jefe del Estado Mayor turco menosprecia las pruebas aportadas en ese caso) han puesto de manifiesto ese enfrentamiento.

Algunos incluso van más allá, y señalan la existencia de importantes tensiones dentro incluso de las diferentes instituciones del Estado. En ese sentido dentro del propio Ejército conviven diferentes grupos de presión que podían estar buscando un mejor acomodo en el futuro escenario del llamado «laboratorio turco», mientras que otros estarían buscando un cierre de filas en torno a «los principios fundadores de la República» (sustentadores de todos sus privilegios).

Turquía tiene todavía muchos retos ante sí. El panorama político nos presenta una oposición que rechaza cualquier reforma (iniciativa kurda, nueva Constitución, reformas judiciales…), y que no duda además en solicitar la «ayuda» de sus aliados en ese entramado burocrático tejido durante tantos años (Ejército y Judicatura) para eliminar a sus oponentes y adversarios.

Además, podemos observar cómo importantes figuras de alto rango militar también quieren compaginar su responsabilidad con ambiciones políticas, mientras que muchos jueces no dudan en actuar por impulsos políticos (la reciente ilegalización del DTP es una clara muestra), en aras de ocultar otros casos (Ergenekon) o entorpecer cualquier iniciativa reformadora (kurdos).

Esos sectores, representantes de la «elite autoritaria del kemalismo», se niegan a perder sus cuotas de poder, y que el mismo pase a manos de las fuerzas de la periferia económica y social del país.

De ahí que cualquier iniciativa innovadora encuentre una fuerte resistencia entre esas fuerzas del «antiguo régimen», temerosas de perder el monopolio de poder que hasta ahora han sustentado.

Probablemente el AKP ha contribuido, con su indecisión en ocasiones o por las dificultades del propio Estado turco, a esta situación. No en vano, conviene recordar que en este período que gobierna el AKP las muestras de doble rasero han sido continuas. Así, mientras se pone en marcha el proceso Ergenekon para acabar con esa red golpista, el Gobierno acepta la detención y encarcelamiento de representantes políticos kurdos, frenando las esperanzas del proceso de paz. O al tiempo que dice perseguir al crimen organizado y a las «fuerzas antidemocráticas» dentro del propio Ejército, encarcela a periodistas que sacan a la luz pública los trapos sucios de esos actores golpistas.

A ello cabría añadir que durante estos años las violaciones de derechos humanos (torturas, cierre de medios de comunicación) han aumentado considerablemente. La aprobación de la nueva ley de la Policía (que ha permitido el auge de la política de tirar a matar), o los ataques contra los derechos de la infancia (con niños inmersos en procesos «antiterroristas») apuntan también en esa línea claramente deficitaria.

Los derechos políticos también han sido duramente castigados durante ese periodo. La reciente ilegalización del DTP kurdo (cuarta fuerza del Parlamento turco), las masivas detenciones de cargos públicos y militantes del mismo, o el doble rasero judicial, que persigue y encarcela a diputados kurdos mientras que permite que cerca de trescientos parlamentarios turcos, acusados de corrupción, se aprovechen de la inmunidad parlamentaria para esquivar los juicios.

El cruce de caminos está cada vez más cerca, y al llegar al mismo algunas voces no dudarán en sacar a relucir todo ese déficit democrático del Estado para frenar el acceso de Turquía a la Unión Europea.

Esa muestra de falsa moral por parte de los actores occidentales (más de uno debería intentar pasar el mismo test para lograr el llamado label democrático) será sin duda alguna uno de los condicionantes del futuro turco.

Sin embargo, no conviene cerrar las puertas a otras posibilidades, y que finalmente Ankara adopte una postura diferente en materia de política exterior (manteniendo a su libre albedrío la situación interna del país) y adoptando un papel de potencia regional, algo que lleva desarrollando desde hace algún tiempo en Asia Central o en Oriente Medio, sabedora además de la importancia geoestratégica que representa hoy en día y que le hace seguir siendo un aliado fundamental para cualquier actor que pretenda tener protagonismo en esta conflictiva región.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100103/174984/es/Turquia-acerca–estrategico-cruce-caminos

Estado turco, cuestión kurda: detenciones contra el diálogo

Orsola Casagrande. Gara

La fotografía de hombres y mujeres detenidos en la víspera de Navidad en Diyarbakir y en otras muchas ciudades kurdas habla por sí misma: en fila y esposados.

Son alcaldes, concejales locales, democráticamente elegidos por el pueblo. Son activistas de los derechos humanos, abogados, sindicalistas. Son ex diputados… Son hombres y mujeres kurdas que el Gobierno, y aún más «el Estado» turco no tolera.

No los quiere porque son hombres y mujeres que quieren la paz. Pero no se limitan a pedirla, la practican, o intentan hacerlo, entre una detención y otra, entre una estancia en la cárcel y otra, entre un juicio y otro. Son hombres y mujeres para los que practicar la paz significa trabajar cada día por una solución negociada para un conflicto que ensangrienta Turquía desde decenios. Hacer y construir la paz significa proponer, continuar hablando de solución, de diálogo, aún cuando la única respuesta que llega desde los poderes fácticos, sean los ligados al Estado -que tiene una cara publica y una oculta-, sean los ligados al Gobierno actual -islámico moderado, guiado por un premier, Recep Tyyip Erdogan, que hasta ahora se ha demostrando incapaz (y quizás tampoco lo quiere)- de poner al orden del día la cuestión kurda. Lo que significa la cuestión de un tercio de la población de Turquía. Tantos son los kurdos, que no piden un nuevo Estado sino ser reconocidos como ciudadanos a la par, con los mismos derechos de los otros.

Estas detenciones son otra acción de guerra que el Estado -tanto en su vertiente pública como oculta- y el Gobierno de AKP han desatado contra los kurdos, contra quienes los representan y que han sido legal y democráticamente votados.

Una guerra que, ciertamente, no ha comenzado ayer. El Ejército maniobra, en la sombra y a la luz del día, la política en Turquía: tres golpes de Estado en sesenta años son la prueba. Y hay más. Ejército significa, muchas veces, poderes secretos del Estado, y Turquía no es capaz de librarse de esos poderes. A pesar de los esfuerzos de la sociedad civil.

A Europa todos estos esfuerzos no le importan, estando mas preocupada de buscar un acuerdo, sea como sea, que le permita decir que todo va bien, que los derechos humanos son (más o menos) respetados y así, pues, se pueda volcar en este nuevo importante mercado… la puerta con Oriente, con Asia.

Escribimos aquí la larga lista de hombre y mujeres de los que ha sido confirmada la detención: 23 entre alcaldes (como el alcalde de Sur), activistas para los derechos humanos (como por ejemplo el presidente de la asociación de los derechos humanos de Diyarbakir, Muharrem Erbey), y otros concejales: Hatip Dicle, Firat Anli, Abdullah Demirbas, Zülküf Karatekin, Ali Simsek, Nejdet Atalay, Aydin Budak, Muharem Erbey, Ferhan Türk, Etem Sahin, Leyla Güven, Emrullah Cin, Hüseyin Kalkan, Abdullah Akengin, Yasar Sari, Nadir Bingöl, Cebrail Kurt, Fethi Süvari, Ramazan Debe, Abbas Çelik, Ahmet Makas, Kazim Kurt, Takibe Turgay.

Un largo listado de nombres. Para nosotros un listado de amigos y amigas que desde hace años luchan para una Turquía en la que kurdos y turcos puedan vivir en paz, una paz justa y duradera, en donde los derechos sean reconocidos para todos. En donde no existan ciudadanos de primera y de segunda.

A todos ellos y a cuantos en Turquía luchan para la democracia y la paz, nuestra solidaridad.

Orsola Casagrande. Talkingpeace

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100103/175010/es/Estado-turco-cuestion-kurda-detenciones-contra-dialogo



Carta abierta a la comunidad internacional del Partido Kurdo Paz y Democracia

The Vigilante Journalist

A principios de este mes [de diciembre] el Tribunal Supremo de Turquía decidió ilegalizar el partido pro kurdo DTP por sus supuestas relaciones con el PKK, [el partido de] los rebeldes armados comprometido en su lucha contra el Estado turco desde 1984. La decisión es opuesta a la campaña de “unidad nacional” lanzada por el partido en el poder AKP para acabar con la guerra de 25 años de duración que se calcula ha costado 40.000 vidas. El veredicto disolvía el partido y prohibía la actividad política durante cinco años a varios destacados dirigentes políticos, una medida ampliamente criticada por los gobiernos occidentales por considerarla antidemocrática. Muchos de los miembros del disuelto partido, incluyendo diputados, se unieron después al partido Partido Paz y Democracia que entonces fue objeto de una serie de redadas en las que muchos miembros destacados del partido también fueron detenidos a lo largo de la semana pasada. Estos acontecimientos sugieren que Turquía no es sincera cuando afirma su deseo de negociar una solución para el problema kurdo, y el Partido Paz y Democracia ha emitido una carta abierta a la comunidad internacional haciendo hincapié en los hechos que considera violaciones de sus derechos humanos básicos:

La mañana del jueves 24 de diciembre de 2009 las fuerzas de seguridad [turcas] llevaron a cabo una operación contra el Partido Paz y Democracia (Barış ve Demokrasi Partisi – BDP). Detuvieron a más de ochenta personas, incluyendo alcaldes y ex diputados. Las detenciones se llevaron a cabo sin respetar los principios legales universales, rompiendo puertas y haciendo redadas arbitrarias en las casas.

Después de que el Tribunal Constitucional ilegalizara el Partido de la Sociedad Democrática el 11 de diciembre de 2009, 94 alcaldes, miembros de las asambleas provinciales y concejales se unieron al Partido Paz y Democracia (BDP) el 23 de diciembre de 2009. Esto provocó que antes de que hubieran pasado 24 horas se llevara a cabo la operación contra el BDP.

Poco después de la clara victoria del Partido de la Sociedad Democrática en las elecciones locales del 29 de marzo de 2009, 53 destacados activistas del DTP – incluyendo a los vice copresidentes del partido – fueron detenidos en una operación emprendida la mañana del 14 de abril de 2009. A pesar de que han pasado ocho meses, estos miembros del partido no han sido juzgados. Es más, no saben de qué están acusados debido a la decisión judicial de impedirles el acceso a sus expedientes de acusación. Hasta el momento el número de políticos kurdos detenidos incluyendo los 53 miembros de la ejecutiva del DTP supera los 500.

Siguiendo con esta injusticia, hoy fueron detenidos por orden fiscal 80 políticos kurdos y representantes de ONG, incluyendo al ex diputado del DEP y copresidente del Congreso de la Sociedad Democrática; Hatip DİCLE, alcalde de la municipalidad del sur, Abdullah DEMİRBAŞ, alcalde de Kayapınar; Zülkif KARATEKİN, ex diputado del DEP y alcalde de Siirt; Selim SADAK, alcalde de Batman; Necdet ATALAY, alcalde de Viranşehir y miembro del Congreso de Autoridades Locales y Regionales del Consejo de Europa; Leyla GÜVEN, alcaldesa de Kızıltepe; Ferhan TÜRK vicepresidente de la Asociación de Derechos Humanos y Muharrem ERBEY.

El gobierno del AKP por una parte ha redoblado su ofensiva contra la voluntad política del pueblo kurdo y por otra ha engañado a la opinión pública kurda e internacional con la retórica de la “apertura democrática”. El Partido de la Sociedad Democrática (DTP), que en las últimas elecciones locales obtuvo casi dos millones y medio de votos, ha sido ilegalizado; se les ha quitado el estato de miembros del parlamento a los dos copresidentes del DTP, a Ahmet TÜRK y a la diputada de Diyarbakır, Aysel TUĞLUK. Como respuesta a estos ataques, los diputados del DTP decidieron en un primer momento renunciar a sus escaños. Pero tras tomar en consideración las peticiones públicas de que no renunciaran, los diputados del DTP revocaron su decisión y en vez de renuncair decidieron seguir insistiendo en la vía política democrática y en una solución pacífica para el problema kurdo por medio de la lucha democrática en el parlamento bajo la bandera del Partido Paz y Democracia, BDP. Esta última redada contra la decisión del DTP es una provocación y esta operación no es independiente del gobierno del [partido en el poder] AKP.

Desgraciadamente, los llamamientos a la sensibilización [frente a esta situación] que hicimos a la opinión pública turca e internacional tras la operación del 14 de abril y la subsiguiente ilegalización del DTP no se han tenido suficientemente en cuenta y han continuado los ataques contra la voluntad política del pueblo kurdo. Como BDP, queremos compartir una vez más nuestra preocupación de que estos ataques ahonden la atmósfera de caos y de crisis en Turquía y de que aumente la violencia. La solución no es detener y arrestar a los representantes de la voluntad política del pueblo kurdo, sino reconocer esta voluntad y aceptar a sus representantes como negociadores para una solución. Tenemos la responsabilidad de advertir a la opinión pública turca e internacional. La idea de una solución del problema kurdo sin los kurdos que tiene el gobierno del AKP está arrastrando a Turquía a una guerra. Esta tensión en Turquía influirá negativamente en todo el mundo, y especialmente en Oriente Medio. En este sentido creemos que es esencial que la opinión pública adopte una actitud de apoyo a la democracia y que se incluya la voz del pueblo kurdo ante estos injustos ataques. Pedimos a la opinión pública mundial que alce su voz y sea solidaria para lograr que acaben inmediatamente estas operaciones contra el BDP y las ONG.

Fuente: http://vigilantejournalist.com/blog/archives/1394

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Turquía-Israel, una “alianza estratégica”

Alfonso Bolado. Página Abierta

Turquía fue el primer país musulmán que reconoció al Estado de Israel y el primero también en establecer relaciones diplomáticas con él. Sin embargo, más acusadamente tras el bombardeo de Gaza, dichas relaciones se encuentran deterioradas por una escalada de gestos ofensivos que las han tensado. ¿Significa esto el fin de una de las relaciones diplomáticas más estables, con altibajos, de Oriente Próximo?

La “alianza periférica”

El régimen republicano turco reconoció al Estado de Israel en 1949 y estableció relaciones diplomáticas con él en 1952. De ese modo, Turquía escenificaba su opción prioritaria por Occidente, al tiempo que daba la espalda a la antigua porción árabe del Imperio otomano, corroborando la ruptura con el pasado imperial que había comenzado con el triunfo de Atatürk. Por otra parte, las relaciones entre el sionismo y el Imperio en la época en que Palestina formaba parte de éste nunca habían sido malas, y de algún modo los otomanos habían mantenido como mínimo una neutralidad benévola durante las dos primeras aliyot [olas de inmigración judía a Israel].

Para Israel, estas relaciones tenían un interés fundamental, pues suponían una ruptura del cerco árabe. Ben Gurion, el fundador del Estado, ya había desarrollado la teoría de la “periferia estratégica”, que suponía anudar relaciones con entidades no árabes de Oriente Próximo (Turquía, Irán, maronitas libaneses, kurdos de Irak…) Uno de sus frutos fue un pacto secreto (“pacto periférico”) de 1958 entre ambos Estados. Sus términos no se conocen exactamente (incluso los signatarios niegan su existencia), pero se supone que su núcleo era el intercambio de información de seguridad y militar, así como el compromiso por parte turca de actuar de portavoz de Israel ante Estados Unidos y la OTAN.

Este pacto tuvo escasa duración, pues en torno a 1960 Ankara inició un acercamiento a la Unión Soviética y los países árabes de Oriente Próximo, hacia los que Turquía mantuvo una posición de apoyo, no muy enérgico, en su conflicto con Israel, tanto con ocasión de la nacionalización del canal de Suez y la guerra de los Seis Días como recibiendo a Yasir Arafat y autorizando la apertura de una oficina de la OLP en Ankara (1979). De hecho, desde la proclamación de la capitalidad de Jerusalén, Turquía disminuyó la actividad de su representación diplomática con Israel (1980-1985). Con todo, no cesó la cooperación militar, sobre todo desde el golpe de Estado de 1980. Es preciso tener en cuenta que los militares turcos, que se consideran depositarios del legado de Atatürk, son los principales valedores de las relaciones con Israel, sea por razones ideológicas –Israel está firmemente anclado en Occidente– como prácticas: el israelí es el primer Ejército de la región en los planos armamentístico, de cualificación profesional y de servicios de inteligencia.

La “alianza estratégica”

Esta relación se profundizó y adquirió nuevas dimensiones a partir del colapso de la Unión Soviética (1990). Para Turquía supuso un cambio de paradigma, pues si por una parte su posición estratégica como defensora del flanco sur de la OTAN había perdido buena parte de su valor, la disolución de la URSS abría nuevos terrenos a su actuación política y económica en dirección a las repúblicas ex soviéticas de los Balcanes y, sobre todo, las turcófonas de Asia Central. Ello significaba asimismo mejorar su capacidad militar para cubrir sus propios flancos: con Grecia, con la que mantenía un antiguo contencioso aún latente a pesar de los acuerdos de buena vecindad; con Chipre, con la presencia militar en la República Turca del Norte; y con Siria, que mantenía una política de apoyo al PKK kurdo.

Parcialmente liberada de las servidumbres de la guerra fría, Turquía estaba en condiciones de ejercer de potencia regional. Israel, por su parte, tenía mucho que ganar en su alianza con Turquía: la profundidad estratégica que le daba contar con el espacio aéreo turco para entrenamiento de su aviación y como corredor hacia Siria, Irán e Irak, un excelente mercado, especialmente para su industria militar, y un proveedor de materias primas. El instrumento de esta nueva situación fue la elevación al rango de embajadas de las representaciones diplomáticas en 1991. De ese modo, a partir de 1992 se prodigaron las visitas bilaterales de alto nivel: las de los presidentes israelíes Herzog (1992) y Weizmann (1994, 1996) y las del turco Demirel (1996, 1999), así como las de los primeros ministros Tansu Çiller (1994) y Barak (1999). Estas visitas hablan de unas relaciones de particular densidad, que quedaron plasmadas en una catarata de acuerdos, iniciados en 1992 con un protocolo de cooperación de defensa, precedente del Acuerdo Secreto de Seguridad de 1994, y de los más amplios y decisivos Acuerdos de Cooperación y Capacitación Militares de febrero de 1996 y Acuerdo de Cooperación de Industria Militar de agosto, así como un acuerdo de libre comercio a finales del mismo año, ratificado en los primeros meses de 1997. El seguimiento de estos instrumentos se realiza a través de encuentros bimestrales.

Estos acuerdos, que contaron con el beneplácito de Estados Unidos y con la crítica de los países árabes de la región e Irán, dieron lugar a una relación de interdependencia asimétrica que colocaba a Israel en mejores condiciones, como proveedor de tecnología militar para la modernización de las fuerzas armadas turcas (1) y de seguridad avanzada para la lucha contra el PKK (es sabido que agentes del Mossad actúan en el Kurdistán), con capacidad de entrenar en el uso de ambas y con la fuerza que le da su íntima alianza con Estados Unidos, que a través de Israel ha hecho llegar armamento moderno a Turquía, superando de ese modo las limitaciones parlamentarias debidas a la mala situación de los derechos humanos en el país euroasiático. En este sentido, son ilustrativas las declaraciones de un portavoz del Departamento de Estado de EE UU en mayo de 1997, de que era un “objetivo estratégico” de Estados Unidos que Turquía e Israel ampliaran sus relaciones políticas y su cooperación militar. Aun siendo las más relevantes, la cooperación militar no es la única: a ella debe unirse la política, que implica un apoyo mutuo. En ese sentido, Israel y el lobby judío de Estados Unidos, por ejemplo, impidieron en todos los foros posibles una condena de Turquía por el genocidio armenio, y Turquía ha actuado de interlocutor para Israel en distintas instancias internacionales, comenzando por la OTAN y haciendo un hueco al Estado sionista en la política regional a través de la Iniciativa de Cooperación de Estambul, promovida por la OTAN para mejorar el diálogo mediterráneo, especialmente en materia de seguridad. En el aspecto económico ha habido logros significativos: las transacciones comerciales entre ambos países han pasado de 2.000 millones de dólares en 2000 a 3.300 en 2008, el volumen más elevado de la región. Por otra parte, el capital israelí ha encontrado en Turquía una nueva tierra de promisión y, asociado al capital local, se ha embarcado en un ambicioso programa de conquista de los mercados centroasiáticos, con especial hincapié en el campo de la energía. Turquía es asimismo el destino predilecto del turismo israelí, con 700.000 visitas anuales.

Dos aspectos de esta colaboración destacan nítidamente: la búsqueda de Israel de nuevas fuentes de energía exteriores. El petróleo y el gas encontrarían un vehículo idóneo en los dos oleoductos, procedentes del Caspio y de Asia Central, que se dirigen al puerto turco de Cehyan y que podrían tener un ramal que llegara hasta Ashkelon (sur de Israel). La otra es el agua, bien escaso y controvertido en Israel (buena parte de los acuíferos se encuentran en los territorios ocupados). En 2004 se firmó un acuerdo por el que Turquía aportaría 50 millones de metros cúbicos de agua anuales durante veinte años.

Síntomas de desapego

A partir de finales de 2000, coincidiendo con la segunda Intifada, esta luna de miel en cierto modo contra natura empezó a mostrar síntomas de agotamiento: incluso los mismos militares comenzaron a mostrar su preocupación por el hecho de que el alto nivel de intercambio pudiera debilitar a Turquía en una situación de cambio de alianzas, por ejemplo, un acuerdo entre Israel y Siria. Este cambio, que ya detectó Arabic News, órgano de la Liga Árabe, en marzo de 2001, se plasma en la suspensión del acuerdo de modernización de los carros de combate turcos por parte de Israel, en visitas y maniobras conjuntas, así como en el aumento del tono de la prensa turca respecto a la violación por parte de Israel de los derechos humanos en Gaza y Cisjordania. Para los militares turcos, no se trataba tanto de una ruptura como de una “congelación” de las relaciones estratégicas entre ambos países. Lo cierto es que, según los politólogos Kessler y Kochlender, «el sector industrial militar israelí reconoce que las exportaciones a Turquía disminuyen… reemplazadas por otras de Estados Unidos y de Europa, especialmente italianas».

Las contradicciones se agudizaron a partir de la subida al poder del AKP postislamista. El AKP mantenía desde hacía tiempo buenas relaciones con Hamas, organización a la que defendió en instancias internacionales con el argumento nada complicado –para alguien que no sea un político occidental– de que Hamas era indispensable para avanzar en la paz en Oriente Próximo. Con todo, la política de Tayyip Erdogan no está pensada tanto “contra” Israel como a favor de estrechar los lazos con los árabes, lo que, no cabe duda, conlleva un alejamiento, siquiera retórico, de un Israel excesivamente prepotente. Este juego se manifestó en 2004: mientras se firmaba el acuerdo sobre el agua citado anteriormente, el Gobierno turco protestaba airadamente por el asesinato “selectivo” del dirigente de Hamas Ahmed Yasin en Gaza.

Con todo, no debe dejar de señalarse que durante estos años se produjo un acercamiento entre Turquía y diversos países árabes, como Siria, una vez resuelta la discrepancia sobre el PKK y encarrilado el asunto de los recursos hídricos; Egipto, con el que se ha firmado un acuerdo de libre cambio, y Arabia Saudí. Actualmente los hombres de negocios turcos están presentes en todas las áreas de las economías de la región, incluida Palestina: en 2005 se constituyó el llamado Foro de Ankara, que reúne a hombres de negocios turcos, israelíes y palestinos con el propósito de canalizar inversiones hacia zonas industriales instaladas en Gaza y Cisjordania. Esta proyección regional permitió a Turquía proponerse como mediadora entre Israel y Siria, una iniciativa que el Estado sionista aceptó de mala gana a pesar de su plausibilidad.

El invierno de Gaza: ¿un punto de inflexión?

El 17 de noviembre de 2008 se celebró la séptima reunión del Foro de Ankara en la capital turca. La ocasión estuvo revestida de particular solemnidad, pues el presidente israelí, Shimon Peretz, se dirigió al Parlamento turco; era el primer mandatario de ese país que lo hacía. En diciembre, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, era recibido calurosamemnte en Ankara. Pocos días más tarde de esta última visita, Israel lanzó sobre Gaza la operación Plomo Fundido, una invasión de la franja precedida de una meticulosa destrucción, no ya de la estructura militar, sino de todo el país. La brutalidad y el desprecio a las leyes de la guerra e incluso a la más elemental humanidad levantó un clamor universal de repulsa. Estas manifestaciones fueron particularmente masivas en Turquía, donde a la presencia en las calles se unieron tomas públicas de posición, ciberataques e incluso suspensiones de partidos de baloncesto.

La diplomacia turca se mostró muy activa en la búsqueda del fin de la agresión: se destacó a un alto funcionario en Israel mientras se multiplicaban los contactos con Egipto, Damasco e incluso la Conferencia Islámica, así como las presiones en las Naciones Unidas. Como primera medida, Ankara canceló su mediación con Damasco. El 29 de enero de 2009 se reunía el Foro de Davos. Durante él se produjo un violento choque dialéctico entre Shimon Peretz y Tayyip Erdogan, que abandonó la reunión. En la reacción de Erdogan se reflejan distintas circunstancias: el sincero horror ante lo que él mismo había calificado de «crimen contra la humanidad» y «salvajada», más cuando afectaba a una organización de algún modo «hermana»; el rechazo a una actitud discriminatoria hacia él por parte del moderador del encuentro, David Ignatius; la sensibilidad hacia la opinión pública de su país, y sobre todo la sensación de que los israelíes –hacía poco que se había celebrado la séptima sesión del Foro de Ankara y que Olmert había sido recibido con solemnidad en la capital turca– habían actuado sin prevenirlos de sus proyectos, menospreciando a los turcos y dando al traste con sus esfuerzos mediadores.

A partir de entonces se han producido una escalada de declaraciones y gestos que no han hecho sino enrarecer el ambiente, cuyo mejor exponente ha sido la suspensión por parte de Turquía de las maniobras Águila Anatolia, por la presencia, junto a Italia y Estados Unidos, de la aviación israelí, que debían celebrarse en septiembre de 2008. Por parte israelí se multiplicaron las declaraciones hostiles: cancelación de viajes turísticos a Turquía con ocasión de las vacaciones del Pésaj (segunda pascua), protestas oficiales por la proyección en Turquía de un filme en el que se veía a soldados israelíes matando a un niño palestino («se pretende dar la impresión de que los soldados israelíes asesinan a niños», afirmó hipócritamente el portavoz israelí). La situación llegó al extremo de que el Ministerio de Exteriores turco se vio obligado a pedir a los funcionarios israelíes que «actuaran con sentido común en sus declaraciones y actitudes».

Lampedusa en el Levante

Esta escalada, aún fundamentalmente verbal, ¿significa el preludio de un cambio en las relaciones entre Ankara y Tel Aviv? Sí y no: sí en cuanto que ha roto la unidad de acción entre ambas capitales de forma definitiva («Turquía [no] se privará de hablar duramente de los errores cuando se cometan», en palabras de Abdullah Gül, presidente de Turquía), hasta el punto de que el ministro turco de Exteriores, Ahmet Davutoglu, afirmó que las relaciones entre ambos países dependían del «cese de la tragedia humanitaria» en Gaza. Las recientes visitas de Erdogan a Irak, y sobre todo a Irán –donde llegó a acusar a Israel de querer «devastar» el país y afirmó que Ahmadineyah era un «pacifista»–, así como la normalización de las relaciones con Armenia, parecen sugerir una mayor autonomía en las opciones diplomáticas.

Por parte israelí, la nueva actitud de Turquía, más que producir una autocrítica por los errores propios, ha servido para definir una nueva actitud de Ankara. Así, el Jerusalem Post afirmaba el 14 de agosto: «Como Rusia con Putin, Turquía… ha escondido su rápida transformación desde una democracia imperfecta pero prooccidental bajo los anteriores Gobiernos hacia un régimen antioccidental y, en el caso de Turquía, islamista». Esta idea de un cambio en la política exterior turca aparece también en un reciente artículo del prestigioso ex director de Le Monde Jean-Marie Colombani, en el que habla de «deriva» para definirla. El diplomático Shlomo Ben-Ami sugiere en un artículo en El País (septiembre de 2008) que los «serios dilemas de identidad» de Turquía suponen para Israel que «su futuro en Oriente Medio no reside en alianzas estratégicas con las potencias no árabes de la región, sino en la reconciliación con el mundo árabe». Sin embargo, a pesar de ello y de la torpeza diplomática israelí (2), no han faltado por ambas partes las declaraciones apaciguadoras, que, en última instancia, reflejan los límites del enfrentamiento: Israel sabe que no puede ir más lejos («Turquía es muy importante para el entrenamiento de nuestra aviación en espacios abiertos», según el ex comandante de la fuera aérea israelí Ben Eliyahu); en ese sentido, Ehud Barak, ministro de Defensa del anterior Gobierno de Tel Aviv, afirmó: «A pesar de los altibajos, Turquía sigue siendo un elemento central en nuestra región. No podemos dejarnos llevar por declaraciones encendidas». Y el influyente ministro de Industria, Ben Eliécer, aseguró: «Tenemos un conjunto de intereses estratégicos comunes de gran importancia. Debemos actuar con gran sensibilidad para que no se materialicen los pronósticos más sombríos».

Ankara, en cambio, ha optado por un tono más firme, lo que pone de manifiesto un mayor equilibrio en la relación de fuerzas entre ambos: «Turquía es el único país amigo de Israel en la región… Por ello se debe dar mucha importancia a que el Estado judío busque el apoyo de Ankara para sus políticas regionales» (el politólogo Erçan Citioglu en declaraciones a al-Yazira). Según el ministro de Exteriores, Davotuglu, «tenemos la esperanza de que mejore la situación en Gaza y que eso cree un nuevo ambiente para las relaciones turco-israelíes» (Hurriyet, 13 de octubre de 2008).

Conclusión: entre el republicanismo y el “neootomanismo”

Muchos observadores de la política exterior turca han hablado de una supuesta tensión en las relaciones exteriores turcas entre el republicanismo –anclaje firme en Occidente, desdén por la política regional– y el neootomanismo, o tendencia a convertirse en protagonista de la política próximo oriental, como había sucedido en el pasado. Los garantes de la primera opción serían los militares y el aparato del Estado; los de la segunda, los islamistas –tanto en la etapa de Erbakan, bruscamente interrumpida por los militares, como en la del AKP– y los proislamistas de Gobiernos anteriores.

Desde mi punto de vista, se trata de un falso debate: ni los militares han dejado de apoyar una menor interdependencia con Israel, por ejemplo, ni los islamistas han abandonado el eje fundamental de su política exterior: el ingreso en la Unión Europea y la OTAN; de algún modo, la nueva política exterior en relación con Oriente Próximo es una forma de hacer valer su nuevo papel estratégico ante sus aliados occidentales; los islamistas, por otra parte, son lo suficientemente conscientes de la profundidad de las relaciones turco-israelíes como para causarles un daño irreparable. Además, una excesiva dureza con Israel pondría en cuestión su papel mediador, por mucho que le mereciera simpatías entre la opinión árabe. El nuevo Gobierno israelí ¿puede ahondar las actuales diferencias? No es fácil saberlo, teniendo en cuenta la escasa sutileza de su diplomacia. Sin embargo, es de suponer que terminará imponiéndose la cordura: en estos momentos, Israel es importante para Turquía. Pero sin duda Turquía lo es mucho más para Israel.

Notas:

(1) Turquía gastará 150.000 millones de dólares hasta 2020 en la modernización de su ejército. Una parte importante de este dinero está destinada a Israel: modernización de los aviones F-4, F-5 y F-16, así como de los carros M-60; producción conjunta de misiles de medio alcance (Arrow y Delilah) y compra de otros (Popeye I), adquisición de 150 helicópteros estadounidenses (que se llevaría a cabo por intermediación israelí).

(2) La rudeza de la diplomacia israelí, consecuencia en parte de su carácter militante, en parte del complejo de superioridad moral característico del sionismo, es proverbial. El episodio turco no es único: los desplantes a políticos extranjeros que no son de su agrado –como sucedió con el enviado de la Unión Europea, Miguel Ángel Moratinos–; la sistemática denuncia de cualquier actitud, real o supuesta, de antisemitismo; la altanería con la que se dirige a las autoridades de los países huéspedes en estos casos (el Gobierno español y el catalán la han padecido con ocasión de los bombardeos de Gaza); la agresividad de las comunicaciones con la prensa internacional… la hacen antipática. Sorprende por ello la debilidad de las respuestas, que no hace sino retroalimentar esos comportamientos.

Fuente: http://www.nodo50.org/csca/agenda09/misc/arti63.html


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